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La Xunta abre expediente a los Franco por el pazo de Meirás

El Ayuntamiento de Sada (A Coruña) denuncia que muchos turistas se lo encuentran cerrado a cal y canto los días que el BIC tiene que abrir al público por ley

Una visitante fotografía el pazo de Meirás (siglo XVIII) en julio de 2011.

“Anclado” en la convicción de que el pazo de Meirás “es del pueblo y va a regresar a sus manos”, el gobierno del municipio coruñés de Sada (Sadamaioría, PSOE y BNG) ha logrado, de momento, un “cambio de actitud” de la Xunta del PP, hasta ahora, según el tripartito local, más condescendiente con el disfrute en exclusiva de la mansión por parte de los herederos del dictador Francisco Franco. La Dirección de Patrimonio, dependiente de la Consejería de Cultura, ha abierto una investigación para comprobar si la familia está incumpliendo su obligación de abrir el pazo al público todos los viernes del año, según dicta la ley al tratarse de un conjunto que fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural) cuando gobernaban Galicia PSdeG y Bloque, frente a un reticente Alberto Núñez Feijóo en la oposición.

El expediente abierto sigue su curso y, de momento, la Administración gallega ha pedido informes tanto al denunciante, el Ayuntamiento de Sada, donde se encuentra Meirás, como a la denunciada, Carmen Franco y familia. Un portavoz oficial de la consejería asegura que todos han respondido ya, pero se niega a desvelar los argumentos que aporta el representante legal de los Franco. Tampoco adelanta si al final habrá una multa: “No podemos hablar de sanciones sin saber si existe infracción”, zanja escuetamente. La ley, sin embargo, contempla multas de hasta 60.000 euros para denuncias parecidas a esta.

Según Xosé Lois Suárez Becerra, concejal de Turismo de Sada por el BNG, el Ayuntamiento recibe “muchísimas quejas verbales” de turistas que “no solo una, sino varias veces”, han intentado visitar el monumento una vez formalizada la reserva y al llegar se han encontrado la puerta cerrada, sin nadie que les atendiese. Los comentarios de gente que viene a Sada desde lugares de España muy alejados solo para visitar Meirás “son demoledores” para la imagen del municipio; “dicen que no vuelven aquí más, se me cae la cara de vergüenza”, se queja el edil, que piensa que “bien gestionado para uso y disfrute público, el pazo podría generar una riqueza brutal”.

Solo en la Oficina de Turismo, han registrado en poco tiempo “más de 70 quejas” de gente que no pudo pasar cuando había concertado la visita, y además, “este agosto y el anterior no se abrió” el pazo al público. Ese es el mes en el que acostumbran dejarse caer por la imponente residencia los Martínez-Bordiú y demás parentela de la hija del generalísimo.

“La soberbia de los Franco es inmensa, se consideran por encima del bien y del mal”, protesta el nacionalista: “Arrastramos esta lucha generación tras generación, el asunto debería ser tratado con más responsabilidad y contundencia por parte de las Administraciones”. “En Alemania no hay propiedades de los Hitler, y los Mussolini no tienen nada en Italia… Pero los Franco dominan un patrimonio descomunal. Quieren tener el pazo cerrado para 12 días al año que lo pisan, se niegan a reconocer que es del pueblo de Sada”. Las torres de Meirás, que habían sido residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán, fueron un regalo al dictador fascista, fruto de una cuestación forzada en la que unos vecinos fueron expropiados y otros tuvieron que comprar bonos o ver, sin poder rechistar, cómo se les descontaba dinero de sus nóminas para sufragar la mansión.

La familia Franco siempre fue reacia a abrir Meirás tal y como la obliga la ley. Pasaron tres años desde que el pazo fue declarado BIC (por empeño de las asociaciones por la memoria y del Bloque) y se pusieron en marcha los itinerarios guiados. Para conseguirlo, la Xunta, ya en tiempos de Feijóo, tuvo que firmar y luego renovar un convenio por el que se comprometía a costear con dinero público los gastos de seguridad y recepción. La consejería reconoce que “entre 2011 y 2012” abonó para garantizarle a los herederos la seguridad unos 40.000 euros, pero recuerda que ese acuerdo se extinguió.

Para visitar el BIC hay que hacer una reserva facilitando el nombre y el DNI de todas las personas que formen el grupo. Se hace a través de un correo electrónico o de un teléfono móvil que se encuentra sin problema en internet. Este periódico llamó el viernes pasado (es decir, ya con el expediente informativo abierto) y obtuvo respuesta a la primera. Según la mujer que atiende el teléfono, los jardines y determinados aposentos del pazo (hay importantes zonas vetadas) se pueden ver a las 11, 12.30, 15 y 16.30 horas en grupos de 15 personas como máximo, y hay disponibles "cuatro plazas para el viernes que viene".

Según el concejal de Turismo de Sada, lograr que atiendan en ese número es una proeza porque “el 95% de las veces, no está operativo”. “Esta situación se agudizó en el último año y medio”, asegura, “y además, aunque uno logre hacer la reserva, lo más probable es que luego se tope aquello cerrado. Y, si no, que los Franco demuestren lo contrario”.

El representante del Gobierno local se opone a una hipotética expropiación (para la que el Ayuntamiento tampoco tiene dinero) porque, tal y como defiende, “es innecesario” y además no se puede expropiar lo que no tiene dueño. “¿De quién es realmente Meirás?”, se pregunta, “del Estado, de la Xunta, de los Franco, de los Pardo Bazán?”. Ni Franco compró el pazo ni, según recuerda el concejal, la familia “sacó jamás un documento incontestable de propiedad”. Pero su partido está “determinado a recuperarlo para el pueblo y hacerlo turística y culturalmente rentable para Sada”, siempre “respetando la ley”, y planteándose como “principal medida” lograr que los Franco “se sienten a hablar”. De momento, el nuevo gobierno municipal ultima la aprobación del plan general de ordenación después de décadas de parálisis. Reserva para el polémico recinto histórico un plan especial de protección patrimonial que blinda el tipo de calificación de este suelo que pisó el dictador después que la escritora, y deja el campo abonado para que, algún día, “Meirás sea para todos”.