La mirada perdida de la Infanta

Cristina de Borbón echó mano de las enseñanzas recibidas para los actos oficiales

La infanta Cristina, durante su declaración. EFE

Cristina de Borbón está educada desde pequeña para saber comportarse en público. Lo ha hecho a la perfección en los cientos de actos oficiales en los que ha representado a la Casa del Rey. En el momento más duro de su vida, cuando tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados para declarar por su vinculación en el caso Nóos, estas enseñanzas la ayudaron a mantener la compostura. Pero los ojos la delataron. La Infanta respondió a las preguntas con la mirada perdida y los nervios del momento se reflejaron en un constante parpadeo, convertido casi en un tic. La voz tampoco fue la suya habitual. Ella, como todos los Borbón, posee un tono fuerte que ayer se convirtió en algunos momentos en apenas audible.

Es la Infanta una mujer de mucho carácter, famosa por su cabezonería, obstinada hasta tal punto que se convierte en incómoda para quienes la rodean. Se presentó, en cambio, como una mujer apocada, confiada en todo lo que hacía su marido, dedicada, sobre todo, al cuidado de sus hijos e ignorante de todo lo que tuviera que ver con la economía familiar. Y eso que ella siempre ha presumido de ser la primera de su familia en obtener un título universitario.

Su astucia, sin embargo, quedó patente a la hora de responder a las preguntas de su abogado, un interrogatorio bien trabajado y asesorado por expertos en imagen. Si algo ha tenido tiempo Cristina de Borbón ha sido en prepararse para este momento de exposición pública. Como ocurre desde el día en que comenzó el juicio, se presentó vestida con tonos neutros: chaqueta negra, camisa blanca y solo una concesión al color en sus pantalones beiges. Y también como desde el primer día con una botella de agua en la mano para poder pasar el trago lo mejor posible.

La voz se le quebró más de una vez cuando tuvo que referirse a la Casa del Rey y dio un respingo cuando la abogada de la acusación del sindicato Manos Limpias nombró a su madre, la reina Sofía, su incondicional apoyo durante su particular exilio.

Cristina de Borbón no quiso responder a ninguna pregunta que no viniera de su abogado, pero en ello llevó su penitencia. La abogada de Manos Limpias no por ello renunció a su derecho y lanzó una batería de interrogaciones llenas de dardos que sonaron una tras otra como una ametralladora. Fue en ese momento cuando la mirada de la Infanta se perdió aún más. Su marido, en el que confía y cree inocente, la observó por la pantalla de plasma como si aquello fuera una pesadilla.

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