La defensa de Porto y Basterra agita las incógnitas del crimen de Asunta

Los abogados censuran la investigación y la "aberración jurídica" del veredicto y el fiscal sostiene que la condena está "fundamentada"

Los padres de Asunta, este martes durante la vista de su recurso. FOTO:ÓSCAR CORRAL / VÍDEO: ATLAS

Las defensas de los padres de Asunta, condenados a 18 años de cárcel por el asesinato de su hija de 11 años, han exprimido este martes las incógnitas que aún sobrevuelan el crimen que sacudió Santiago de Compostela en septiembre de 2013. Durante una larga vista judicial en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en la que han expuesto sus recursos contra la sentencia, los abogados de Rosario Porto y Alfonso Basterra han intentado convencer a los magistrados de la ausencia de pruebas de cargo que demuestren que la pareja diseñó y ejecutó un plan para drogar a la niña durante meses y acabar asfixiándola finalmente en el chalé familiar. El fiscal, por contra, ha defendido el “fundamentado” veredicto del jurado popular y ha esgrimido que el crimen de la pequeña es uno de esos casos en los que “se exige un esfuerzo inductivo y valorativo" que conduce a “juntar pequeños indicios”.

El letrado de la madre de Asunta, José Luis Gutiérrez Aranguren, sostiene que Porto llegó al juicio con la presunción de inocencia “destruida” y fue condenada por ”presunción de culpabilidad”, sin que se expusieran “pruebas sólidas” contra ella, “solo especulaciones y suposiciones”. Aranguren, que pide la absolución de Porto, ha planteado varios interrogantes ante el tribunal. ¿Cómo trasladó la frágil Rosario Porto el cadáver de su hija desde el coche hasta la pista forestal donde fue hallado? ¿Cómo podían estar limpias de ADN las cuerdas con las que fue atada la niña? Si el cuerpo de la pequeña ya estaba en el camino cuando los padres acudieron a la comisaría a denunciar su desaparición, ¿por qué los transeúntes que por allí pasaron no lo vieron? ¿Es lógico que una abogada de profesión se incriminara de forma tan torpe enviando a la menor “drogada al colegio” con el mismo fármaco que sería detectado irremediablemente en su cadáver?

El letrado de Porto ha aprovechado su intervención en la vista para criticar la investigación por “desechar” las pistas que no incriminaban a Porto y descartar otras líneas “más fundamentadas”. El abogado sostiene que las pesquisas se guiaron por una “dinámica de ocultación” de “aspectos positivos” para las tesis de la defensa que demostraban además la “imposibilidad del crimen” por parte de la madre de Asunta.

Aranguren ha esgrimido que la causa cayó en manos de un fiscal “proclive a seguir las tesis injustificadas e indocumentadas” del juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, y se ha preguntado también por qué este magistrado permitió la incineración del cuerpo de la pequeña si desde el principio centró sus sospechas en los padres, una decisión que impidió “indagar más” en las causas de la muerte de la cría. El veredicto del jurado, ha añadido, contenía una "aberración jurídica” al suponer que Basterra viajó en el coche de Porto a la escena del crimen porque las imágenes de las cámaras callejeras no permitieron demostrar lo contrario.

Aranguren considera “absurdo” que si Porto llevaba el cadáver de su hija en el coche al salir del chalé de Teo donde la sentencia dice que la mató, se parase varios minutos con unos vecinos a charlar y “los perros que acompañaban a esta familia no reaccionasen”. En la alfombrilla del vehículo, ha añadido, tampoco se halló tierra procedente de la pista donde fue depositado el cadáver de Asunta. Las sombras sobre el móvil del crimen también han sido señaladas por el letrado: “Nadie mata por nada y menos a una hija”.

El fiscal del alto tribunal gallego ha defendido el veredicto de culpabilidad de los padres de Asunta y ha atribuido a la “teoría de la conspiración” las críticas de la defensa de Porto a la instrucción del caso y la posterior condena en juicio. “No he visto nunca un veredicto tan fundamentado en extensión y minuciosidad”, ha afirmado el representante del ministerio público, quien ha enmarcado el crimen de Asunta entre esos casos en los que, ha explicado, “se exige un esfuerzo inductivo y valorativo”, en el que “hay que juntar pequeños indicios”, un puzle con muchas piezas que debe ser encajado.

El fiscal ha citado jurisprudencia para dar por bueno que un tribunal “infiera razonablemente la culpabilidad” y, por ejemplo, ha asegurado que tener en cuenta la imposibilidad de demostrar que las cuerdas del cadáver de la niña y las halladas en el chalé de su madre pertenecieran a la misma bobina sería como no condenar a un acusado de apuñalamiento solo porque no se haya encontrado el cuchillo.

“Las piezas de este puzle no casan si no conseguimos darle una motivación”, ha replicado al fiscal la abogada de Basterra, Belén Hospido, en su turno de apelación. La letrada ha argumentado que las pruebas “indiciarias” en las que se basa la condena por asesinato “fallan”. Hospido sostiene que la ingesta de lorazepam detectada en el organismo de la niña se remonta a agosto de 2013, el mes anterior al crimen que Asunta no pasó con sus padres. Los episodios de somnolencia que sufrió la cría y que fueron relatados por sus profesores sí se produjeron en momentos en los que residía con sus progenitores pero, ha esgrimido, las reacciones descritas por los testigos “son compatibles” con el consumo de antihistamínicos por una supuesta alergia. Las compras continuadas de fármacos con lorazepam realizadas por Basterra están, según Hospido, “justificadas” por las necesidades médicas de Porto.

Hospido ha repasado lo afirmado por los expertos en el juicio para sostener que el lorazepam presente en el cadáver no pudo ser tomado por la niña al mediodía del día que murió, cuando comió en casa de su padre. La defensa de Basterra se ha preguntado cómo, ocurriendo la muerte avanzada la tarde de aquel 21 de septiembre, pudo detectarse en su organismo una cantidad tan alta del fármaco ingerido durante la comida. Y ha incidido en el hecho de que las cámaras de la calle captaron a Asunta después de comer caminando sola con aparente normalidad. “¿Le dieron [sus padres] esa cantidad de medicamento para matarla luego y la dejaron salir sola de casa para que se cayera o se encontrase a alguien a quien contárselo?”, ha cuestionado la abogada.

Hospido ha exprimido uno de los puntos más delicados de la condena al padre de Asunta: cómo se desplazó Basterra desde su domicilio del centro de Santiago al chalé donde falleció la pequeña para participar en su asesinato. La abogada sostiene que es imposible que el periodista, que ha sostenido siempre que pasó la tarde en la que murió su hija sin salir de su domicilio, evitara ser grabado en la calle por las diversas cámaras de los locales comerciales. La sentencia condenatoria considera que Basterra viajaba en los asientos traseros del vehículo conducido por su exesposa junto a Asunta, aunque reconoce que no se pueda apreciar en las imágenes. “La condena carece de toda base razonable”, ha concluido Hospido, quien reclama la absolución de su cliente.

Tanto Porto como Basterra han eludido hacer uso de la palabra al término de la sesión.

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