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Dos de cada diez hombres admiten que han pagado a prostitutas

Las víctimas de trata llegan a España desde países en vía de desarrollo

Dos de cada diez hombres admiten que han pagado los servicios de una prostituta, según un estudio elaborado por la Universidad Pontificia de Comillas y publicado este viernes por el Ministerio de Sanidad. "Pero esos son solo una parte, porque muchos no lo reconocen. Aunque, eso sí, podemos concluir que una mayoría no recurre a esta práctica", detalla Carmen Meneses, una de las investigadoras que ha participado en este informe, titulado Apoyando a las Víctimas de Trata y confeccionado con las respuestas de 1.600 españoles.

"Nos ha sorprendido que muchos jóvenes recurren a la prostitución. Y nos ha llamado la atención porque las relaciones sexuales no son ahora como hace 40 años", ha apostillado Meneses sobre un estudio que aún continúa activo —durante los próximos meses se trabajará sobre el perfil de los clientes— y que revela que un 90% de los hombres ha oído hablar de la trata con fines de explotación sexual.

"Los hombres [que pagan por estos servicios] consideran que no se van a encontrar con esas situaciones, ya que están acostumbrados a que las mujeres solo les sonrían y no les cuenten nada", destaca el estudio. "Por eso, los datos nos ayudan a acercarnos a estos clientes. Porque el arma principal para combatir la trata es concienciarlos a ellos", remacha la investigadora.

El informe también denuncia la escasez de recursos para combatir este problema, así como la complicada coordinación entre instituciones. Los investigadores han detallado que tan solo se cuenta con las prestaciones "básicas" para asistir a las víctimas de la trata y que faltan, por ejemplos, centros especializados para atender a las que, debido a su cautiverio, han caído en las drogas. "Es cierto que se está haciendo mucho y bien, pero aún falta mucho camino por recorrer", sentencia Meneses.

El perfil de la víctima

Los investigadores han trazado un perfil de las víctimas de explotación sexual: mujeres y niñas extranjeras, procedentes principalmente de países en vías de desarrollo de Europa del Este —en su mayoría, de Rumanía—, del África subsahariana y de América central y Sudamérica. "También existe un sector de mujeres muy oculto, llegadas de Asia", recalcan los autores del informe, que detallan cómo los captadores las someten mediante el engaño, como el vudú, y la deuda económica que les exigen por introducirlas en España. Esta oscila de los 6.000 a los 80.000 euros. "Si la víctima se rebela contra su destino, ejercer la prostitución, será maltratada y violada por los tratantes hasta doblegarla, si no lo habían hecho ya antes de su llegada".

Las subsaharianas ejercen la prostitución, mayoritariamente, en la calle. Las mujeres llegadas desde Europa del Este o América son explotadas, en cambio, en clubes de alterne y pisos. "Aunque también hay una presencia importante de rumanas en la calle", recalcan los autores del estudio, que ahonda en cómo se producen los abusos. Los captores, sobre todo en los locales, trasladan recurrentemente a las víctimas de un establecimiento a otro con el objetivo de que estas no establezcan lazos con la comunidad para pedir ayuda. "Y, también, porque el mercado del sexo exige variedad", concluye el informe. La cruda realidad.