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Tensión entre gitanos en el juicio por una muerte machista

Los parientes del acusado fueron empujados a huir para "evitar baños de sangre"

José Luis Cortiñas durante el juicio este martes. EFE

Mucha tensión, gritos y un furgón de presos zarandeado, a pesar de las medidas de máxima seguridad desplegadas en la Audiencia Provincial de Pontevedra, donde este martes ha empezado el juicio por el crimen de Lupe Jiménez hace dos años. La muerte de la mujer gitana a manos de su marido empujó al destierro a todos los integrantes de la etnia, estigmatizados con el apellido del presunto asesino, José Luis Cortiñas. Por primera vez, un consejo racial —cuya imagen pública era el conocido como príncipe Sinaí Giménez, que optó a la alcaldía de Vigo en las pasadas elecciones— lanzó una advertencia a la familia Cortiñas a través de un comunicado de prensa. En nombre de una ley gitana no escrita, y para "evitar baños de sangre", invitaba a los parientes del arrestado a poner pies en polvorosa. El juicio se prolongará hasta el miércoles, aunque después tendrá que deliberar el jurado.

El acusado de asestar 12 heridas a su esposa, dos de ellas mortales, ha declarado ante el tribunal, que le juzga por los delitos de asesinato y aborto, que la mató en defensa propia. "Un arrebato", ha dicho, "después de que ella intentara agredirme con un destornillador".

El acusado, que además ha negado que supiese que su mujer esperaba el séptimo hijo y que se encontraba en su quinta semana de gestación, ha tratado de desmontar la versión del ministerio fiscal que pide para él la pena máxima, 20 años. Según Cortiñas, el supuesto móvil del "arrebato" fue el hecho de que su mujer le confesara que el hijo que esperaba era de otro hombre.

Una estrategia de la defensa de Cortiñas que no ha sorprendido a la familia de la víctima, ya que su abogado había comunicado previamente que iba a confesar los hechos. Aunque con lo que no contaban ni la acusación particular ni el fiscal es que intentaran plantear el crimen como un homicidio y no como un asesinato, alegando una respuesta criminal del acusado a la agresión inicial de la víctima.

Sin respuestas

El presunto homicida no ha podido contestar a todo el interrogatorio porque ha dicho que tenía muchas lagunas en su memoria y que no recordaba más detalles de lo ocurrido. "Hay muchas cosas de ese día que no puedo recordar", ha declarado.

El cuerpo de la víctima apareció días después de que su familia denunciase su desaparición, en medio de unos matorrales, cerca del aeropuerto de Lavacolla, en Santiago, y a más de 90 kilómetros de la casa paterna de la víctima en Vilaboa (Pontevedra), donde se había refugiado los últimos días. Su marido la había ido a recoger para dar una vuelta y Lupe se subió al coche, aunque a regañadientes.

La vista oral ha arrancado ante un enorme dispositivo policial que rodeaba el edificio de la Audiencia de Pontevedra y que había solicitado el propio tribunal de la Sección Cuarta para evitar posibles enfrentamientos entre familias. Pero la del acusado finalmente no ha acudido.

Solo la llegada del furgón que conducía al detenido ha desatado la furia de un grupo de mujeres que han gritado "asesino" y golpeado el vehículo; entre ellas se encontraba la hija mayor de la víctima, que incluso ha sufrido un desvanecimiento en la calle. "Nos ha destrozado la vida y pido que pague por lo que hizo, si es posible la cadena perpetua", ha dicho sobre su padre.

Tras el crimen, del que se cumplen dos años, el Consejo Gitano de Galicia había ordenado el destierro de todos los familiares del reo que vivían en las provincias de Lugo, Pontevedra y A Coruña "para evitar baños de sangre".

"Una sentencia ejemplar"

El presidente de la Sociedad Gitana de Galicia, Sinaí Giménez, que ha acudido a presenciar el juicio, ha dicho que espera "una sentencia ejemplar". El representante del mayor colectivo gitano de la provincia ha resaltado el hecho de que este crimen no hubiese terminado en venganza. "Estamos satisfechos porque hemos llegado al juicio payo sin que se haya celebrado el gitano, como ha ocurrido en tantas ocasiones", ha comentado en los preámbulos de la vista oral.

Según Giménez, "el juicio se celebra sin derramamientos de sangre gracias a la intervención de nuestro consejo de ancianos que ha podido evitar el ojo por ojo y queremos que ahora sea la justicia la que pronuncie su veredicto", ha añadido.

El inicio de la vista pública se ha retrasado hasta que el tribunal concluyó el proceso de selección de las 11 personas (nueve titulares y dos suplentes) que forman parte del jurado popular que emitirá un veredicto sobre la culpabilidad o no del acusado de un caso de violencia de género. La Audiencia ha fijado inicialmente dos jornadas de juicio que continuará mañana con testigos y pruebas forenses, aunque las sesiones se prolongarán el tiempo que requiera el jurado para emitir un veredicto.