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Rita Maestre: “Es la primera vez en mi vida que experimento tensión”

La portavoz del Ayuntamiento de Madrid explica cómo afronta el juicio por participar en una protesta en la capilla de la Complutense

La portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre. claudio álvarez

La luz gris teatral del frío entra por los ventanales del despacho de Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid. Hay una desmesura espacial en estas instalaciones que sustituyeron a las más galdosianas de la Plaza de la Villa. La concejala Maestre, joven y juvenil, se muestra cercana, tanto que no quiere o no puede disimular el nerviosismo con el que afronta el juicio al que asistirá este jueves, acusada de haber herido sentimientos religiosos al irrumpir hace cuatro años en la capilla de la complutense con otras tantas activistas universitarias. Me da por pensar que si alguien nos viera sin conocer nuestras identidades, pensaría que ella es la entrevistadora y yo la entrevistada. Otra generación ha irrumpido en las instituciones y el encaje de ese relevo, como suele ocurrir, no está siendo fácil.

Educada y con voluntad de hacerse entender, Maestre cuenta lo que fue y lo que colea de un incidente del que la prensa ha sacado ya un jugoso provecho.

“Tenía 21 años. La querella la pusieron Manos Limpias, Alternativa Española, y el centro Tomás Moro (de orientación conservadora cristiana). En la semana en torno al 8 de marzo se prepararon distintos actos desde el grupo activista en el que yo participaba, Contra Poder, pero da la casualidad de que en este caso en concreto yo no andaba en la organización. En Contra Poder preparábamos charlas y nos manifestábamos contra el Plan Bolonia. Antes de la facultad yo no había sentido inquietudes políticas, pero al respirar aquel ambiente en ebullición me sentí seducida de inmediato.

Una movida preparada

Aquella mañana llegué a clase y me encontré con que se había preparado una movida. Me pareció que la protesta tenía sentido y me uní. Fuimos marchando por el campus y finalmente entramos en la capilla de la Complutense. Allí se gritaron consignas en contra de la intromisión de la Iglesia en las instituciones públicas. Yo me limité a mirar y a flipar con lo que ocurría. Tras la querella, me fueron a detener a casa. Eran las 9 de la mañana. Mis padres ya se habían ido a trabajar y no volví a hablar con ellos hasta que salí de comisaría. Estaban en shock. Ellos sabían de mi activismo. No les parecía mal. Son progresistas pero nunca fueron militantes, eran el prototipo de votantes del PSOE (ahora apoyan a Podemos).

Cuando llamó la policía al telefonillo intuí que venían a por mí, había cierto revuelo con el tema y las mujeres del grupo estábamos paranoicas. Antes de abrir la puerta yo ya estaba vestida. Tras la experiencia en comisaría, que no fue especialmente desagradable, salvo por el hecho de estar detenida, no pensé jamás en abandonar el activismo. Siempre he deseado aportar mi granito de arena, algo que aún siendo pequeño pueda mejorar el mundo.

Esto del juicio es extraño, lo he pensado muchas veces: estoy viviendo esta experiencia como si fuera la protagonista de algo que no me corresponde. Hay cosas en las que una se deja la piel pero no fue este el caso. ¿Por qué yo entonces? Claramente, hubo una decisión política por parte de la gente que nos acusaba. Y es que yo ya era conocida en la facultad. De hecho, el capellán de la Complutense iba a clase de Políticas conmigo. Era muy conservador, discutíamos mucho. Pero él me agradecía que yo fuera la única que le saludaba por los pasillos. Natural: éramos compañeros de clase. Creo que hubo una voluntad de que la acusación se centrara en mí. Ahora, pasado el tiempo, lo veo como un capítulo de mi vida que me agota. ¿Qué puede pasar? Que me condenen. Me piden un año de cárcel. No lo cumpliría, pero me dejarían con antecedentes penales.

Intuyo que esto despertará expectación, claro. Viendo el interés que han generado asuntos secundarios del Ayuntamiento es posible que este juicio adquiera una repercusión desproporcionada. Honestamente, no se puede comparar una acción reinvindicativa con los casos de corrupción que ahora hay sobre la mesa.

El fiscal pide un año para Maestre

Rita Maestre Suárez (Ahora Madrid), actual portavoz del Ayuntamiento de Madrid, se sentará pasado mañana en el banquillo del juzgado de lo penal número 6 de la capital acusada de un supuesto delito contra los sentimientos religiosos. El fiscal pide para ella —y para Héctor Meleiro— un año de prisión. La fiscalía considera que Maestre, guiada “por el ánimo de ofender los sentimientos religiosos (...), sobre todo del colectivo católico”, irrumpió el 10 de marzo de 2011 en la capilla del campus universitario de Somosaguas (Madrid) mientras había personas orando, portando imágenes del papa con una cruz esvástica. Allí, según el fiscal, invadió el altar y, junto a otras personas no identificadas, Maestre se desnudó “de cintura para arriba” mientras junto al resto de participantes en los hechos —que fueron grabados en vídeo— gritaba lemas como “contra el Vaticano poder clitoriano” o “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios”. También leyeron pasajes de la Biblia, así como citas de santos y obispos.

Iré con mis amigas y con mi familia. Necesito mucho calor porque seguro que me pondré nerviosa. Siento esa furia mediática que no respeta el hecho de que nosotros estamos aquí porque una mayoría (entre Ahora Madrid y el PSOE) lo ha querido; se diría que hemos llegado de otro planeta con el único fin de aterrorizar a la ciudadanía. Y mira, no. Nos han elegido para que hagamos cosas distintas y en el catálogo de cosas distintas no está el traje de los Reyes Magos, aunque al final nos obliguen a malgastar el tiempo en eso. Se podría hablar, por ejemplo, de que la empresa pública ha dejado de vender casas con personas dentro a los fondos buitres, pero estas cosas, que son esenciales, pasan inadvertidas. A nuestros adversarios les interesa más difundir la idea de que queremos quitarle la plaza a Dalí.

Soy más conocida de lo que suele ser una portavoz. Eso es así. Se debe a que tenemos muchos focos encima, también a mi juventud y al hecho de ser mujer, claro, y defender maneras menos agresivas en el debate político. Nos gustaría, lo hemos hablado muchas veces con Carmena, hacer un cambio estructural en ese sentido, y sabemos el rechazo que eso provoca. Ha habido crónicas en las que de mí se destacaba exclusivamente que se me veía el tirante del sujetador. Yo espero que todo esto no me endurezca, aunque reconozco que esta es la primera vez en mi vida en que experimento tensión.

¿Que qué le diría al juez? Le diría que sigo pensando que aquella reivindicación tenía sentido, pero que si he ofendido a alguien, lo lamento mucho. Me he criado en una familia católica, no tengo nada en contra de esa religión. Y lo que más deseo es que esto acabe. Hace tanto tiempo de aquello…”.

Cierto, hace mucho, cuatro años para alguien de 26 es toda una vida. Tantos como para haber aprendido a pedir disculpas. Tantos como para que Esperanza Aguirre, que siempre pidió su dimisión, haya presentado la suya como presidenta del PP de Madrid.

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