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Los portavoces del PP piden a Rajoy que rompa ya con la corrupción

Los nuevos vicesecretarios nombrados para cubrir las lagunas televisivas se sienten amortizados y acosados por los escándalos

Los mediáticos portavoces nacionales del PP que Mariano Rajoy nombró el 18 de junio pasado, tras el batacazo electoral, están asqueados de tener que responder cada día a un reguero de preguntas y escándalos de corrupción en su partido. Quieren ser mucho más contundentes y romper drásticamente con el pasado para salvar al PP y al propio Rajoy pero notan muchos frenos internos. Van a plantearle hoy mismo al líder el debate para que aclare cuáles son los límites.

La escasa reacción de Rajoy y su equipo ante la corrupción generalizada en distintas organizaciones territoriales del PP lo está sepultando todo. Desde las opciones reales de Mariano Rajoy de poder pactar con otro partido la formación de un Gobierno para España, también el bloqueo para surjan nuevos líderes o apuestas de futuro para poder pensar con garantías en un relevo fiable de toda la cúpula actual del poder popular y hasta la posibilidad interna de regenerar esas estructuras manchadas por los escándalos.

Los más perjudicados por esa falta de contundencia en el PP y el Gobierno ante la corrupción son los cuatro nuevos dirigentes y vicesecretarios televisivos nominados por el propio Rajoy el pasado verano cuando aseguró haber entendido el mensaje que le mandaron las urnas tras los sucesivos fracasos electorales de la pasada primavera. Lo peor ocurrió con la sangría de la pérdida de poder local, en comunidades autonómas y ayuntamientos. Rajoy reunió aquel 18 de junio a su directiva, obvió a Dolores de Cospedal al frente de la secretaría general (que sigue sin ejercer sus funciones al menos públicamente) y fulminó a Carlos Floriano, que hasta entonces cubría todos los agujeros como vicesecretario de Organización y portavoz oficioso ante la ausencia de todos los demás.

Rajoy entendió al fin que tenían razón los que llevaban un año alertándole de que el PP no podía estar más tiempo ajeno a los platós y las tertulias donde se juega ahora la dominación del mensaje político. Pidió consejo y le buscaron voluntarios para cubrir esa laguna. Los refrendó casi sin conocerlos. Nominó a Pablo Casado portavoz oficial (35 años), a Javier Maroto (43) para nutrir la agenda y el alma social del partido, a Andrea Levy (31) para el área de estudios, programas y mujer moderna sin complejos y a Fernando Martínez Maillo (46) para regular el aparato orgánico. Y salieron todos en tromba a inundar con el nuevo argumentario los micrófonos de todas las cadenas de radio y televisión. El plan funcionó un tiempo, no mucho.

Los nuevos portavoces del PP eran más modernos, jóvenes y atractivos que sus antecesores pero los problemas seguían siendo los mismos. La revocación de la fachada del partido duró unos cuantos programas. Maroto y Levy debían acudir este lunes otra vez a la mesa camilla de Susana Griso en Antena 3 pero han desistido. El viernes pasado Levy fue entrevistada por Mamen Mendizábal en Más Vale Tarde de La Sexta y sufrió un auténtico calvario. El portavoz oficial, Pablo Casado, que tiene en su naturaleza no rechazar un micrófono, vive en la permanente incomodidad acosado por las preguntas sobre corrupción y las respuestas previstas en el manual interno.

Los nuevos portavoces del PP se sienten “achicharrados, agotados y amortizados” en apenas ocho meses. Lo denominan el “síndrome Floriano”, en alusión al papel que jugó un tiempo el anterior portavoz, que debía comparecer cada semana en los últimos años pasase lo que pasase ante la dejación de Cospedal.

El síndrome Floriano

Maillo, Casado, Maroto y Levy creen que cumplen su función con “lealtad” a Rajoy y al PP pero constatan que han perdido a chorros la credibilidad inicial que se les otorgó. Están entre abatidos y desmotivados. Quieren hablar hoy mismo con Rajoy de este problema y van a suscitar el debate en el comité de dirección que les reúne semanalmente.

Maroto y Levy se atrevieron el viernes pasado, tras soportar otra nueva semana de comparecencias de tema único sobre la corrupción del PP de Madrid, de Valencia, de Rita Barberá y de Esperanza Aguirre, a exigir “una purga y depuraciones” sin mirar las consecuencias “para poder pasar de una vez por todas esa página, superar el pasado y salvar el futuro del PP”.

Varios de los vicesecretarios nacionales del PP consultados por EL PAÍS aseguran que esa demanda es la que le plantean muchos cuadros y militantes en sus visitas semanales a las juntas directivas regionales por toda España. No piden ni que se vaya ahora Rajoy ni congresos internos ni primarias. Exigen contundencia y medidas drásticas frente a la corrupción porque creen que hasta ahora no se han aplicado y esa inacción les está destrozando, como admitió ayer también en público la propia Aguirre.

Maroto y Levy fueron reconvenidos por sus interenciones del viernes y la propia Aguirre se lo hizo saber. Luego, sin avisar a nadie, Aguirre dimitió enseñando su camino a Rajoy. Los vicesecretarios quieren que Rajoy les aclare a la cara si la advertencia que él formuló ante el grupo popular en el Congreso de que “aquí ya no se pasa ninguna” iba en serio.

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