El Supremo pone en libertad a un inocente que ha pasado 12 años en prisión

El holandés Romano van der Dussen fue condenado por tres agresiones sexuales cometidas en Málaga.

El alto tribunal solo admite que no cometió una a pesar de que se llevaron a cabo el mismo día, en el mismo sitio y a lo largo de una hora y media

Romano Liberto van der Dussen fue condenado por haber cometido tres agresiones sexuales en Málaga en agosto de 2003. Pero la policía española halló pruebas de su inocencia en 2007. Marcadores genéticos mostraron entonces que el culpable, al menos en uno de los casos, había sido un británico, Mark Dixie, preso en Reino Unido por asesinato y violación. A pesar de este hallazgo, la lenta maquinaria judicial española y la pesada burocracia en la cooperación entre España y Reino Unido han provocado que van der Dussen haya continuado nueve años más en la cárcel. Hoy, finalmente, doce años y medio después de su detención, el Tribunal Supremo ha revisado su caso y determinado su inocencia.

Pero la revisión del caso no ha sido total. La sentencia del Supremo, dictada hoy por los magistrados Manuel Marchena, Andrés Martínez Arrieta y Joaquín Giménez, solo ha admitido su inocencia respecto de la violación de la que se conservan pruebas de ADN -de las otras dos no hay restos biológicos que analizar- a pesar de que la Audiencia de Málaga sostuvo en la sentencia condenatoria que el agresor había sido la misma persona en los tres casos por las similitudes en los ataques y la enorme cercanía en el espacio y en el tiempo de las agresiones. El agresor cometió los delitos en calles muy cercanas entre las 4.30 y las 6 de la madrugada del 10 de agosto de 2003, lo que hace altamente improbable la opción de dos agresores.

Van der Dussen saldrá de la cárcel porque ya ha cumplido el tiempo de las otras dos condenas, pero para la justicia sigue siendo culpable de dos agresiones sexuales. Uno de los argumentos que sirvió para condenarlo, que el modus operandi y la brutalidad en los ataques eran tan parecidos que indicaba que se trataba de la misma persona, no ha servido sin embargo para absolverlo. La defensa, que había pedido la exoneración total del holandés, está satisfecha al menos con su próxima puesta en libertad.

El año pasado, en una entrevista con este diario, el holandés relataba que no lograba entender por qué si la policía sabía desde 2007 que era inocente, la justicia tardaba tanto en reaccionar. Se quejaba de que nadie se había dado prisa en verificar que era cierto el informe policial que aseguraba que el verdadero culpable era otro: ni los distintos juzgados que han llevado el caso, ni Reino Unido, ni el Tribunal Supremo ni la policía española en la fase final del proceso. “Mi vida ha sido destrozada”, aseguraba. “He pasado los peores 4.000 días de mi vida. Un infierno indescriptible”.

Tras la condena a 15 años y medio de prisión por parte de la Audiencia Provincial de Málaga, basada exclusivamente en los reconocimientos de las víctimas (llevados a cabo con notables irregularidades) y que omitió una prueba de ADN que lo exculpaba, la policía española cruzó en 2007 los marcadores genéticos hallados en una de las agresiones sexuales con la base de datos de Interpol. Allí apareció el verdadero culpable: Mark Dixie; asesino y violador confeso encarcelado en Londres un año antes.

Un informe de la policía científica de 23 de marzo de 2007 informó al juzgado encargado del caso del hallazgo y señaló que, según sus datos, era 54 millones de veces más probable que ese ADN fuera una mezcla de Mark Dixie y la víctima de Fuengirola que de cualesquiera otras dos personas elegidas al azar. De todas formas, por si acaso, recomendaba ampliar los marcadores genéticos de Dixie pidiendo una nueva muestra a Reino Unido. Y esa diligencia es la que ha tardado nueve años en llevarse a cabo.

La Audiencia de Málaga y el juzgado encargado de la investigación no lograron respuesta a la comisión rogatoria enviada a Reino Unido porque no la tramitaron correctamente. El caso, incomprensiblemente, se archivó. El abogado de van der Dussen, Silverio García Sierra, interpuso entonces, cuatro años después del hallazgo de la policía española, un recurso de revisión ante el Supremo. Un año después el alto tribunal ordenó que se pidiera con urgencia a las autoridades británicas el perfil genético de Dixie, petición que ese país tardó tres años en cumplimentar. Y finalmente, cuando llegaron los resultados en febrero de 2015 acreditando que quien violó a la víctima de Fuengirola fue el británico, la policía española aún tardó varios meses en emitir un nuevo informe interpretando los datos enviados por Reino Unido.

Durante todo ese tiempo, Romano van der Dussen continuó en prisión. No le concedieron permisos de salida ni siquiera en mayo de 2015, cuando ya habían llegado los nuevos marcadores genéticos de Londres que acreditaban su inocencia y la culpabilidad de Dixie.

“Se trata de caso increíble de lentitud, apatía, negligencia y mala praxis de los operadores jurídicos que han intervenido”, indica el letrado García Sierra. “Es incomprensible que este hombre haya pasado tanto tiempo en prisión por delitos que jamás cometió”.

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