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Las opciones del Rey ante una situación sin precedentes

Felipe VI puede empujar a Rajoy a que decline de nuevo, encargar a Sánchez la formación de Gobierno, dilatar los plazos o poner en marcha el reloj hacia unas nuevas elecciones

El Rey recibe a Pedro Sánchez hoy en el Palacio de la Zarzuela. REUTERS ATLAS

La intención del Rey, como transmitió a alguno de sus interlocutores en la primera ronda de consultas, era seguir "el orden natural de las cosas". Es decir, encargar la formación de Gobierno al candidato de la lista más votada.

Ese orden natural quedó trastocado desde el momento en que Mariano Rajoy declinó el ofrecimiento del Monarca, pero se reservó la posibilidad de intentarlo más adelante. Ese movimiento, calificado de tacticista por el resto de partidos y de instrumentalización de la Corona por algunos constitucionalistas, abría una situación inédita para la que no existían precedentes jurídicos o históricos: nadie se descartaba, nadie se postulaba, los plazos permanecían congelados y los partidos se sumían en una parálisis negociadora, a la espera de que el Rey deshiciera el enredo creado por ellos mismos.

¿Qué opciones tiene el Monarca? La Constitución arroja pocas luces, más allá de establecer que el reloj solo se pone en marcha a partir de la fijación de la fecha del primer debate de investidura. Dos meses, a partir de los cuales, si ningún candidato logra ser investido, se convocarán nuevas elecciones. La Ley Fundamental no establece plazos para la decisión del Monarca ni impone criterios para seleccionar candidato. Hay consenso, sin embargo, entre los juristas en que las conversaciones privadas con los distintos representantes políticos pueden ser el marco para preguntar por las opciones, la disposición y la buena fe de cada uno de ellos. Y a partir de ahí, decidir.

Así que la primera decisión del Rey será si quiere que los plazos echen a andar. Si es así, Felipe VI encargará la formación de Gobierno a un candidato, aunque en estos momentos las posibilidades de éxito de todos ellos sean remotas.

Si el Rey, como se ha sugerido incluso desde las filas del PP, cree que no hay ninguna solución madura pero que aún existe terreno por explorar para evitar nuevas elecciones, puede retrasar su designación y dar más tiempo a los partidos para que le brinden una solución.

La opción Rajoy

Felipe VI puede ignorar la voluntad del líder del PP de que sea otro quien lo intente antes e insistir en que sea él quien se someta primero a un debate de investidura, como candidato del partido más votado.

Rajoy se vería obligado a decir no por segunda vez al Monarca, y sus opciones como futuro candidato, tras esta doble renuncia, perderían mucha legitimidad.

La opción Sánchez

Bien por la renuncia previa de Rajoy, bien porque el Rey decida directamente que Pedro Sánchez tiene más posibilidades de intentarlo, el designado en esta ocasión podría ser el líder socialista. Sánchez, al menos, ya ha anunciado públicamente su intención de mantener una actitud de lealtad institucional y decir sí al Monarca si le pide que lo intente. 

En cualquier caso, el nombramiento sería un avance pero el reloj no debería necesariamente empezar a andar. La decisión de fijar una fecha para la investidura corresponde al Congreso, impulsada por su presidente, Patxi López, y éste ya ha sugerido que flexibilizaría los plazos con la intención de que hubiera tiempo para negociar.

Una tercera opción

Sería constitucionalmente posible que el Rey presentara un tercer nombre. Ni siquiera es preceptivo que el candidato fuera diputado. En cualquier caso, es una opción remota. Felipe VI ha querido tener durante todo este proceso un papel estrictamente neutral, sin salirse de los estrechos límites constitucionales que él mismo ha impuesto a su reinado, y una solución así de imaginativa solo tendría sentido si fueran las principales fuerzas políticas las que le transmitieran su deseo de desencallar el bloqueo con una figura de consenso.

La opción electoral

Aunque ha sido sugerido en las últimas semanas, no es posible constitucionalmente que el Monarca decida por sí mismo la convocatoria de unas nuevas elecciones. La ley es muy clara. Debe haber candidato a la investidura para que el proceso avance. Pero si el Monarca recibe de sus interlocutores la impresión, incluso el deseo, de que los ciudadanos se pronuncien de nuevo, puede activar el mecanismo con la designación de un candidato, aunque su investidura resulte imposible. En manos del Rey quedaría, de este modo, quién pasa por el sacrificio de someterse a un debate fallido.

 

 

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