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No era lo que esperaba Cristina de Borbón

La Infanta y La Zarzuela barajaban que la 'doctrina Botín' iba a librarla del banquillo

La infanta Cristina en una foto de archivo EFE Javier Guzmán

No era lo que esperaba. Ni ella ni la Casa del Rey. Desde que estalló el caso Nóos y arrastró a la infanta Cristina, sus abogados, los asesores de la familia real y ella misma estaban convencidos de que la llamada doctrina Botín libraría a la hija de Juan Carlos I de ser juzgada. Ese convencimiento se transmitía en voz baja, ya que oficialmente el mensaje que llegaba desde La Zarzuela era que había que "dejar actuar a la justicia". El pasado 11 de enero, cuando Cristina de Borbón y Grecia abandonaba con su marido el juzgado tras analizarse las cuestiones previas del juicio, iba más convencida que nunca de que su supuesta responsabilidad se solventaría con una multa. De ahí esa media sonrisa que esbozó al abandonar la sala. El alegato de sus abogados, de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado jugaban a su favor.

Cristina de Borbón ha permanecido en Ginebra desde que abandonó Palma de Mallorca en un avión camino de Zúrich, primera escala antes de llegar a su casa. En ese vuelo tuvo un pequeño altercado con unos periodistas que intentaron fotografiarla. Ella mandó actuar a sus escoltas. Desde entonces no se ha dejado ver. Solo ha salido para trabajar. Tampoco ha hecho declaraciones. El silencio preside su vida desde hace meses por consejo de sus abogados y por el rechazo que tiene a la prensa. La Infanta se siente sometida a un juicio público del que responsabiliza en gran parte a los medios de comunicación. Sus íntimos hablan de la hermana de Felipe VI como una mujer deprimida que, al igual que su marido, ha tenido que recurrir a ayuda profesional para sobrellevar su imputación. Sigue creyéndose inocente y se siente abandonada por La Zarzuela.

Sus íntimos hablan de la hermana de Felipe VI como una mujer deprimida que, al igual que su marido, ha tenido que recurrir a ayuda profesional para sobrellevar su imputación

En la residencia real conviven dos bandos: el que conforman la reina Sofía y la infanta Elena, que han cerrado filas con la infanta Cristina; y el resto, que ha marcado una línea roja con los Urdangarin. Si al principio del proceso Felipe VI y el rey Juan Carlos mantuvieron viva la relación familiar, con el paso del tiempo el deterioro de la relación ha llegado a tal punto que casi no hay comunicación. Solo la reina Sofía y su hija Elena hacen de intermediarias. Y cada vez con menos éxito.

Aun así, la noticia de que Cristina de Borbón continuará en el banquillo de los acusados y será juzgada como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales en el marco del caso Nóos ha sido toda una sorpresa en La Zarzuela. Miquel Roca, su abogado, estaba convencido, y así lo transmitió, de que a la hermana de Felipe VI se le iba a aplicar la llamada doctrina Botín —que establece que no se puede llevar a nadie a juicio por delito fiscal solo con la acción de la acusación popular—.  La Casa del Rey se ha limitado a expresar "su absoluto respeto a la independencia del Poder Judicial".

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