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La renuncia de Rajoy y la oferta de Iglesias rompen el ritmo a Sánchez

El presidente evita un debate de investidura fallido que iba a evidenciar su soledad

Toda la presión sobre el socialista Pedro Sánchez. Por la derecha y por la izquierda. La renuncia del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, a pasar el trago de sufrir en el Congreso una derrota segura, y la oferta sorpresa de Podemos al PSOE para negociar de inmediato un Gobierno de coalición, rompen los cálculos y los ritmos previstos por Sánchez y aceleran la resolución del bloqueo en la formación de un Ejecutivo. Rajoy evita el desgaste que le hubiera supuesto una imagen de soledad absoluta. Se reserva el derecho a intentarlo después, aunque sus críticos ya le dicen claramente que se retire.

Da igual que durante la campaña Pablo Iglesias no se cansara de decir que nunca formaría parte de un Gobierno presidido por Pedro Sánchez, y que solo se planteaba esa posibilidad si era Podemos la que lo encabezaba. El escenario postelectoral es otro y la estrategia debe cambiar. Por sorpresa y a contratiempo, la formación de izquierdas ha decidido ser la primera en tomar la iniciativa. Con su propuesta, por la que aspira a repartirse con Izquierda Unida casi la mitad de puestos de un hipotético Gobierno de coalición y situar a Iglesias en la vicepresidencia, ha desvelado sus exigencias para comenzar a negociar con el PSOE y ha colocado a Pedro Sánchez entre la espada y la pared.

Sánchez, ante su partido 

Cuando el líder socialista se presente ante el comité federal de su partido el próximo día 30, donde le esperan los principales barones con los cuchillos afilados, estarán muy presentes las gravosas condiciones impuestas por Podemos. Entre ellas, de nuevo, la posibilidad de un referendum de autodeterminación: proponen la creación de un nuevo ministerio de la Plurinacionalidad en el que aspiran a poner al frente a Xavier Domènech, el portavoz de En Comú Podem, para dar solución al conflicto catalán.

Pedro Sánchez se enteraba de la propuesta de Iglesias durante la audiencia con el Rey. Se la contaba el mismo Felipe VI. Reaccionaba del único modo posible, al ver cómo le intentaban romper los ritmos y la estrategia: reclamando tiempo muerto.Pedía respeto a los plazos y procedimientos, en su esperanza, ya inútil, de que se dejara a Rajoy ser el primero en intentar formar Gobierno, y que solo después se sentaran a hablar, pero “de políticas”, no de ministerios.
Iglesias no le daba tregua, en cualquier caso. Enseguida le llamaba por teléfono y Sánchez se comprometía a hablar con calma este fin de semana.

Nadie quiere, al menos públicamente, una repetición de las elecciones, pero nadie lo descarta. Y Podemos, con este cañonazo intempestivo, se adelanta en transmitir al electorado de izquierdas la idea de que por ellos no va a ser el intentar desalojar al PP del poder, y que están dispuestos a ir todo lo lejos que sea necesario. Y de paso, lanzar a Sánchez un dardo envenenado al sugerir Iglesias que ahora se iba a comprobar cuánto mandaba realmente en su partido.

Una baza para Rajoy

Mariano Rajoy se ha encontrado así con una baza inesperada, y la ha usado. Ha sugerido que la oferta de Iglesias es una realidad que ya se está negociando y la señala como una de las causas fundamentales de su retirada. Sabe que su posibilidad de permanecer al frente del Gobierno, si le queda alguna, está exclusivamente en manos del partido socialista, y confía en que los barones de ese partido contrarios a Sánchez, encabezados por la andaluza Susana Díaz, impidan un pacto con Podemos que resultaría a la larga letal, temen, para el PSOE.

Finalmente, el “orden natural de las cosas” que dejó entrever el Rey en su ronda de consultas—que fuera el candidato de la lista más votada el primero en someterse a un debate de investidura— no ha sido el orden más conveniente para Rajoy.

El líder del PP gana tiempo y se reserva el derecho a volver a intentarlo. Pero también es consciente de que el rechazo a su persona une al resto de partidos políticos, mientras que está por comprobar cuál sería la respuesta de todos ellos si fuera otro el candidato popular.

Las mismas voces que en 2008 exigieron a Rajoy que se retirara, tras su segunda derrota electoral frente a José Luis Rodríguez Zapatero, se sienten de nuevo envalentonadas y le sugieren que tire la toalla y facilite así un Gobierno de coalición, encabezado por el Partido Popular y con el respaldo, o al menos la abstención, del PSOE y de Ciudadanos.

Esperanza Aguirre, la presidenta del PP de Madrid, ha vuelto a intentar encabezar las voces críticas y se ha puesto de ejemplo. Del mismo modo que ella propuso ceder la alcaldía madrileña al PSOE y a Ciudadanos para impedir que se hiciera con ella la candidata de Podemos, Manuela Carmena, sugería ayer ante la junta directiva regional del partido, le indicaba a Rajoy, sin nombrarle, que hiciera lo mismo al pedir “los sacrificios personales que hagan falta y las concesiones que sean necesarias”.