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ANÁLISIS

‘¿Pedro Sánchez presidente?’

El líder socialista recupera el pulso de las negociaciones y gana opciones para evacuar a Rajoy de la Moncloa con la fórmula Frankenstein

Pedro Sánchez empieza a familiarizarse con una novedad biográfica de su wikipedia: presidente del Gobierno. Sería el primero que lo logra habiendo perdido las elecciones. Y el primero que accede a gobernar con una soldadesca de 90 diputados propios.

Tan precario se antojaba este escenario que Mariano Rajoy decidió vegetar, abstraerse de llevar a término una negociación porque esperaba que Pedro Sánchez se malograra entre la ingenuidad propia y el sabotaje de sus baronías, refractarias por completo a tolerar cualquier acercamiento a los partidos soberanistas y a mezclarse con las fuerzas partidarias de alumbrar un referéndum de autodeterminación.

Habrá que reconocer a Sánchez su obstinación y su fe. La pasividad de Rajoy le ha dejado libre el escenario. Ha transigido con posturas humillantes de Podemos. Ha subarrendado senadores a ERC y Democracia y Libertad. Ha evitado la refriega directa con Susana Díaz. Y empieza a llevar a su terreno el planteamiento maximalista posterior a las elecciones: o la Moncloa, o a casa. O todo, o nada.

Las razones por las que ahora puede evacuar a Rajoy tienen que ver con la resistencia más o menos general a unas elecciones anticipadas. Los populares no reniegan de ellas, pero también saben que podría repetirse un resultado insuficiente e idéntico. Porque idéntico es el candidato e idéntico es el tabú que representa Mariano Rajoy.

De hecho, el lema de "todos contra Mariano", reflejado incluso en las urnas, coloca a Sánchez en la posición de única alternativa. Se la puede proporcionar Ciudadanos con la abstención de las demás fuerzas -una hipótesis remota- o se la puede consentir la amalgama de las izquierdas, con más razón cuando el guirigay parlamentario de ayer en las filas de Podemos, de las mareas y de las marejadas, demuestra que a Pablo Iglesias tampoco le convienen unos comicios. De convocarse, podrían diferenciarse las marcas, competir por separado y delatar una heterogeneidad y unas diferencias que no parecían tan evidentes, hasta ahora, detrás del carisma del propio Iglesias.

Es la razón por la que se tambalea el dogma del derecho de autodeterminación. Sería, en principio, un requisito innegociable del flanco catalán -En Comú Podem-, pero ya dijo Ada Colau desde su aura providencial que podría relativizarse la ortodoxia, aliviarla con una reforma constitucional, orillar el derecho a decidir a posteriores discusiones, anteponiendo la agenda social y consiguiendo, nada menos, la caída de Rajoy.

Pedro Sánchez puede ser presidente del Gobierno. La cuestión es cómo y cuánto tiempo. Y cuánta estabilidad va a proporcionarle una coalición tan precaria. Y cuánto el Partido Socialista tiene que estirar sus costuras y desnaturalizarse para alumbrar a Frankenstein.