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Detenidos dos ciudadanos croatas por la muerte de un cura en Ourense

El sacerdote Adolfo Enríquez fue torturado hasta fallecer, el 10 de marzo de 2015

Tras el crimen desapareció la virgen que custodiaba, una de las más pequeñas del mundo

El misterio en torno a la tortura y muerte de Adolfo Enríquez, el párroco de Vilanova dos Infantes (Celanova, Ourense) que custodiaba la venerada figura de la Virgen del Cristal, empieza a despejarse. La muerte del religioso y la desaparición de la imagen de culto, una de las más pequeñas del mundo (de menos de cuatro centímetros) solo por detrás de otra que se conserva en Bolivia, se produjeron el 10 de marzo de 2015. Desde entonces, el caso ha sido investigado por la Policía Científica de la Guardia Civil, que este viernes al fin ha detenido a dos hombres de nacionalidad croata en la ciudad de Ourense. La juez instructora de Celanova ha ordenado el secreto de las actuaciones y las fuentes oficiales no dan más detalles de una investigación en la que, durante los 10 meses transcurridos, no se produjeron filtraciones.

Adolfo Enríquez apareció muerto en un cobertizo de la casa rectoral de Vilanova un día después del crimen. Presentaba fuertes golpes que hicieron sospechar que quienes lo mataron intentaron arrancarle un secreto antes de sucumbir. El cura vivía muy pobremente, no tenía dinero porque se lo entregaba a vecinos con necesidades económicas e incluso se dice que pagaba el alquiler a algunas personas.

Los ladrones revolvieron toda la casa en busca de algo, pero lo único que los agentes pudieron comprobar que faltaba era la diminuta virgen, una policromía de dos caras introducida en torno a 1.600 dentro de una bola de cristal fundido que sirve de lupa de aumento y permite apreciar los minúsculos detalles. La imagen permanecía en este pueblo medieval desde hace más de 400 años. Hoy sigue siendo una incógnita cómo se pudo elaborar esa imagen con las técnicas de su época. De la casa, los delincuentes no se llevaron nada más, ni tan siquiera cálices de plata y otros objetos de culto que podrían haber vendido algo más fácilmente que la santa.

Solo el sacerdote muerto, una monja de Celanova y el actual cura del pueblo sabían el lugar secreto en el que don Adolfo custodiaba con celo la virgen cuando no se exponía en el Santuario do Cristal o salía en procesión. Si no estaba en ese armario con doble fondo, la virgen siempre viajaba en el bolsillo del párroco que fue asaltado.

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