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El liderazgo de Rajoy en el PP aún no está en juego

El equipo del presidente no se plantea ceder a las presiones de otros partidos para llevar un candidato distinto a la investidura y rechaza por inexplicables las críticas de Aznar

Mariano Rajoy, antes de su reunión con Pedro Sánchez, el pasado martes. Ampliar foto
Mariano Rajoy, antes de su reunión con Pedro Sánchez, el pasado martes. AFP

“Imposible”, “implanteable”, “intocable” e “incuestionable”. Distintos miembros de la cúpula del PP descartan con estos adjetivos tajantes la velada exigencia de otros partidos de imponer el relevo de Mariano Rajoy a cambio de apoyar una hipotética investidura de otro candidato popular o de una figura independiente. El liderazgo de Rajoy no está en cuestión en estos momentos en el PP, pero en su equipo y en su entorno en La Moncloa saben que su futuro político sí está ligado al éxito en este proceso de negociación que el presidente del Gobierno en funciones ha emprendido personalmente.

El primero que ha olido sangre ahora ha sido José María Aznar. El expresidente designó a dedo en el verano de 2003 a Rajoy como su sucesor y ya no volvió a una reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP hasta después de la victoria electoral en 2011. Hace cuatro años lo hizo para ponerle a su heredero los deberes para la legislatura, y Rajoy lo ignoró por la situación de España. Ahora Aznar ha retornado con su fuerza más bien simbólica para reprocharle tanto su peculiar liderazgo como la falta de democracia interna en el PP.

El futuro político del presidente depende de que logre la investidura

En el equipo de Rajoy no dan crédito. Algún miembro del Comité de Dirección actual, que estuvo en el pasado con Aznar, catalogó su intervención del lunes pasado como “inexplicable”. Otros dirigentes populares han optado por el silencio para no hacer más daño y para no darle más trascendencia. Rajoy no quiso profundizar mucho en sus divergencias cuando se le preguntó pero tampoco dejó escapar la posibilidad de despreciarle con su sorna galaica: “El expresidente ha pedido la celebración de un congreso abierto a la militancia y es lo que toca y será abierto, como siempre”.

El Congreso Nacional del PP estaba previsto, en el calendario interno, para esta primavera. Y a continuación se esperaban los cónclaves regionales, donde se piensa renovar organizaciones tan relevantes en votos y proyección como Madrid, Aragón, Cataluña, Baleares y las dos Castillas. Pero en esa agenda se ha colado un reto mucho mayor que lo puede trastocar todo.

El propio Rajoy precisó que antes del Congreso nacional y de los regionales, y antes de las asignaturas pendientes de Aznar y sus escasos partidarios, lo que toca ahora es sumar los votos necesarios para seguir en el poder. Hasta el expresidente le respaldó públicamente para ese cometido, aunque le demandara una reflexión profunda para tanto fracaso electoral consecutivo.

La mayoría de los barones del PP que intervinieron el lunes y que lo harán en los próximos días y semanas refrendaron el liderazgo de Rajoy porque creen que no es el momento para ahondar en esta crisis soterrada. Lo dijo Esperanza Aguirre en la reunión y la respaldó Luisa Fernanda Rudi, ambas de salida en sus territorios. Pero eso no quiere decir que las dos baronesas populares no lleven tiempo advirtiendo, incluso por escrito a Rajoy, de que el partido ha perdido su esencia, muchos de sus valores y aparece cada vez menos reconocible.

Las tareas de Gobierno han hecho que descuide la organización del PP

El poder aglutina y su pérdida divide. Rajoy lo vivió en primera persona con los fracasos de 2004 y 2008 y luego con el récord de votos de 2011. El PP, además, se ha adocenado en estos años en La Moncloa. La dirección nacional y las estructuras territoriales han estado abandonadas a su suerte. “Muchos barones, presidentes autonómicos y alcaldes se creyeron virreyes, pasaron de concejales directamente al poder en las elecciones locales de 2011 y a lo mejor nos ha venido bien este batacazo para tomar conciencia bien de quiénes somos y volver a ponerse las pilas todos”, resume uno de los ministros menos queridos por la organización y que más ha echado en falta una buena coordinación de todo el partido en el respaldo a las políticas y recortes del Ejecutivo en este mandato.

El hiperliderazgo de Rajoy, si es que se puede llamar así a su método de funcionar, poco tiene que ver con el autoritarismo de Aznar y el temor que despertaba el expresidente. El presidencialismo de Rajoy viene con el respeto que se profesa en ese partido a su actual cargo, a su experiencia y a su temple. Es cierto que nada se mueve o decide en serio en el PP sin que él lo supervise, desde vídeos a logos o lemas, pero también que es un hombre de prioridades y la vida interna del partido no lo ha sido en los últimos años. Esa dejación se nota en la organización, donde conviven varios altos cargos que no se soportan entre sí y, menos aún, a la secretaria general, María Dolores de Cospedal.

Rajoy intentó parchear algo esas disfunciones del partido en junio, tras el toque de atención de las urnas, pero las presiones y malas relaciones entre Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta y número dos del Gobierno, impidieron una renovación en serio. Lo mismo sucedió con la anunciada y nunca ejecutada crisis del Gobierno. Todas esas carencias se dejaron aplazadas para lograr el mejor resultado posible el 20-D y emprender todos esos cambios imprescindibles desde el poder. Pensó que sería más fácil.

Ahora le han entrado las prisas. Está apurado y preocupado. Algunas personas de su entorno le han visto incluso por momentos alterado. Rajoy constata que va a tener muchos más problemas de los que imaginó para mantener el despacho en La Moncloa y culminar su proyecto para España justo ahora cuando económicamente podría tener más margen.

Lee, escucha y le insisten con la idea de que la política española ha cambiado radicalmente y quiere comprenderlo, pero no puede. Le salen los tics de la vieja política, como sucedió cuando se vio sobrepasado en el debate en el que Pedro Sánchez le tachó de indecente. O también cuando no ha sido capaz de mantener en secreto el guión de sus reuniones y diálogos con el líder socialista o sus planes para sustentar la adhesión de Ciudadanos a su investidura.

Para Rajoy, ahora, todo pasa por seguir en el Gobierno y con ese fin está dispuesto a dialogar lo que haga falta, llamar y mensajearse con Rivera y Pablo Iglesias aunque sea para “nimiedades”, y hasta permitir a los dirigentes más jóvenes soñar con futuras primarias en el PP. Eso sí, a su estilo, que aún no se sabe muy bien cuál será, y sin que esas primarias se las “impongan otros”, como avisó esta semana a Ciudadanos el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez Maíllo. Si no logra gobernar esta vez sí parece que Rajoy se retirará, el PP entrará en catarsis y aplicará la renovación pendiente desde que Aznar se lo dejó en herencia. Si gana y gobierna por la mínima también hay dirigentes a su vera que especulan con una retirada tras “una legislatura corta y de transición” con las reformas prometidas ya en marcha.