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Marina plantea que la relación con la familia sirva para evaluar al profesor

El autor del 'Libro Blanco de la Profesión Docente' participa en la entrevista digital de EL PAÍS

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Marina, este jueves en EL PAÍS.

¿Qué es un buen profesor? ¿Y uno malo? El libro blanco que el Ministerio de Educación ha encargado al profesor José Antonio Marina incluye varios criterios para diferenciarlos. El filósofo ha ofrecido este jueves algunas de las claves en una entrevista digital con los lectores de EL PAÍS. Por ejemplo, la relación del docente con las familias o el progreso del estudiante en esas clases. “Hay criterios transparentes, implacables y objetivos de evaluación”, considera Marina.

El borrador del Libro Blanco de la Profesión Docente, que concluye estos días el filósofo Marina, recoge, hasta el momento, siete aspectos para evaluar al profesor, como el progreso del alumno, la relación del docente con las familias o la evaluación que haga del profesional el conjunto de profesores del centro.

Respecto al alumno, Marina añade una puntualización. No se trata de ver las notas, sino de cómo evolucionan: “Un niño que pasa de 1 a 4 [de nota] ha progresado más que uno que pasa de 9 a 10. Pero aquel resultado no se refleja en PISA [la prueba internacional a la que se someten periódicamente los estudiantes de 15 años]”. Además, tiene en cuenta el currículo profesional del docente (en el que se incluyan también otras habilidades), la observación de su trabajo en el aula, la colaboración con otros profesores y la evaluación del centro.

El también catedrático de Bachillerato explicó estos y otros aspectos del futuro documento en una charla digital con los lectores de EL PAÍS. Entre las preguntas de los interesados, varias hacían referencia a esa evaluación que ha despertado suspicacias después de que Marina defendiera públicamente que “los profesores buenos no deben cobrar lo mismo que los malos”. “Debemos tener constancia de cómo actúan los docentes”, defiende Marina. “Hay criterios transparentes, implacables y objetivos de evaluación”, añade.

Coeficiente corrector

Esos requisitos de evaluación que “son muy variados” incluirían además “un coeficiente de corrección que premiaría los resultados obtenidos en centros conflictivos o situados en zonas de especial riesgo educativo. Sería estupendo que los mejores docentes fueran a los centros más difíciles”.

Su propuesta para transformar la docencia se basa también en la formación inicial del profesor, un aspecto que lleva décadas como asignatura pendiente y que algunos partidos políticos defienden ya en sus programas electorales como el MIR educativo (en referencia a la formación del personal sanitario, que incluye prácticas tuteladas por profesionales veteranos).

“Una de las propuestas va a ser un máster de un año, y dos de prácticas retribuidas en un centro seleccionado, con la ayuda de tutores hiperseleccionados”, contó Marina.

“¿Cómo puede establecerse un salario justo para el profesorado, si hemos de supeditar el mismo a los resultados académicos de nuestros alumnos?”, le preguntaba otro lector. “Yo no he dicho que haya que supeditar el sueldo a los resultados, sino que hay que incentivar a quienes lo hacen mejor, y uno de los incentivos, pero solo uno, es el económico”, según Marina. “Otros más importantes son diseñar una carrera docente, en la que se pueda progresar, cosa que no sucede ahora”.

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