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La basura que cae del cielo

Las piezas de basura espacial que se han encontrado en España recientemente no estaban catalogadas; los expertos sospechan que pueden ser trozos de artefactos militares secretos

Pieza metálica de cuatro metros de longitud, parcialmente calcinada, hallada este miércoles en una finca de Elda (Alicante). EFE

"Una vez por semana, aproximadamente, se producen reentradas de objetos grandes de basura espacial incontrolados, como los encontrados recientemente [en Murcia]; pero no son peligrosos para la población porque la mayor parte de la superficie terrestre es agua y gran parte de la tierra no está densamente poblada", explica Holger Krag, jefe del equipo de vigilancia de basura espacial de la Agencia Europea del Espacio (ESA). "La probabilidad de que uno de esos fragmentos te golpee es mucho más pequeña que la de que te caiga un rayo", añade. Sin embargo, no se quemaron por la fricción con el aire al volver a la Tierra ni el objeto de cuatro metros de largo encontrado este miércoles en Elda (Alicante), ni las dos esferas halladas en Murcia, una en Mula, el 3 de noviembre, y otra en Calasparra cinco días después, e intrigan a los especialistas. Saben que las dos esferas metálicas huecas y recubiertas de fibra de carbono son depósitos de combustible, que debieron ser piezas de un lanzador espacial o de un artefacto en órbita, y sospechan que pueden proceder de algún artefacto espacial militar clasificado.

"Estos objetos no estaban catalogados, no los encontramos en la lista de más de 20.000 fragmentos de basura espacial de tamaño superior a cinco o diez centímetros que se conocen y que se vigilan", explica Noelia Sánchez especialista de la empresa Elecnor Deimos.

Esta misma semana, un objeto denominado WT1190F caerá (el viernes por la mañana, a las 7.20 hora peninsular española) en el océano Indico, al sur de Sri Lanka. Sigue una órbita extraña y no está claro si se trata de un meteorito o de algún trozo de alguna misión de la época de la exploración lunar.

¿Por qué resisten algunos objetos la alta temperatura que alcanzan en su caída, como los tres que han llegado al suelo en España estos días? "Resisten si son de algún material refractario, como cerámica, y los generadores nucleares (porque van blindados)", explica Miguel Belló-Mora, ingeniero aeronáutico experto en dinámica orbital y director de la empresa Elecnor Deimos. "Los fragmentos caídos en España estos días es probable que estuvieran protegidos por alguna cubierta que haya hecho de pantalla térmica". Recalca que el riesgo para las personas que suponen estos artefactos, que llegan a una velocidad de unos 25.000 kilómetros por hora, es insignificante. El riesgo es para los satélites en órbita, puntualiza Krag, que pueden resultar dañados o incluso destruidos si chocan con la chatarra. Especial atención se tiene, por tanto, con los fragmentos que puedan aproximarse la Estación Espacial Internacional, habitada por astronautas.

"No ha habido ningún caso que se conozca de heridos por basura espacial", afirma Belló-Mora, recordando incluso lo que entre los especialistas se conoce como la vaca de Fidel, y que se considera una leyenda urbana: un trozo de un cohete lanzado desde Florida en EE. UU. y que se dijo que había matado una vaca en Cuba. Este experto enumera los tres casos más preocupantes de reentrada de basura que se han producido en la historia de la actividad espacial. El satélite Kosmos 954, con un generador de uranio 235, cayó en Canadá en 1978 contaminando con lluvia radiactiva una zona amplia pero deshabitada que la propia URSS limpió después; en 1983, otro artefacto similar, el Kosmos 1402 cayó en el Atlántico. La ONU recomendó en 1988 que no se utilizaran estos dispositivos nucleares en los satélites y las potencias espaciales han hecho caso, recuerda Belló-Mora.

Las esferas no se desintegraron al bajar porque tenían una cubierta especial

"Palma de Mallorca estaba en la trayectoria de caída de la estación espacial soviética Saliut-7 en 1991, que reentró en la atmósfera y no se quemó. Yo trabajaba entonces en Alemania y recuerdo que avisamos a Protección Civil porque la última órbita de la Saliut-7 pasaba sobre Palma... al final cayó en una zona despoblada de Los Andes 20 minutos antes de sobrevolar Baleares", señala. Hay que tener en cuenta que en los cálculos de las trayectorias de estos artefactos, un margen de error 10 minutos (que es muy poco cuando llevan 15 o 20 años dando 15 vueltas diarias a la Tierra), supone miles de kilómetros de distancia de impacto, puntualiza.

Lo que sugieren los expertos es que las piezas encontradas ahora en España han caído a la vez y deben ser del mismo artefacto, aunque hayan sido localizadas en días distintos. "Para su identificación sería importante conocer el día exacto de caída, porque entonces, con los datos se puede hacer el seguimiento hacia atrás, de las últimas horas o días, y eso ayuda a identificar el objeto", apunta Sánchez. "Necesitaríamos saber si son zonas muy transitadas o no, para poder estimar la fecha de caída, calcular su trayectoria e intentar establecer el artefacto de origen".

Los dos depósitos esféricos encontrados en Mula y Calasparra son muy similares, "pero no idénticos", a uno que cayó en Australia, en 2007, recuerdan ingenieros de la empresa espacial Sener. Parecen similares, por el tamaño, a los depósitos utilizados en los cohetes Delta estadounidenses, pero el recubrimiento es diferente, apuntan.

Para determinar con precisión el origen de estas piezas de basura espacial hay que realizar el análisis de los materiales, y la ESA está haciendo los trámites para ello con las autoridades españolas. De momento, están depositados en el Centro de Referencia de Formación Profesional Química, en Cartagena. "Los tienen perfectamente cuidados, envueltos…", recalca Sánchez. Ella tiene un pequeño fragmento de la fibra de carbono exterior de uno de ellos, "del tamaño de un dedo", que le han cedido del centro de Cartagena, pero todavía no se han hecho análisis.

Lo que está claro es que las dos esferas son depósitos de combustible de un segmento de cohete de los que realizan la puesta en órbita de las cargas, una vez que se han elevado quemando las primeras etapas, que llevan enormes depósitos y mucho combustible. O tal vez es de un satélite porque algunos, "si tienen que hacer muchas maniobras, llevan bastante combustible", apunta Belló-Mora. Es un tipo de depósito corriente en la industria espacial, coinciden los expertos consultados.

La probabilidad de que uno te golpee es menor que el riesgo de morir por un rayo

Las dos esferas, "parece que tienen fibra de carbono reforzada (CFRP) envolviéndolos, lo que es típico de los depósitos de aluminio reforzados que se utilizan en las etapas [de los cohetes] de inserción orbital", apunta Krag, advirtiendo que, "sin una inspección detallada", es difícil precisar más. "No se han encontrado lejos una de otra, lo cual es lógico porque proceden de un mismo artefacto y su comportamiento de caída es similar... Los componentes hechos de CFRP, titanio y acero tienen punto alto de fusión y es más probable que sobrevivan [a la reentrada atmosférica] que el aluminio, que se utiliza más en las naves espaciales".

La ESA tiene un programa de vigilancia de basura espacial denominado SSA (Space Situational Awareness) cuyo objetivo es hacer el seguimiento mediante radares y telescopios de la población de objetos artificiales en órbita terrestre. "Queremos confeccionar un catálogo actualizado constantemente de los entre 20.000 y 30.000 objetos de basura espacial más grandes y este catálogo puede ser utilizado para predecir tanto sus reentradas como las aproximaciones a los satélites operativos en órbita para poder realizar alertas", explica el experto de la agencia espacial, por correo electrónico, desde ESOC, el centro de operaciones de la ESA en Damstadt (Alemania).

En coordinación con ese esfuerzo europeo, Elecnor-Deimos acaba de estrenar una batería de telescopio colocados en Puertollano (Ciudad Real), especialmente dedicados al seguimiento de basura espacial.

A la espera de que vaya completándose el catálogo europeo, los expertos internacionales dependen, sobre todo, del catálogo estadounidense de basura espacial, en el que los responsables pueden omitir, si lo consideran oportuno, fragmentos de artefactos militares secretos.

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