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La última gran obra de Calatrava para Camps necesita 10 millones más

La concesionaria Avanqua se niega a gestionar L' Àgora si no se reparan las deficiencias

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Grúas trabajando en el L'Agora de Calatrava en Valencia.

El último edificio emblemático diseñado por Santiago Calatrava para la ciudad de Valencia, L’Àgora, se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza para el nuevo Gobierno valenciano. El PP de Alberto Fabra adjudicó la explotación del edificio, aunque era consciente de que la obra no estaba acabada, días antes de las pasadas elecciones autonómicas, pero la concesionaria Avanqua se niega ahora a asumir la instalación hasta que se reparen unas deficiencias que el propio Ejecutivo autonómico ha tasado en cerca de 10 millones de euros.

El edificio de L’Àgora, que el expresidente valenciano Francisco Camps añadió al proyecto original de la Ciudad de las Artes y las Ciencias del arquitecto Santiago Calatrava, tenía deficiencias por descubrir. El edificio, pensado para acoger grandes espectáculos, se estrenó sin estar acabado en otoño de 2009 —como escenario del Open de Tenis 500— en contra de la recomendación del arquitecto. Seis años después de su inauguración, este edificio de 80 metros de altura, recubierto de trencadís azul y cristal, acumula goteras y desperfectos visibles desde el exterior. Un informe de CACSA, la empresa de la Generalitat propietaria del complejo, estima que reparar los daños y rematar las obras necesarias para poder explotar L’Àgora costará alrededor de diez millones de euros.

El imponente edificio, que Calatrava concibió como dos manos entrelazadas, se proyectó con un aforo de 3.500 personas aunque al final se amplió hasta las 5.000 localidades, y su coste se disparó de los 45 millones de euros iniciales a más de 90. El doble. L’Àgora dista solo unos metros del Palau de les Arts, también obra de Santiago Calatrava y de cuya cubierta empezaron a desprenderse a finales de 2013 las piezas cerámicas del trencadís que lo recubre. Justo cuando los trabajos de reparación del recinto operístico están prácticamente acabados, salta la polémica en torno al último de los edificios del complejo.

El estado precario de L’Àgora solo ha permitido la utilización del edificio en eventos esporádicos y el resto del tiempo ha permanecido cerrado. El Gobierno valenciano, todavía en manos del PP, decidió hace un año que una empresa privada se hiciera cargo de la gestión de L’Oceanogràfic —uno de los acuarios más grandes de Europa— y de L’Àgora y convocó un concurso. Avanqua, la empresa que ganó la concesión, auditó recientemente el estado del edificio y concluyó que las deficiencias le hacían imposible hacerse cargo de él hasta que se reparen los daños. Un problema que ha heredado el nuevo Gobierno valenciano de coalición entre el PSPV-PSOE y Compromís.

El Ejecutivo y la concesionaria acordaron días atrás darse de plazo hasta octubre para encontrar una solución. La Generalitat quiere reflotar L’Àgora pero no a cualquier precio. “No está entre nuestras prioridades gastar millonadas en obras faraónicas que no responden al interés general”, afirma la Generalitat.

Por su parte, el estudio de Calatrava ha reiterado su disposición a encontrar una solución tras recordar que, en febrero de 2013 y a petición de CACSA, entregó un certificado final parcial de obra de L’Àgora al que adjuntó la lista de trabajos pendientes, entre las que figuraba el remate de la cubierta, el acabado de la fachada y la impermeabilización de los estanques de agua que rodean el edificio. El equipo de Calatrava volvió el pasado julio a inspeccionar el edificio y constató la existencia de los desperfectos. La Generalitat desearía realizar una reparación sin excesivos gastos, pero no dará un paso hasta tener un estudio que señale qué daños son imputables al diseño y cuáles a la construcción y a la falta de mantenimiento del edificio. Entonces se verá quién paga.

Un emblema de los grandes eventos

El edificio de L’Àgora se incorporó al complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia por iniciativa del entonces presidente valenciano Francisco Camps, decidido a impulsar la política de grandes eventos del PP.

La instalación, presupuestada en unos 45 millones de euros, ha costado el doble de lo previsto y para poder ser explotada de manera habitual se considera necesaria una inversión adicional de 10 millones de euros.

Desde 2009, el edificio ha sido utilizado para torneos de tenis y baloncesto, exposiciones temporales o mítines políticos. L’Àgora tiene actualmente problemas de cubierta y cerramientos, lo que provoca goteras y deficiencias en la climatización del recinto.

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