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Detenido un empresario por envenenar ocho perros en Mallorca

El constructor ya había sido condenado en 2004 por colocar trampas en su coto de caza

Un agente muestra la carne envenenada. Ampliar foto
Un agente muestra la carne envenenada.

La Guardia Civil considera al constructor Tomeu A. y a otra persona de su entorno presuntos autores de la muerte de ocho perros, intoxicados en las cercanías del coto de S'Atalaia de Son Coll, en Santa Eugènia (Mallorca), propiedad del supuesto infractor. Los agentes hallaron bolas de carne, del tamaño de una pelota de golf, dispersas en el campo en Santa Eugènia, en cuyo interior se ocultaban sustancias altamente tóxicas. Tomeu A. ya había sido condenado en 2004 por actos similares.

El pasado marzo la Guardia Civil recibió una denuncia por el envenenamiento de dos perros en Santa Eugènia, de los cuales uno falleció y otro quedó muy grave. Días más tarde se registró una nueva llamada por la muerte de dos canes en la misma zona, y se añadió al expediente de investigación otros cinco que desaparecieron en 2010. Fruto de las investigaciones, el empresario y otra persona del entorno han sido considerados presuntos autores de un delito de caza y otro de maltrato animal por envenenamiento.

El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) inspeccionó el terreno en busca de cebos envenenados y hallaron varias trampas con carne que contenía sustancias letales. Las evidencias llevaron a los investigadores a registrar las naves de la finca S’Atalaia, donde el Seprona localizó “productos fitosanitarios descatalogados” y alimento para animales que podía estar relacionado con el veneno de los cebos, como sustancias destinadas al control de plagas de caracoles.

En 2002, los agentes habían descubierto en la finca de Tomeu A. un centenar de cebos envenenados, según una causa judicial cerrada con hechos probados. Las sustancias mortales para la fauna estaban ocultas en pescados e higos. El Seprona localizó entonces una cabra y un gato que habían muerto por la ingestión del alimento. La Fundación para la Protección del Buitre Negro se personó como acusación particular porque el ave se alimenta de carroña y podía ser intoxicada.

En 2004, ante la Audiencia de Palma, se confesó culpable de dos delitos contra el medioambiente: uno por uso ilegal de cebos envenenados en su finca de caza para matar alimañas y otro por verter escombros en el cauce de un torrente de la propiedad. Usó como vertedero de ruinas una vaguada en una área natural de especial interés, protegida por la comunidad autónoma.

El reo pactó, hace 11 años, una condena de 10 meses de prisión —pero no ingresó en la cárcel— y tres años de inhabilitación para la caza. Su vedado de S’Atalaia quedó en suspensión de actividad por el uso probado de cebos ilegales. El fiscal de Medio Ambiente de Baleares, Adrián Salazar, condicionó el pacto penal a la restauración de los daños causados en el paraje natural.

Tomeu A., maestro de obras —picapedrer en catalán—, se enriqueció en los años noventa al trabajar casi de manera exclusiva para dueños de discoteca y dio a conocer sus éxitos económicos en los medios locales.

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