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OPINIÓN

Más razón que un santo

El populismo no se detecta en el emisor, sino en el receptor

Mi abuela es un termómetro de populismo. Pasa el día viendo la tele, y cuando sale alguien gritando se gira hacia mí y dice: “Máis razón cun santo”. Por mi abuela he aprendido a sospechar automáticamente de la gente que tiene más razón que un santo. No nació todavía la abuela que se haya girado entre aspavientos diciendo: “Máis razón que Voltaire”.

El populismo no se detecta en el emisor, sino en el receptor. Cuando el receptor va asintiendo como el camarero cuando se piden los platos correctos, y termina levantándose con una frase lapidaria (“¡las verdades del barquero!”), es que le han vendido la moto. Es una escuela importada de los shows de telepredicadores de Ohio, tanto que a veces alguien se levanta a aplaudir con tanta naturalidad que olvida que es parapléjico.

El otro día fue Miguel Ángel Revilla a Onda Cero y dio una soberana paliza a todos los nuevos aprendices de populistas. Parecía Fraga cuando alguno más joven presumía de ser más de derechas que él: pegaba dos bramidos y volvían todos a la cueva. Dijo Revilla que cómo iba a aparecer él en el pueblo, “donde amarraba ovejas”, con un coche oficial con banderita “y cuatro guardaespaldas con walkie talkies”. Dijo que a los ministros les dice “lo que nadie se atreve”. Y que él trabaja “24 horas al día los 7 días de la semana, y le cojo el teléfono a todo el mundo, al último pueblecito”. Se cuidó de dar el número, porque ya veía a mi abuela llamando para decirle que tiene más razón que un santo. También dijo que quería en La Moncloa a Pedro Sánchez, pero que si en dos semanas Rajoy le prometía lo que quería, “a lo mejor cambio”.

Fue toda una experiencia, como siempre que se viaja al origen de algo. Revilla pertenece a esa clase de políticos que conecta. Su ideología es “hacer cosas”, su programa es “el sentido común”. Hacerles frente es hacer frente a una audiencia extasiada que los escucha con un pensamiento destructivo: “Qué bien dicen lo que pienso”. Son ese español adulto, un poco fondón, que es fontanero y le quita el balón a Messi en Copa con un Segunda B; lo nuestro, lo de casa: la gente normal.

Revilla ha sido elegido presidente de Cantabria en el tiempo que le pertenece, cuando uno llega a presidente anteponiendo lo que piensen los vecinos de él al cargo. Lo importante es ser natural: la naturalidad está destrozando a una generación de españoles. “Yo siempre he sido así”, promete. Y en eso tiene más razón que un santo.