¿Qué es lo más importante para ser el mejor profesor?

Un informe establece que una titulación de doctor, motivar a los estudiantes o trabajar en grupos reducidos influyen mucho más que otras cuestiones en el aula

Videoanálisis de Pilar Álvarez. SUSANA RUEDA

A nadie se le escapa que un profesor preparado y motivado que imparta clase en un aula con un grupo reducido de alumnos hará previsiblemente mejor su trabajo que uno que no tenga todo lo anterior. Pero, ¿cuánto influye cada una de esas cuestiones en el aprendizaje de los chicos? ¿Qué es lo más importante de para que al alumno le vaya mejor?

Su nivel de formación, que sus alumnos puedan trabajar en grupos reducidos en los que no haya sitio para la lección magistral –el viejo modelo de clase en la que se explica sin más la lección en alto y que los chicos deben memorizar después-, que haya estudiado la materia que imparte (algo que no siempre ocurre y que se ha agudizado más con los recortes) y su capacidad para las "habilidades no cognitivas", es decir, que sepan motivar hasta a sus alumnos más rezagados.

Las distintas actuaciones y habilidades de los profesores en el aula tienen un peso específico respecto al resto en el estudio Prácticas docentes y rendimiento estudiantil. Se trata de un trabajo que relaciona por primera vez los resultados de dos informes internacionales de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Por un lado el informe PISA 2012, sobre rendimiento de estudiantes de 15 años. Por el otro, TALIS 2013, que ofrece información de la enseñanza a través de encuestas a los profesores.

El cruce de ambos sirve al autor para establecer una clasificación del peso de los distintos aspectos de los docentes en el aula. Así, por ejemplo, que el profesor tenga el título de doctor es 5,5 veces más importante que el hecho que esté formado en destrezas transversales (las que se desarrollan de forma paralela a nuestros estudios y están relacionadas con la inteligencia emocional). Que sus alumnos puedan trabajar en grupos reducidos es 3,5 veces más significativo que la formación en nuevas tecnologías (ver gráfico).

El trabajo, del profesor de Economía de la Universidad de Murcia Ildefonso Méndez, correlaciona ambos informes en ocho de los 65 países que hacen PISA y TALIS, entre ellos España, porque no todos eligieron la opción internacional que permite incluir a profesores y alumnos de un mismo centro en ambas evaluaciones.Junto a España, participan Australia, Finlandia, Letonia, México, Rumanía, Portugal y Singapur. El informe del profesor Méndez analiza variables de todos los países pero se centra en España.

La importancia de la motivación

“Tradicionalmente los docentes se han dedicado a la lección magistral, a la resolución de problemas que permiten una respuesta rápida, pero esas prácticas tradicionales no funcionan en mercados de trabajo desarrollados como España, sirve en los países en los que el nivel educativo es más bajo y faltan conocimientos primordiales”, explica el autor. “Frente a esto, el estudio destaca el peso de lo que llamamos habilidades no cognitivas, el valor de la motivación que muchos docentes aplican de forma instintiva”, añade, y que estimulan la concentración, la perseverancia de los estudiantes o su atención.

No toda la formación vale

La formación del docente es muy importante, según el resultado del informe, pero no toda pesa igual. La más significativa es “la tutorización de profesores con menos experiencia por parte de otros compañeros con mayor antigüedad y la evaluación de la actividad del profesorado”, que conozcan estrategias individualizadas para cada alumno o de orientación laboral. “Es interesante ver como no todos inciden igual en el rendimiento. Eso nos empuja a ser selectivos”, propone Ismael Sanz, director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), dependiente del Ministerio de Educación. El INEE es uno de los organismos que ha colaborado en este informe, junto con el Gobierno de La Rioja y la Fundación Santillana.

Lo que se ha llevado la crisis

El informe destaca la importancia de cuestiones mermadas por la crisis. Organizar las clases en grupos pequeños es difícil cuando se han reducido el número de profesores —la enseñanza pública no universitaria ha perdido 24.248 docentes entre 2012 y 2014, según datos del Ministerio de Hacienda—, o que los docentes se vayan reciclando tras los repetidos recortes en los presupuestos para su formación continua, entre otras partidas (el gasto educativo ha caído en más de 7.700 millones entre 2010 y 2013, último año analizado por el Ministerio de Educación).“No sé cómo afectan globalmente las reformas de las Administraciones en las cuestiones que analiza este estudio, pero está claro que temas como el aumento de las ratios [el número de alumnos por cada profesor]no va en beneficio de lo que marca el trabajo”, considera el autor.

 

 

 

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