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Zapata dimite como edil de Cultura por el “dolor generado” por sus tuits

El político de Ganemos deja la cartera pero sigue en el equipo de la alcaldesa Carmena

Guillermo Zapata, durante la rueda de prensa. Bernardo Pérez / reuters-live!

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, aceptó este lunes la dimisión de su recién nombrado concejal de Cultura y definió así su límite para la libertad de expresión de un político. Guillermo Zapata dejó el cargo “a petición propia” pero obligado por la presión social al difundirse unos tuits en tono jocoso de contenido ofensivo que publicó en 2011. No dimitió por “expresar opiniones políticas”, como, según él, hizo su compañero Pablo Soto al pedir la muerte de un político del PP, sino por “generar dolor”. Mantuvo el acta de edil y la presidencia de un distrito.

Carmena se ofreció a comparecer junto a Zapata cuando este anunció su dimisión, pero el concejal lo evitó para “diferenciar las responsabilidades”. “Soy poco amiga del humor negro aunque reconozco que la libertad de expresión es importante”, reconocía por la mañana la alcaldesa a EP. “Estoy encantada de estar con personas que de jóvenes dijeron cosas con las que ahora no están de acuerdo”, añadió sobre Soto y Zapata.

 Del primero, edil de Participación Ciudadana, no se plantea que dimita por tuits como: “Yo no puedo aseguraros que por matar y torturar a Gallardón se vaya a cambiar toda esta historia, pero por probar no perdemos nada”. Soto dijo a EL PAÍS estar “avergonzado”. Carmena cree que “todos tenemos un pasado y él ha tenido una evolución en su planteamiento político”. Javier Barbero, edil de Seguridad, que hoy acompañó a Zapata en su comparecencia, señaló que el límite entre dimitir o seguir en el cargo es “causar dolor a las víctimas”.

Por eso Soto no ha dimitido y Zapata sí. Pero sólo como edil de Cultura. Carmena ya avanzó a Efe que podía “tener otras tareas” que no fueran ponerse al frente de la cultura municipal tras publicar tuits como: “¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero” o “Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcàsser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”.

Zapata dejó el área de Cultura pero añadió: “Ejerceré el resto de mis funciones como concejal”. Mantendrá así el acta (a la que nadie puede forzarle a renunciar) y la presidencia del distrito de Fuencarral- El Pardo (233.000 habitantes). “He acotado mi responsabilidad política al área de Cultura porque el debate tenía que ver con esa área, con el uso del humor negro”, explicó Zapata.

En su opinión, esta polémica “podría afectar de forma muy profunda” y “condicionar la actividad” del área de Cultura: “Era un ejercicio de responsabilidad quitarme de en medio, éste es un proyecto colectivo, el protagonismo de uno no puede condicionar las medidas urgentísimas que debe adoptar el Gobierno”. Cabizbajo y contrito, se disculpó: “Pido perdón a todas las personas que se hayan visto afectadas por los tuits, el contexto en el que se hicieran no justifica generar dolor ajeno a nadie”. “Si considerara que estamos hablando solo de opiniones políticas no estaría aquí, pero creo que se está hablando de generar dolor”, dijo.

En su opinión, “el contexto de la libertad de expresión habla de lo que uno puede decir o no, pero no de las consecuencias, que debe asumirlas cada uno. Algunas de las cosas que pensaba sobre los límites del humor se han visto alteradas en el momento en el que me he visto enfrentado a las personas afectadas por lo que dije”.

Explicó que había telefoneado al padre de Marta de Castillo (“Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo”, se burló en un tuit); Antonio del Castillo dijo a EP: “Me conformo con que a Zapata se le llame la atención”. También prometió escribir a todas las personas afectadas (Irene Villa ya le replicó jocosa en Twitter: “Ningún problema!! Mi chiste favorito es el q me define como la mujer explosiva”). Y “especialmente a la comunidad judía, para explicar mi absoluta condena a aquello que he ido expresando, para decirles que no soy antisemita y rechazo todo tipo de violencia”.

El embajador de Israel, Alon Bar, no quiso hoy pedir la dimisión de Zapata (como hizo el domingo la Federación de Comunidades Judías de España), pero sí calificó de “antisistema” a Podemos (que forma parte, junto a Ganemos e IU, de Ahora Madrid). El líder regional de Podemos, José Manuel López, negó que su partido sea antisemita, y añadió que uno de sus diputados “tiene origen judío”. Sobre Zapata, aseguró: “El humor negro me hace poca gracia, es algo con lo que hay que tener cuidado”, informa José Marcos.

La dirección nacional de Podemos, en cambio, sí se volcó con Zapata y alabó su ejercicio de “responsabilidad”. “Mientras los que llevan años robando y mintiendo siguen en sus puestos, Guille Zapata asume su responsabilidad. No van a parar el cambio”, escribió el líder de la formación, Pablo Iglesias, en Twitter. Íñigo Errejón, número dos del partido, enmarcó la dimisión en una “generosidad y responsabilidad nada comunes”. Y dijo: “Sabemos que duele y es injusto, pero no van a detener el cambio”, informa Francesco Manetto.

El PSOE mantiene su apoyo y no reclamará el cese de Soto

Manuela Carmena es alcaldesa gracias al apoyo del PSOE. Su líder municipal, Antonio Miguel Carmona, se mostró esta tarde sólo “medianamente satisfecho” por la dimisión del edil de Cultura. Cree que Guillermo Zapata debería renunciar también a su acta de concejal, pero en cualquier caso no retirará su apoyo a la alcaldesa, a quien ya le había recomendado, dentro de su “lealtad vigilante”, que forzara la dimisión del edil. Sobre el caso de Pablo Soto, cree que sus tuits son “muy inadecuados” porque “insultan” a políticos, pero los diferencia de los mensajes de Zapata, que ofendieron “a minorías indefensas”.

Esperanza Aguirre (PP) sí reclamó el cese de Soto y de Zapata al considerar que ambos “incitan al odio y la violencia”. Y pidió a PSOE y Ciudadanos un pleno extraordinario sobre tolerancia y contra el odio. Begoña Villacís (Ciudadanos), que condenó los tuits, supeditó esa posibilidad a las medidas adoptadas por Carmena.

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