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OPINIÓN

El sexo cuando es consentido

Los candidatos abren a la prensa sus vidas ejemplares

El candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid, Antonio Miguel Carmona, aprovecha la jornada de reflexión para corregir de exámenes de sus alumnos.

En 2009 el equipo de Feijóo tuvo un reto mayor que ganar las elecciones: qué hacer con el candidato el día de reflexión. Feijóo no tenía hijos ni mujer, ya había quemado a su sobrina en una campaña anterior, y se sabía vagamente que le gustaba la noche de Vigo. Con los adversarios paseando con su familia, yendo a misa o mirando un río, a Feijóo no le iban a poner de mañana a tomar copas con la camisa por fuera. Al final él dijo que muchos días salía a correr en solitario por el parque de Castrelos. La imagen de un hombre solo en chándal por Castrelos, antiguo punto de venta de heroína de Vigo, no gustó a los estrategas, así que se le alquiló un amigo. Se fueron a correr los dos, no se sabe si con un pasado inventado, alguna aventura juntos que contar si un periodista se pasaba de listo. No hizo falta porque alguien reparó en el amigo de Feijóo. En un acto sectorial de apoyo al PP celebrado meses antes en el que estaba una mariscadora, un agricultor y un camionero, él era el camionero. “Su amigo Marcos”, dijo el Atlántico Diario, “que como se ve es un armario”.

Después de 15 días de mítines, sonrisas y promesas, la jornada más falsa de todas es aquella en la que los políticos sólo tienen que dedicarse a sí mismos. En Pontevedra se llegó a consultar a un nutricionista para saber qué podía desayunar un candidato (se desconoce si era nutricionista ideológico, en plan sin bacon para no alarmar a musulmanes, transgénicos tampoco, algo de la huerta, un yogur de leche gallega; un desayuno ni de izquierdas ni de derechas: un desayuno que al mediodía te obligue a comer una vaca viva). Otro, mi querido exalcalde de Sanxenxo José Luis Rodríguez Lorenzo, pasó el día dando explicaciones por contestar así a la pregunta de cuál era el mejor momento para el sexo: “Cuando es consentido”.

Día de reflexión. Como si Carmona en lugar de ser todos los madrileños fuese Carmona

No hay día de mayor estrés que el de reflexión: a la impostura pública hay que sumarle de repente la privada. Se tiende a pasear, leer la prensa, subir al monte, conocer a los hijos, hacer la compra o ver una “agradable” película. Todos estos actos tienen de golpe algo de extraordinario, una insólita capa marciana. Como se reviste todo de normalidad el error es doble: a la normalidad, en nota de prensa y cita con los fotógrafos, se le da marchamo de absurdo. Como si Carmona enloqueciese y en lugar de ser todos los madrileños se pusiese a ser Carmona, y no encajase. Un día un candidato dirá: "Yo voy a aprovechar la mañana para subirme por primera vez al metro".

También hay quien da un paso al frente y lo arruina todo. El candidato Javier de Andrés, de Álava, dijo que iba a aprovechar el sábado para arreglar unos enchufes. A Cristina Cifuentes, sin embargo, se le desplomó un señor delante en el Retiro, o sea, vino Dios a verla. La candidata fue rápida al levantar al hombre, que se había caído en bicicleta. El señor dijo ya de pie que Cifuentes se había ganado “su voto”. La jornada también sirve para reflexionar el sentido que tiene la campaña electoral, el Gobierno y las leyes cuando puede uno salir al Retiro y ponerse a levantar gente para ganar las elecciones. Una vez en pie, el hombre se fue discretamente. No hubo manera de comprobar si era Marcos, el amigo de Feijóo. O directamente Carmona.