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El hospital Ramón y Cajal, símbolo de la disyuntiva de la sanidad española

El centro pugna por mantenerse como referente en especialización mientras debe atender un número creciente de pacientes crónicos

Médicos del hospital Ramón y Cajal (Madrid) durante su visita a EL PAÍS esta mañana. Con ellos, Antonio Caño (quinto por la derecha, director de EL PAÍS) y Eva Saiz (a la izquierda, subdirectora del periódico).
Médicos del hospital Ramón y Cajal (Madrid) durante su visita a EL PAÍS esta mañana. Con ellos, Antonio Caño (quinto por la derecha, director de EL PAÍS) y Eva Saiz (a la izquierda, subdirectora del periódico).

El sistema sanitario madrileño —y, en general, el español— se enfrenta a la necesidad de un cambio: por un lado, mantener su carácter puntero en especialización. Por otro, atender los requerimientos de una población "crónica y pluripatológica, ese 5% de los pacientes que consumen el 50% de los recursos". La definición es de Luis Manzano, del servicio de Medicina Interna del hospital Ramón y Cajal de Madrid, un grupo de cuyos jefes de servicio —11 de ellos— ha visitado esta mañana EL PAÍS. Un encuentro, como ha dicho el director del diario, Antonio Caño, con el objetivo de cooperar y conocer la situación de un servicio público esencial como es la sanidad.

El centro sanitario puede considerarse un símbolo de la coyuntura. Inaugurado en 1977 como un centro de especialidades, casi como un hermano menor del vecino hospital de La Paz, pugna por mantener ese carácter de hospital puntero a la vez que se ha visto obligado a quintuplicar el número de camas dedicadas a Medicina Interna (de 21 a más de 100, indica Manzano), la especialidad que, junto a Medicina de Familia y Geriatría está llamada a liderar la atención de los pacientes crónicos. Otra especialidad que nota especialmente la presión que supone el envejecimiento es Neurología, como ha explicado Jaime Masjuán. También Urgencias, con más de 400 pacientes diarios, y que supone el 65% de los ingresos, añade Fernando Roldán.

"Queremos ser el Karolinska español", afirma tajante José Zamorano, jefe del servicio de Cardiología. "Queremos, podemos por conocimiento, y debemos por responsabilidad hace la sociedad", añadió después. "Queremos, podemos por conocimiento y debemos por responsabilidad con los pacientes"La mención es ambiciosa. El Karolinska de Estocolmo es un centro de alta especialización que "investiga, patenta y es referencia para toda Suecia", admite Zamorano, aparte de ser la sede del centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC).

Precisamente "la pérdida de actividad investigadora" es una de las quejas que ha expresado el jefe de Cirugía general del hospital, Eduardo Lobo, de la situación creada por los recortes. También, claro, la reducción de personal. Otra situación que preocupa a los especialistas es la "poquísima inversión en tecnología", ha dicho Pedro Jaén, jefe de Dermatología del hospital. "Aunque la gente no lo crea, ahora la tecnología más moderna está en la privada; antes no era así", añade. La tecnología es clave en una medicina del futuro —ya del presente— en la que la eficacia pasa porque haya estancias cada vez más cortas del paciente en el hospital, ha dicho Eldiberto Fernández, del servicio de Urología.

Los profesionales —"vocacionalmente", ha dicho Luis Ley Urzaiz, jefe de Neurocirugía del Ramón y Cajal— sienten su responsabilidad de luchar contra las estrecheces. Por ejemplo, Javier Blázquez, responsable del servicio de Radiología, ha indicado que "se ha optimizado el uso de las máquinas, que funcionan sábados y domingos en turnos de  mañana y tarde". Francisco Muñoz, de Oftalmología, ha asegurado que el hospital había empezado a "recibir dinero que antes iba a conciertos" para efectuar las intervenciones de cataratas, por ejemplo. Un proceso similar de desconcertación también se da en Radiología.

Esta situación es especialmente interesante en una comunidad, la de Madrid, que ha vivido la legislatura sanitaria marcada por la lucha entre el Gobierno autónomo y los profesionales por el modelo de gestión de los hospitales. Sobre el teórico ahorro de la privatización (o externalización, como la llamaba la consejería), Lobo opina que la pública "es menos eficiente porque la docencia es muy cara". Este aspecto, el de su tarea formadora, ha sido destacado por varios de los asistentes. Julio Acero, jefe del Servicio de Maxilofacial, ha subrayado que muchos de los licenciados que sacan los mejores números en las pruebas MIR eligen el Ramón y Cajal. También ha aportado como prueba de su calidad "los extranjeros que eligen operarse aquí pagando".

El sistema adolece de rigidez y la gente está desmotivada"

Los especialistas ven el futuro con incertidumbre. "El sistema inviable no es", ha opinado Masjuán, pero "adolece de rigidez lo que a veces dificulta la selección de los mejores", añade Acero. A los médicos les hubiera gustado que se contara más con ellos. "Nos hemos reunido, hemos expuestos nuestros criterios y ahora la pelota no está en nuestro tejado, falta implementarlo", dijo Zamorano.  "No han hecho caso a los profesionales", redunda Lobo. El resultado es un sistema descompensado. 

Además de dar más voz a los expertos, los médicos apuntan que, para que los políticos tomen decisiones, hace falta que la población esté educada como para entenderlas. El enfoque "no es que 'usted tiene derecho a la sanidad pública'; debe ser que 'usted tiene acceso, pero debe responsabilizarse", opina Ley Urzaiz. Ello haría más fácil tomar decisiones como concentrar o coordinar servicios, sin que la ciudadanía sienta que le están quitando algo.