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El niño que cruzó la frontera del Tarajal dentro de una maleta

Abou, de ocho años, pretendía encontrarse con su padre en España

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El niño de ocho años que viajaba en una maleta.

Ella, Fátima E. Y., de 19 años y vecina de Castillejos (Tánger, Marruecos), se paró a le entrada del control de la frontera del Tarajal, en Ceuta. Llevaba una maletita de ruedas, tipo trolley. Miro a la derecha, luego a la izquierda, “parecía nerviosa”, y se quedó ahí, indecisa, en tierra de nadie. Finalmente, se dirigió hacia el paso donde estaban los agentes de la Guardia Civil, curtidos en el control de dobles fondos en los coches. En lo que va de año han sacado de salpicaderos y de los bajos de los vehículos a ocho personas.

Fátima quiso pasar sin colocar la maleta en la cinta del escáner. Pero su actitud mosqueó a los guardias que controlaron su equipaje. “Pensábamos que llevaba droga”, reconoce uno de ellos. Pero no podían ni imaginar la imagen que aparecería en la pantalla segundos más tarde: “Una figura humana se acurrucaba en el interior de la maleta”. La sorpresa fue aún mayor cuando, al abrirla, Abou sacó la cabeza de entre un puñado de ropas: “Je m'appelle Abou”, dijo en francés. Eran las 12.00 de la mañana de ayer.

El progenitor quiso cruzar una hora más tarde, creía que el chico había pasado

Tiene ocho años. Su piel es negra como el ébano y su constitución delgada. Es originario de Costa de Marfil. “Estaba muy asustado”. No conocía de nada a Fátima, su portadora, “una joven a la que habrían pagado solo para hacer de correo”, sospechan los agentes fronterizos. Ella no quiso declarar. La maleta no tenía respiraderos. Pese a todo, el pequeño, que apenas podía hablar, no presentaba síntomas de asfixia. Le atendieron sanitarios de la Cruz Roja. Certificaron que “no sufría ninguna carencia”. Y posteriormente fue puesto a disposición de la Fiscalía de Menores de la Ciudad Autónoma. Fátima fue detenida y hoy tendrá que ir al juzgado a dar explicaciones ante el juez. No irá sola.

Una hora y media más tarde de que Abou abriera sus enormes ojos ante los guardias, llega al control un hombre “de rasgos subsaharianos”. Los agentes le piden la documentación. Es de Costa de Marfil. Le paran.

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Imagen del niño en el escáner de la aduana ceutí. EFE

— ¿De dónde viene?

— De Marruecos, responde en español. Pero vivo en Las Palmas de Gran Canaria. Añadió mostrando su permiso de residencia.

— ¿Tiene familia en España?

— Tengo una mujer, pero está en Europa, y dos hijos.

— ¿Alguna foto?

— No

— ¿Es este su hijo?, le pregunta el guardia sacando la fotografía que una hora antes le habían tomado a Abou.

— Sí.

A.O. son sus iniciales. Tiene 42 años, “y parece que es de los que llegó a Canarias en un cayuco”. Se derrumbó allí mismo. “Estaba convencido de que su hijo había pasado”. Dijo solamente que quería llevárselo con él a Canarias. No quiso declarar nada más. Está detenido. Hoy tendrá que responder a las preguntas de un juez de Ceuta porque es sospechoso de un delito de tráfico de personas, ya que “es posible que pagase a la chica para que colase a su hijo en España dentro de su maleta”.

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