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La prensa vasca hace autocrítica de su actitud en los años de plomo de ETA

Directivos de los principales diarios vascos revisan su comportamiento en los años duros

El cadáver de José Luis López de Lacalle yace en Andoain el 7 de mayo de 2000 tras ser asesinado por ETA.
El cadáver de José Luis López de Lacalle yace en Andoain el 7 de mayo de 2000 tras ser asesinado por ETA.

Alberto Surio (San Sebastián, 1963), exdirector de EITB (2009-2012) y hoy jefe de opinión de El Diario Vasco, el de mayor tirada y más influyente de Gipuzkoa, no olvidará jamás cómo a su regreso de sus vacaciones del verano del año 2000 le esperaban, por vez primera, unos escoltas a su llegada al aeropuerto de Hondarribia. No podía imaginar entonces que no le soltarían hasta una docena de años después. Pocos meses antes, en mayo, ETA había asesinado a José Luis López de Lacalle, colaborador de El Mundo de El País Vasco y fundador del Foro de Ermua, y ya no cabía duda de que la banda terrorista hacía del asesinato de periodistas uno de sus principales objetivos.

Surio, entonces corresponsal político de El Diario Vasco, era su cara más visible. Al poco de ponerle los escoltas, en enero, la Ertzaintza conoció que el comando Totto de ETA pretendía dinamitar el diario. En marzo otra información sobre la preparación de un atentado contra su director José Gabriel Múgica, obligó a éste a mantener la escolta hasta otra docena de años, con cambios constantes de domicilio para burlar la persecución de los informadores de la banda. Dos meses después, en mayo de 2001, ETA asesinaba a Santiago Oleaga, director administrativo de El Diario Vasco, al haber fracasado con sus primeros objetivos. A partir de ese momento, todo el equipo directivo del diario, una docena de personas, tuvo que llevar escolta.

Reaccionamos con tibieza”, admite el director de ‘El Correo’

Juan Carlos Martínez (Vitoria, 1957), director desde 2007 de El Correo, el diario de más tirada e influencia en Bizkaia y Araba, recordará siempre la firme reacción de sus compañeros y la solidaridad de los periodistas vascos, tras la detonación de la bomba que ETA colocó en la rotativa de su diario en junio de 2008. Antes, había sufrido ataques de la kale borroka en la delegación de El Correo en Vitoria. Como director de El Correo vivía escoltado y sometido a severas medidas de protección como sus antecesores, Angel Arnedo (1998-2007) y José Antonio Zarzalejos (1993-1998), seriamente amenazados por ETA como él.

Bingen Zupiria (Hernani, 1961), director del diario nacionalista Deia, desde 2011, recordará siempre cómo el 30 de diciembre de 2008, ETA arrasó las instalaciones de la nueva sede de EITB en Bilbao, de la que era director. Y cómo los periodistas de la radio y televisión pública vasca impidieron que la banda terrorista se saliera con la suya. Informaron ellos mismos del ataque sufrido por los terroristas. A Zupiria no le sorprendió el atentado. Hacia tiempo que periodistas de EITB recibían cartas amenazadoras y algunos habían contemplado la famosa diana con su nombre.

Esta situación explosiva la vivieron los periodistas vascos desde que a mediados de los años noventa, ETA los colocó entre sus objetivos prioritarios, dentro de su estrategia de socialización del sufrimiento, la generalización de los ataques terroristas, cuyo primer aldabonazo fue el asesinato del concejal donostiarra del PP, Gregorio Ordóñez, en enero de 1995. ETA les dedicó una ponencia específica, Txinauriak: “Resultaría muy conveniente una acción muy selectiva contra los periodistas”, a los que se les calificaba de “agentes del enemigo”.

Hasta entonces no había sido así. Tras la dictadura, en los finales de los años setenta, ochenta y hasta mediados los noventa, la prensa no fue un objetivo prioritario de ETA. Tampoco los políticos ni los profesores o los jueces. Lo eran policías, militares y personas a las que consideraban confidentes o relacionadas con la droga. En esos años hubo una respuesta muy tibia al terror.

El tratamiento de los medios de comunicación al terrorismo era, también, mucho más tibio del que fue a partir de mediados los noventa y la prensa vasca no es ajena a una revisión crítica de los comportamientos ante el pasado terrorista en Euskadi.

El director de El Correo admite: “Fuimos un reflejo de la sociedad. Reaccionamos con tibieza. Las portadas de aquella época eran frías, confusas, deslavazadas, empujadas por el ritmo infernal de ETA”, que sólo entre 1979 y 1980 asesinó a 177 personas, además de los crímenes de grupos parapoliciales. Tampoco había editoriales en los medios vascos más importantes hasta los noventa.

“Ver ahora aquellas portadas te deja con la boca abierta. Un asesinato de ETA no era la noticia más relevante. Pero la prensa vasca no dejaba de ser un reflejo de la sociedad vasca del momento, que miraba con perplejidad, cuando no con indiferencia, lo que ocurría. Los periódicos no supieron acercarse a la realidad con la contundencia necesaria y, sobre todo, a las víctimas del terrorismo”.

El periodismo reflejó la evolución de la sociedad vasca”

Martínez atribuye el comportamiento de la prensa de entonces “al clima de confusión existente al final del franquismo y en la Transición, dónde se cometieron errores políticos en el tratamiento del terrorismo, con actuaciones abusivas de las Fuerzas de Seguridad. Esto, unido al miedo que provocaba una ETA muy poderosa y con mucho apoyo social, tenía un efecto paralizante”.

El director de Deia, Bingen Zubiria, señala que la reflexión sobre el tratamiento del terrorismo “ha variado mucho al paso del tiempo, sobre todo respecto a las víctimas, que de no contar han pasado a estar en el centro”. “Los medios hemos seguido la senda marcada por la política. En el debate político primaba buscar la solución al problema de la violencia sobre las víctimas. La preocupación era asentar la democracia con la amnistia, el Estatuto, etc. para acabar con la violencia “.

Surio, de El Diario Vasco, incide: “El periodismo vasco reflejó la evolución de la sociedad vasca y de las contradicciones surgidas al acabar el franquismo y en los primeros años de la Transición. La tremenda presión terrorista del momento se vivió con una actitud social más espectadora”.

El director de Deia recuerda cómo el Pacto de Ajuria Enea, el primer pacto vasco unitario contra el terrorismo de ETA, en enero de 1988, sólo dedicaba una referencia a las víctimas, en su punto 6. “Prestaba mucha más atención a deslegitimar el terrorismo y al logro de un fin dialogado con ETA”.

Pero, recuerda Zupiria, el Pacto de Ajuria Enea supuso un primer avance en el compromiso de los directores de los medios más importantes. El Gobierno vasco del PNV-PSOE, los convocó y les pidió una actuación más comprometida. También en el lenguaje. Consagró la calificación de “terrorismo” en la política y los medios al referirse a la actividad de ETA en detrimento de la expresión “violencia”, más usada hasta entonces. También es verdad que la prensa vasca más importante, al contrario de buena parte de la internacional, no utilizó ni “lucha armada” ni “organización independentista”, al referirse a ETA, ni siquiera en los años de la Transición.

“No lo hicimos bien”

Martxelo Otamendi (Tolosa, 1957), es director desde 2003 del único diario redactado exclusivamente en euskera, Berria, sucesor de Egunkaria (1990-2003), clausurado por el juez del Olmo, en febrero de 2003, bajo la acusación de “tener relaciones con ETA”. Otamendi, entonces director de Egunkaria, fue detenido con media docena de compañeros y estuvo cinco días en dependencias de la Guardia Civil, a cuya salida denunció torturas. En 2012, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó al Estado español por no investigar las torturas denunciadas por Otamendi. Dos años antes, en 2010, la Audiencia Nacional absolvió a Otamendi y sus compañeros. Concluyó que la clausura de Egunkaria “no tenía cobertura constitucional” y que “no había pruebas de la presunta relación de Egunkaria con ETA”.

Otamendi, periodista próximo a la izquierda abertzale, asegura que lo sucedido con Egunkaria le ha cambiado. “Estábamos atrincherados. Cada medio se preocupaba de sus víctimas. Nosotros también informábamos de los atentados de ETA, pero ni hacíamos el despliegue de otros medios ni defendíamos la misma linea editorial de sus condenas. Los medios no nos hemos acercado de la misma manera a las víctimas. Cada uno tiene que hacer su propia revisión crítica del pasado. En nuestro caso, no lo hicimos bien. Cuando mataron a compañeros como López de Lacalle y Oleaga no fuimos ni siquiera a visitar a sus familias”.

La clausura de Egunkaria, en 2003, no contó con la solidaridad de los medios más importantes de Euskadi, que sufrían en aquel momento un fuerte acoso de ETA. Se remitieron en sus editoriales a lo que la justicia decidiera.”Recibimos la medicina que nosotros les habíamos dado antes”, admite Otamendi. “Como nosotros no habíamos actuado bien, no habíamos sido solidarios, no me quejo”.

El director de Berria aprovechó el ataque de ETA contra EITB el 30 de diciembre de 2008 para resarcirse de su actitud de indiferencia con sus compañeros periodistas. Organizó una delegación de medios abertzales que se presentó en las instalaciones de EITB para expresar su condena del atentado y la solidaridad con la institución atacada. El Correo destacó al día siguiente la noticia.

Otamendi recuerda cómo hasta los años noventa, la relación entre los directores de los medios vascos era buena. “Solíamos reunirnos en un jurado con motivo de la elección del Vasco universal del año. Aquello terminó cuando algunos directores tuvieron que ser escoltados”.

El director de Berria precisa cómo tras el Pacto de Ajuria Enea, de 1988, los directores empezaron a ser más beligerantes contra ETA y su entorno y a marcar distancias con los medios abertzales. Pero la principal percepción del cambio de actitud la tuvo cuando ETA amenazó mortalmente a periodistas y mató. “En ese momento, periodistas que habían sido críticos con las torturas y abusos policiales, dirigieron sus críticas exclusivamente contra ETA, e incluso, dejaron de saludar a periodistas abertzales”.

El director de Berria cree que hoy la situación ha mejorado. “Existe diálogo entre periodistas de todos los medios. Cada medio debe hacer su propia revisión crítica. Yo no voy a decir la que tienen que hacer los demás. Nosotros ya hemos empezado la nuestra” . Recuerda, por último, cómo Javier Salutregui, director del clausurado diario Egin por el juez Garzón en 1998, sigue aún en la cárcel.

Surio, jefe de opinión de El Diario Vasco, precisa: “El problema del lenguaje pudo estar más presente en la generación que vivió de lleno el final del franquismo, con una ETA que aún tenía el marchamo del antifranquismo. Yo tenía 12 años cuando murió Franco. Recuerdo mi estreno como periodista con una crónica del asesinato del general Rafael Garrido en San Sebastián el 26 de octubre de 1986 en el que también murieron su mujer y uno de sus hijos. Durante muchos años he tenido un contacto con la tragedia. No he tenido un conflicto de semántica”.

El director de El Correo no duda de que el gran paso de la “tibieza a la contundencia” se produjo a mediados de los años noventa, con el asesinato de Gregorio Ordoñez, en 1995, y particularmente con el de Miguel Ángel Blanco, concejal de Ermua, del PP, en julio de 1997. “Lo horrendo de aquel crimen y sus circunstancias desbordaron el vaso de la indignación con manifestaciones espontáneas, con la Ertzaintza protegiendo las sedes acosadas de HB. Se perdió el miedo. Me sentí muy orgulloso y muy digno al ver aquella respuesta y verla reflejada en la prensa con la contundencia que merecía. La consecuencia fue que se redoblaron las amenazas contra los periodistas. No era una cuestión de heroismo. Hubiera sido deshonesto hacer otra cosa”.

Aunque el acoso de ETA sobre los medios de comunicación existió desde el inicio de la democracia, en 1997 lo peor estaba aún por llegar, como apunta el director de El Correo. En los años ochenta, en las ruedas de prensa de HB, algunos de sus representantes dirigían reproches a los periodistas, con nombres y apellidos, que, con frecuencia, eran también reproducidos en el diario Egin. Algunos fueron vetados. Uno de los primeros periodistas amenazados, en 1982, fue Ander Landaburu, de Cambio 16, por un reportaje sobre el cobro del chantaje en la parte vieja bilbaína. También en esa década, ETA colocó algunos artefactos intimidadores.

Pero las amenazas tomaron cuerpo, coincidiendo con la estrategia de socialización del sufrimiento, en 1995. Entre este año y 2002 tuvieron que abandonar el País Vasco Pedro Briongos y José Antonio Zarzalejos, de El Correo; posteriormente, su hermana Charo, de Vasco Press; José María Calleja, de EITB; José Ignacio Iribar, de RTVE; Carmen Gurrutxaga. de El Mundo; Aurora Intxausti, de EL PAÍS. Otros optaron por quedarse como Gorka Landaburu, de Cambio 16, al que una carta-bomba hirió de gravedad; Marisa Guerrero, de Antena 3; Santiago Silvan, de RNE y Enrique Ibarra, de El Correo, también atacados. Y otros gravemente amenazados como José Luis Barberia, Genoveva Gastaminza e Isabel Martinez, de EL PAÍS. La prensa vasca y sus periodistas sufrieron 140 ataques entre 1992 y 2002, según recoge Ofa Bezunartea en su libro Memorias de la violencia. Y medio centenar de periodistas vascos fueron escoltados durante una década.

El director de Deia subraya que la actitud más beligerante de la prensa contra ETA se produjo cuando la banda “atacó a políticos y periodistas; no sucedía igual cuando las víctimas eran policías, militares o presuntos confidentes”. “Fue en ese momento, con el Gobierno de Aznar, cuando las víctimas empezaron a ocupar un lugar central, aunque también hubo utilización política”.

Surio admite que el asesinato de Gregorio Ordoñez le marcó especialmente y cree que, también, a la sociedad. “Le conocía mucho porque yo había hecho crónica municipal y su asesinato tuvo un impacto tremendo en la sociedad. Nuestra conciencia fue paralela a la de la sociedad vasca, indignada con un terrorismo que amplió sus límites hasta una persecución en toda regla, hasta atacar la libertad de opinión, algo inédito en el corazón de Europa. Creo que en ese momento supimos actuar con dignidad y compromiso. Pero no nacimos para ser héroes. Ni siquiera valientes. Eramos profesionales que tuvimos la mala suerte encontrarnos con el terrorismo”.

El director de El Correo sostiene que en esa segunda etapa “fuimos más beligerantes y más dignos, con actitudes de justa contundencia” y “aunque llegamos tarde, los periodistas no hemos sido los que más hemos mirado para otro lado y no saldremos los peor librados en la historia”.

El punto más débil del comportamiento de los medios fue para Martinez el tratamiento a las víctimas. “Nos faltó humanidad y capacidad de distinguir a todas las instituciones que las víctimas eran lo primero. En esta etapa nos van a ocupar mucho. Tenemos que atenderles y rendirles homenaje, evitando las utilizaciones partidistas. Se lo debemos”.

El director de Deia coincide: “Hemos maltratado a las víctimas al no prestar la debida atención a su dolor. Fuimos observadores y nos equivocamos porque ante el dolor hay que tener una sensibilidad especial”. Zupiria se encuentra hoy más reconfortado porque parte importante de las víctimas, las de ETA, están reconocidas. Pero está preocupado porque las otras víctimas, las de la Guerra civil, las del franquismo, los grupos parapoliciales y del Estado “siguen teniendo un trato de segunda”.

Los informadores sufrieron 140 ataques entre 1992 y 2002; muchos se fueron

El director de El Correo insiste en que en esta etapa, con el cese final del terrorismo, es “prioritario recordar que no se hicieron bien las cosas con las víctimas,” y cree, también, que “hay que atender a todas”. Pero defiende que los periodistas “no debemos alentar venganzas ni climas de persecución”.

Esta filosofia llevó a su diario a mantener una actitud “paciente y comprensiva” en el último intento de final dialogado entre el Gobierno de Zapatero y ETA, en 2006. “Si era posible un final pacífico y digno había que intentarlo. Torpedearlo hubiera estado en contra del deseo de la mayoría de los vascos”. “Sé que es complicado entenderlo fuera de aquí. Pero nosotros sufríamos el terrorismo directamente y terminar con algo que amenazaba con quitarte la vida era lo prioritario. El día que ETA anunció su cese definitivo, titulamos en primera !Por fin!. Nos salió del alma”.

Del mismo modo, Martinez recuerda cómo cuando la izquierda abertzale empezó a desmarcarse del terrorismo de ETA en El Correo “nos volcamos informativamente”. “Algunos podían pensar, sobre todo fuera de aquí, que les hacíamos el juego. Pero pensábamos que contribuíamos al final del terrorismo. Y el terrorismo se acabó”. “Entonces y hoy tenemos una linea editorial que nada tiene que ver con lo que piensa la izquierda abertzale. Pero es compatible con informar sobre sus actividades y mantener una relación normal con ellos mientras respeten las reglas democráticas. A la vez que les recordamos que tienen pendiente un reconocimiento de su falta de comportamiento ético en las décadas del terrorismo. Y a toda la sociedad, la deuda que tenemos con las víctimas”.

Surio, que era corresponsal político de El Diario Vasco, durante el final dialogado de ETA, admite: “Apoyé aquel proceso, con sus contradicciones, como la mayoría de los vascos. Fue un intento digno de dar carpetazo a un conflicto enquistado que provocaba un inmenso dolor. Euskadi estaba en emergencia y necesitaba soluciones democráticas, que se cerraran las heridas y la izquierda abertzale se integrase. No era cuestión de blanco o negro. Afortunadamente, al final, se logró”.

El jefe de opinión de El Diario Vasco asegura que “hemos sufrido mucho, pero esta nueva etapa no hay que abordarla con espíritu de venganza. Pero tampoco olvidar esta tragedia. Como decía Ramiro Pinilla, antes de pasar la página, hay que leerla, pensando en las futuras generaciones”.

El director de Deia valora la “labor pedagógica” sobre el terrorismo que hizo el Gobierno vasco con los medios de comunicación de Euskadi, desde el Pacto de Ajuria Enea, en contraste con el Ejecutivo central y los medios nacionales, sobre todo, al romperse el consenso antiterrorista en 2004, estando el PP en la oposición. Eso y las ganas de acabar con el terrorismo de la sociedad vasca explica el distinto tratamiento que ha tenido el final de ETA en los medios vascos y españoles, a juicio de Zupiria. Estima que el papel de la prensa ahora consiste en “recuperar la memoria histórica, pero extendiéndola a todas las víctimas, otorgándoles el protagonismo, pero sin exclusivismos”. Y ofrece el apoyo editorial a “todas las iniciativas de acuerdo” en esta dirección.

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