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Adolfo Scilingo, el recluso modelo que no se arrepiente de sus crímenes

El juez niega la semilibertad al represor argentino porque no ha pedido perdón a sus víctimas

El exmilitar argentino Adolfo Scilingo durante su juicio en abril de 2005.
El exmilitar argentino Adolfo Scilingo durante su juicio en abril de 2005.

Televisión Española colaboró, sin pretenderlo, en la detención de uno de los criminales más sanguinarios condenados en España. Después de que confesara en medios argentinos su participación en los fatídicos vuelos de la muerte —el lanzamiento al mar desde aviones militares de opositores a la dictadura argentina narcotizados—, Adolfo Scilingo aterrizó en el aeropuerto de Barajas el 7 de octubre de 1997 con billete pagado por el ente público. Pero, en contra de lo que esperaba, no pudo acudir al plató del Programa de Carlos Herrera, donde se le esperaba como invitado estrella. Scilingo fue conducido a la Audiencia Nacional para someterse a otro interrogatorio, el del juez Baltasar Garzón, que investigaba la brutal represión de ese régimen.

— ¿Participó usted en alguno de esos vuelos?, le preguntó el magistrado.

— Este...bueno..., titubeó Scilingo.

— Responda únicamente sí o no, replicó Garzón.

Con voz queda, como sin querer decirlo, Scilingo volvió a confesar. “Sí”, dijo. El juez, de manera automática, le comunicó su detención. Esa noche, como estaba pactado, el exmilitar argentino respondió a las preguntas de Carlos Herrera, pero lo hizo desde la cárcel de Carabanchel. “Merezco la condena que corresponda”, le dijo al periodista. La que le correspondió años después fue de 1.084 años de cárcel por 30 asesinatos y 255 secuestros, todos ellos considerados crímenes contra la humanidad.

Los delitos

El teniente de fragata Adolfo Scilingo fue condenado por el Supremo el 1 de octubre de 2007 a 1.084 años de cárcel como autor de 30 asesinatos, un delito de detención ilegal y como cómplice de 255 secuestros más, considerados todos ellos crímenes contra la humanidad.

Primer ‘vuelo de la muerte’. En junio de 1977, junto a otros oficiales y un médico introdujo a 13 represaliados de la ESMA en un avión Skyban y los arrojó en alta mar por la popa del avión desnudos y narcotizados con pentotal. Tras drogarlos, el médico se trasladaba a la cabina para no ver cómo los arrojaban. Scilingo aseguró que mientras los lanzaba, él mismo estuvo a punto de caer al agua.

Segundo ‘vuelo de la muerte’. Agosto de 1977. Scilingo ayudó a arrojar al mar a otros 17 prisioneros desde un Lockhead Electra. El método empleado fue el mismo que en el vuelo anterior.

Detenciones ilegales. Scilingo participó como chófer en el secuestro de una persona a mediados de 1977. El tribunal lo consideró cómplice de los otros 255 que pudieron acreditarse en la ESMA.

Han pasado casi 17 años y medio desde ese día y ese afán colaborativo y de asunción del propio delito parece haberse esfumado. Tras más de 14 años en la cárcel —más de la mitad de los 25 años de efectivo cumplimiento en los que se traducen esos 1.084—, Scilingo ha solicitado su paso al tercer grado, lo que le permitiría salir cada día a trabajar y volver a la celda por la noche únicamente para dormir. El preso se apoya en los informes de la cárcel que lo señalan como un preso modelo. Los funcionarios del centro penitenciario lo consideran un tipo comunicativo, trabajador y, como buen exmilitar, receptivo a las instrucciones que recibe de ellos. En su expediente, además, no consta ninguna sanción sin cancelar.

Gracias a su buen comportamiento, el represor argentino es considerado un preso de confianza y trabaja cada día como ordenanza en uno de los destinos reservados para este tipo de internos, el Módulo de Ingresos y Libertades, desde donde se provee a los recién llegados de los enseres necesarios para la vida en prisión. Los funcionarios que lo tienen a su lado han hecho llegar a Instituciones Penitenciarias excelentes informes de conducta. En ellos explican que Scilingo se comporta durante su jornada laboral —que empieza a las 8 y termina a las 20.30— “con dedicación y responsabilidad”. Lo mismo que en las tareas de limpieza que tenía asignadas anteriormente. Además, asiste con regularidad al culto religioso. Y nada de adicciones: no consume drogas, tampoco tabaco.

Entre los calificativos reservados por los especialistas penitenciarios a las conductas de los internos, la de Scilingo merece el de “activo-positiva”. Algo que también se refleja en las actividades formativas en las que participa. Tanto en el curso de cerámica y porcelana, como en el de auxiliar de biblioteca, en los de idiomas, sus calificaciones oscilan entre “destacada” y “excelente”. Al igual que en el taller de auxiliar de comedor o en sus labores como subalterno o encargado de almacén. “No se detectan conductas anómalas en su forma de ser habitual”, “mantiene la totalidad del día correctamente ocupada y conserva el contacto con sus familiares”, afirman las resoluciones del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, que resaltan “su especial preocupación por el orden en todos sus aspectos y por no dejar ningún asunto sin acabar”.

Scilingo “dedica buena parte de sus esfuerzos a que en algún momento se llegue a reconocer su honorabilidad”

Sin embargo, pese a sus excelentes recomendaciones, el titular de ese juzgado, José Luis de Castro, ha denegado su semilibertad. Y lo ha hecho porque Scilingo “no asume plenamente el delito por el que cumple condena”. El exmilitar argentino considera que su paso por la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros de detención clandestinos más macabros de la dictadura argentina por el que pasaron unos 5.000 represaliados, fue “un acto de guerra” ejercido dentro de sus labores profesionales como militar durante esa época.

Scilingo, todavía hoy, “dedica buena parte de sus esfuerzos a que en algún momento se llegue a reconocer su honorabilidad”, según el magistrado. El preso intenta escapar de su propia confesión que condujo a su condena. Ahora, 17 años después, se considera inocente. Asegura que su sentencia no recoge las fechas de los dos vuelos de la muerte en los que admitió haber participado ni los nombres de los 30 detenidos que, según su condena, ayudó a tirar al mar.

Por eso es incapaz de pedir perdón, uno de los indicios de asunción del delito que le permitiría demostrar que se arrepiente. Un paso fundamental para dar prueba de su rehabilitación. Scilingo mantiene que ese acto de contrición es inviable porque sin víctimas no hay delito. El represor argentino asegura que, por esa razón, jamás podrá pedir perdón a sus familiares. Que no sabe quiénes son. Que no puede arrepentirse de algo que desconoce y que las víctimas que se le achacan no existen.

El recluso se niega a pedir perdón a sus víctimas porque asegura que no existen

Este empeño en demostrar su inocencia ha provocado, además, que sus informes psicológicos también sean negativos. Uno de los que le realizaron en Alcalá-Meco considera que el exmilitar argentino sufre una tendencia psicopática. El psicólogo penitenciario refleja que Scilingo muestra frialdad hacia los hechos por los que fue condenado y subraya su ausencia de empatía con las víctimas y el hecho de que no se muestre arrepentido. Además, concluye que el riesgo de que vuelva a reincidir es medio-alto, a pesar de que sea más que improbable que se repitan las circunstancias en las que el preso cometió sus crímenes.

“No quiero que le alivien de ningún modo la condena”, explica indignada Rosa Roisinblit (95 años), vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, cuya hija, desaparecida junto a su marido en 1978, estuvo detenida en la ESMA —el destino en el que sirivió Scilingo— mientras estaba embarazada, y su nieto, entregado a una pareja de funcionarios hasta que logró recuperarlo en 2000. “Yo estuve en Madrid en el juicio, y cada vez que declaraba en su contra, él bajaba la cabeza como afirmando. Es un delincuente, faltó a la verdad. No por nada se condena a alguien a más de 1.000 años de cárcel”, prosigue Roisinblit.

Rosa Roisinblit, madre de una víctima de la ESMA: "No quiero que pida perdón, sino saber qué fue de mi hija"

Rosa recuerda la angustia de esos días. Cómo al ver en persona a Scilingo pensó que, al fin, alguien le iba a decir que es lo que había ocurrido con su hija, algo que aún hoy desconoce. Tampoco le sorprende la falta de arrepentimiento. “Ninguno de estos asesinos ha pedido perdón. Si Scilingo está diciendo que es inocente, ¿cómo va a hacerlo?”, continúa Roisinblit. “Además, yo no lo necesito, que se lo pida a las personas que tiró al agua”, añade. “Lo que yo quiero saber es saber qué pasó con mi hija”.

La abuela rememora sus primeras apariciones en la televisión argentina, en la que confesó, como hizo después ante el juez Baltasar Garzón, todos sus delitos. “Salió de ese programa y en la calle no había ningún fiscal, ningún juez, ningún policía”, afirma. “Salió libre de Argentina y eso no me lo puedo perdonar”. Hasta que llegó a Madrid para dar otra entrevista, la de Carlos Herrera. Una entrevista que, esta vez sí, tuvo que responder desde prisión.

investigacion@elpais.es