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Test de estrés a los partidos políticos

EL PAÍS analiza la respuesta de las formaciones ante la pérdida de prestigio

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Asamblea de acampados del Movimiento 15-M, en 2011.

¿Están los partidos políticos españoles preparados para afrontar los nuevos tiempos? ¿Tienen suficiente capital político para liderar la regeneración que necesita nuestro país? La respuesta no es sencilla. Las medidas adoptadas ante la crisis económica y, sobre todo, los casos de corrupción han descapitalizado a las dos formaciones mayoritarias. El PP y el PSOE saben que tienen menos de un año para rearmarse y aguantar el tipo en las elecciones generales de noviembre de 2015 ante la acometida de Podemos, con una escala intermedia en mayo, con las elecciones autonómicas y locales. Todas las fuerzas políticas han iniciado una ofensiva basada en la participación, la transparencia y la regeneración para ganarse la confianza de los ciudadanos, según se desprende del test de estrés realizado por EL PAÍS para determinar la salud de los partidos españoles.

El 15 de septiembre de 2008 las finanzas mundiales temblaban con la quiebra de Lehman Brothers. La caída de esta firma de Bolsa norteamericana hundió los mercados de todo el mundo y generó la mayor crisis económica desde 1929. Seis años después, los grandes bancos occidentales todavía se tienen que someter periódicamente a pruebas de estrés para que se compruebe si tienen capital suficiente para afrontar circunstancias adversas en los nuevos tiempos. Y lo van consiguiendo a base de medidas drásticas por parte de las autoridades y fuertes inyecciones de dinero para fortalecer los balances.

La sociedad española ha sufrido en los últimos años un terremoto similar. Los casos de corrupción que involucran a los principales partidos de toda España han mermado su capital político, situando en mínimos la confianza de los ciudadanos hacia los políticos y en máximos la desafección hacia los servidores públicos y las instituciones. El bipartidismo está en grave riesgo, según se desprende de las últimas encuestas, y los líderes de PP y PSOE no parecen mostrar la firmeza necesaria en la lucha contra la corrupción como para convencer a los ciudadanos de que la regeneración es una prioridad real. Los sondeos de opinión marcan una línea descendente del PP, un ligero rebote después de una tremenda caída del PSOE, una subida constante (aunque frenada en el último mes) a favor de Podemos y en contra de IU y, sobre todo, unas enormes cotas de abstención. Y todo ello porque los ciudadanos no parecen convencidos de que los partidos tradicionales sean capaces de enfrentarse a la corrupción de forma ejemplar.

Hasta el rey Felipe, en su mensaje de Navidad esta semana, se hizo eco del ambiente de la calle al afirmar que “esa tarea contra la corrupción es un objetivo irrenunciable”. Usó las palabras “cortar de raíz y sin contemplaciones”.

El bipartidismo está en pleno declive y se ha desatado una dura lucha por el espacio entre el centro y la izquierda

Pero los políticos van a otro ritmo. Después de meses de conversaciones entre PP y PSOE en busca de un supuesto pacto anticorrupción, los socialistas se levantaron de la mesa abruptamente y los populares optaron por lanzar su paquete de 70 medidas para regenerar la política y las instituciones. Uno y otro se echan la culpa de la ruptura del acuerdo, pero la realidad es que el mensaje que han enviado a la opinión pública es que no son capaces de tener posiciones comunes ni siquiera para solucionar lo que los españoles consideran el segundo gran problema nacional, según la última encuesta del CIS. Así es difícil que puedan recapitalizarse.

PP y PSOE han andado parte del camino de la regeneración, pero en el fondo están paralizados frente al problema de la corrupción política, que es el principal lastre del bipartidismo para mantener su hegemonía. Saben que lo natural sería negociar un gran pacto contra la corrupción, pero temieron que ese acuerdo fuera utilizado por Podemos como un “pacto de la casta” para hacer borrón y cuenta nueva. Han entrado en un bucle destructivo en el que cada miércoles en el Congreso de los Diputados se echan los trastos a la cabeza para deleite de las demás fuerzas políticas.

Tras seis semanas de análisis sobre la situación de los partidos, en un test en el que han participado la gran mayoría de ellos, se puede afirmar que, a pesar de los esfuerzos que vienen realizando en los últimos meses por aumentar la participación ciudadana y la transparencia y volcarse en la regeneración, todos ellos están escasos de capital político para afrontar los nuevos tiempos. Éstos podían ser los titulares de cada partido:

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Fachada del Congreso de los diputados.

— El Partido Popular está descapitalizado por la corrupción, que ha llegado al corazón de la organización, aunque confía en recuperarse durante los próximos meses gracias a la mejora de la situación económica, a las acciones de transparencia y a las medidas de regeneración anunciadas. Tienen problemas de liderazgo y de luchas internas.

— El PSOE ha iniciado su recuperación gracias al gran cambio realizado por el nuevo equipo, pero los casos de corrupción (sobre todo en Andalucía) y sus problemas de credibilidad heredada del Gobierno de Zapatero dificultan el despegue definitivo. Los resultados de autonómicas y municipales pueden reabrir la batalla interna.

— Izquierda Unida ha sufrido un duro golpe por la irrupción de Podemos y lucha con ellos y con el PSOE por un espacio en el que la participación ciudadana es básica. El cambio generacional puede ser una ventaja.

— UPyD encabeza las clasificaciones de transparencia y limpieza democrática y mantiene una línea ligeramente ascendente. Su negativa a pactar con Ciudadanos ha creado un techo electoral muy difícil de romper.

— Podemos irrumpió con fuerza en el panorama político como un partido protesta, pero la falta de consistencia y la inconcreción de sus propuestas, así como la sospecha de tener un programa oculto, han frenado su ascenso.

— El PNV se mantiene en una situación estable, con un problema de posicionamiento por el efecto contagio de los partidos catalanistas y la presión de la izquierda abertzale.

— Ciudadanos es una fuerza política limpia y fresca, sin problemas derivados del pasado, pero con el mismo techo de UPyD, por el fracaso en la alianza entre ambos.

— ERC le ha ganado terreno a CiU con una propuesta radical de independencia que ahora se le puede volver en contra si se desinfla el proceso.

Cómo se hizo el estudio

¿Están los partidos políticos españoles preparados para afrontar los nuevos tiempos? Para obtener respuesta a esta pregunta, EL PAÍS inició en noviembre un proceso de análisis sobre la salud de nuestras fuerzas políticas; una especie de test de estrés similar al que la Autoridad Bancaria Europea realiza periódicamente a los bancos del continente.

El estudio analiza ocho aspectos: evolución electoral y encuestas, afiliación, financiación, transparencia, participación, buen gobierno, corrupción y programas electorales.

En una primera fase, EL PAÍS se dirigió a los principales partidos políticos españoles para pedirles su colaboración en el estudio, respondiendo por escrito a un cuestionario. Posteriormente se celebraron reuniones con cada partido para aclarar algunos aspectos, así como un intenso trabajo de “navegación” por las páginas web de cada formación para comprobar los datos. CiU renunció a participar en el test desde el principio, por lo que no aparece en el estudio.

A pesar del enorme volumen de información tratada y seleccionada en los cuadros que se publican en este reportaje, no ha sido posible puntuar a cada partido por falta de criterios objetivos en algunos casos.

El test de estrés se ha centrado en ocho asuntos: evolución electoral, afiliados, transparencia, participación, modelo de financiación, normas de buen gobierno, respuesta ante la corrupción y programas electorales (información completa en las páginas 6 y 7).

1. Evolución electoral

Las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014 supusieron un auténtico vuelco en el reparto de las fuerzas políticas en España, que se ha venido confirmando posteriormente en todas las encuestas publicadas. La tendencia es clara: el bipartidismo ha iniciado su declive, a no ser que PP y PSOE sean capaces de reaccionar y afrontar de manera diferente los principales problemas del país. Podemos irrumpió con fuerza y de forma sorpresiva en las elecciones y siguió sorprendiendo mes a mes en todas las consultas a los ciudadanos, ocupando tanto las posiciones tradicionales de Izquierda Unida como las del PSOE, en un intento de ocupar la “centralidad del tablero”, en palabras de su líder, Pablo Iglesias. En los últimos días se han publicado encuestas sobre intención de voto en Cataluña y el País Vasco; y en ambos casos, Podemos sigue creciendo de forma notable.

La mayor caída es, sin duda, la del Partido Popular, que perdería ahora más de la mitad de los votos obtenidos en las elecciones generales de noviembre de 2011. Esos votos irían más a la abstención que a otras fuerzas políticas y eso tranquiliza un poco al partido de Mariano Rajoy, que se cree capaz de volver a movilizar a su electorado gracias a sus medidas de regeneración y, sobre todo, gracias a la recuperación económica que ya se apunta.

El PSOE tocó fondo en las elecciones al Parlamento Europeo de este año y allí inició una fase de recuperación, según las encuestas, que ha tenido sus altibajos pero que le sitúa en este momento a la cabeza de las fuerzas políticas. Hay, sin embargo, una lucha a muerte con Podemos y, en menor medida, con Izquierda Unida para ocupar el amplio espacio que va desde el centro hasta la izquierda.

2. Afiliados

En los últimos meses todos los partidos han modificado sus páginas webs para ampliar la información que divulgan

El PP ha sido tradicionalmente el partido con mayor número de afiliados y la crisis no ha hecho mella en estas cifras: se mantiene por encima de las 800.000 personas que pagan religiosamente su cuota. El PSOE tiene una cuarta parte que el PP (195.000), tan solo, aunque la cifra nunca ha sido muy superior. El caso de Podemos puede llamar a engaño porque no tiene un censo de afiliados que pagan sus cuotas, como hacen todos los partidos políticos, sino un listado de 270.000 personas que se han inscrito para poder participar en las decisiones asamblearias.

3. Transparencia

Este es el apartado en el que más se han esforzado los partidos políticos en los últimos meses. Todos ellos han modificado sus páginas webs y han ampliado la información que divulgan a los ciudadanos tras la aprobación de la Ley de Transparencia, la primera de la democracia, presentada por el Gobierno del PP. UPyD es el grupo que encabeza todas las clasificaciones en este ámbito y lo lleva haciendo desde su fundación. El PSOE ha avanzado mucho en este terreno desde la llegada del nuevo equipo, encabezado por Pedro Sánchez, al igual que el PP, que ha mejorado notablemente sus niveles de transparencia.

En todos los casos, hay camino por avanzar, como la publicación de los presupuestos de las campañas electorales y su ejecución, así como la agenda pública de los viajes de diputados, senadores y cargos públicos. Algunos partidos han anunciado que lo harán, pero el acuerdo parlamentario alcanzado hace unas semanas no obliga a su divulgación.

4. Participación

En este apartado es donde hay más diferencias, por los estilos distintos de cada partido. Todas las fuerzas políticas, a excepción del PP, celebran elecciones primarias para elegir a sus candidatos, y en algunos casos esas primarias están abiertas a los simpatizantes (PSOE e IU), o incluso tienen dos vueltas (PNV).

La participación de los ciudadanos es uno de los principales puntos de competencia entre las formaciones

La participación de los ciudadanos está siendo uno de los principales puntos de competencia entre los distintos partidos políticos, especialmente PSOE, IU y Podemos, que luchan por un electorado similar y que están desarrollando todo tipo de asambleas abiertas o canales digitales para abrirse al debate público.

UPyD y Ciudadanos compiten también en ese terreno con visiones de modernidad, y el PNV insiste en que nació como un partido asambleario hace 120 años y que la participación forma parte de su propia esencia, al igual que ERC, que destaca la celebración de referendos para sus decisiones. El PP ha avanzado en ese terreno, en una web multidispositivo y mediante foros, como Juntos salimos o En la buena dirección.

5. Financiación

La financiación de los partidos políticos ha sido históricamente tormentosa y causa principal de los casos de corrupción. Las sucesivas leyes de financiación no han podido acabar con el problema, aunque en los últimos años la presión por la transparencia ha conseguido que todos los grupos publiquen en su página web los datos de ingresos y gastos. Las subvenciones siguen siendo la principal fuente de recursos de los partidos, seguido de las cuotas y las donaciones.
Todas las formaciones políticas se han tenido que apretar el cinturón tras las últimas medidas de austeridad en las subvenciones, pero hay todavía problemas de fondo con la deuda acumulada. El martes 23 de diciembre, los principales grupos parlamentarios consensuaron la prohibición de que las entidades financieras condonen las deudas a los partidos; una buena medida desde el punto de vista de la regeneración política.

6. Normas de buen gobierno

Salvo el PNV, que siempre ha tenido en sus estatutos unas normas de comportamiento muy tasadas y estrictas, casi todos los demás partidos se han lanzado en los últimos años a elaborar códigos de conducta propios como respuesta a los casos de corrupción. Unos los llaman código de buenas prácticas; otros, código ético o carta financiera, pero todos han llegado a la conclusión de que es imprescindible tener unas normas de actuación que les protejan frente a posibles irregularidades de sus afiliados o cargos públicos. Cada vez más, las formaciones políticas hacen firmar a sus afiliados esas normas de actuación, como hacen las grandes empresas con sus directivos de acuerdo con sus normas de gobierno corporativo. Estas normas se refieren a incompatibilidades, aportaciones al partido, declaración de bienes anual y principios de solidaridad, austeridad, respeto, responsabilidad...

Tan solo dos de los partidos consultados no tienen un código de este tipo: Podemos y Ciudadanos. Aunque ambos aseguran que están en proceso de elaboración y que lo presentarán en los próximos meses.

7. Corrupción

Este es, sin duda, el asunto más delicado para los partidos políticos y el que más ha afectado a su reputación, sobre todo a las dos grandes formaciones a escala nacional. Tanto el PP como el PSOE son conscientes de que la corrupción es el segundo problema más importante para los españoles, solo detrás de la crisis económica, y que el enfado de los ciudadanos ante los continuos casos que salen a la luz pública ha sido la principal causa del ascenso de Podemos, que ya ha puesto en jaque al bipartidismo. Además, 2015 será un año especialmente ajetreado para los partidos, ya que se iniciarán algunos de los juicios más importantes que todavía están en fase de instrucción.

El PP es el partido más afectado por casos de corrupción; alrededor de 90 afiliados están imputados en toda España, en una red que ha llegado al corazón mismo del partido, por afectar a su financiación durante muchos años. Ante los innumerables casos aflorados en los últimos años, los dirigentes populares han ido capeando el temporal como han podido, abriendo expedientes y expulsando a la mayoría de los afectados. En los últimos meses, el Gobierno del PP ha lanzado un paquete de medidas de regeneración democrática que se tienen que ir aprobando y desarrollando.

El PSOE, aunque menos, también tiene decenas de altos cargos imputados, en torno a 35 en estos momentos. El caso más grave es el de los ERE de Andalucía, que ha salpicado a los dos anteriores presidentes del partido. Con la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general socialista se han intensificado las acciones de regeneración, aunque en el PSOE, al igual que en el PP, saben que la reputación se consigue en muchos años, se pierde en unos meses y se vuelve a recuperar en años.

Izquierda Unida tiene en torno a media docena de afiliados imputados y CiU tiene graves problemas de corrupción, tanto en las filas de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) como en la de Unió (UDC). Sin embargo, los dos partidos catalanes que forman la coalición CiU no han respondido a la solicitud de EL PAÍS para participar en este test de estrés.

El PNV tiene un solo afiliado investigado y el resto de los grupos no están implicados en caso alguno.

8. Programas electorales

Este último apartado es el que tiene más ocupados a todos los partidos políticos en estos momentos. Es la hora de que los grupos que están en el poder hagan balance del grado de cumplimiento de sus ofertas y elaboren los nuevos programas para ilusionar a los ciudadanos en las elecciones autonómicas y municipales de mayo, y las generales en noviembre.

El PP reconoce que ha tenido que tomar medidas impopulares y contrarias a su programa de 2011, aunque asegura haberlo cumplido en un 80%. El PSOE, que también incumplió el suyo en la segunda legislatura de Zapatero, trabaja en un nuevo proyecto, “el cambio seguro”, que intenta reinventar la socialdemocracia. También luchan por la socialdemocracia IU y Podemos, mientras que UPyD y Ciudadanos compiten por un público similar que busca reformar el sistema pero con garantías. PNV y ERC están en guardia ante lo que pueda suceder en el País Vasco y Cataluña.

Concreción, claridad, viabilidad, consistencia, fiabilidad…, esas son las palabras que más utilizan los políticos cuando preparan sus programas. Y ese es ahora el principal problema de Podemos en su intento de llegar al poder. Han pasado de la izquierda anticapitalista a la socialdemocracia en apenas seis meses y siguen sin concretar sus propuestas. Esto ha llevado a un conocido empresario a decir que el programa de Podemos le recuerda a Groucho Marx cuando decía: “Estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”.

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Es difícil puntuar a cada partido en cada uno de los ocho apartados elegidos para este test de estrés, pero sí se puede afirmar que todos están haciendo esfuerzos por adaptarse a los nuevos tiempos, aunque a unos les cuesta más que a otros recapitalizarse. Unos por falta de credibilidad y otros por haber agotado sus mensajes. La regeneración se hace difícil para el PP y el PSOE, las dos formaciones más salpicadas por casos de corrupción, porque aunque están implicados en regenerarse, a lo mejor no están comprometidos. ¿Cuál es la diferencia? Un viejo chiste lo explica con un plato de huevos fritos con jamón, en el que para hacerlo la gallina se implica y el cerdo se compromete.

Esta información ha sido elaborada con la colaboración de Anabel Díez, Francesco Manetto, Miquel Noguer y Juan Mari Gastaca.

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