Iglesias: “No quiero que Cataluña se vaya, pero la casta les ha insultado”

El líder de Podemos defiende en Barcelona una España como "país de países"

Pablo Iglesias, durante su mitin en Barcelona. CONSUELO BAUTISTA/ ATLAS

Pablo Iglesias trató de demostrar ayer en Barcelona que Podemos representa la única alternativa en el mapa político catalán: una opción ni centralista ni independentista. Ese intento pasó por un durísimo ataque al proyecto de CiU, a la que vinculó a la austeridad y a la corrupción, y por una defensa del derecho a decidir que evita toda concreción sobre el plan territorial del nuevo partido.

 Podemos quiere situarse en un terreno equidistante. Se emplea en lanzar guiños a la sociedad catalana y a la vez en dejar claro que no es partidario de la independencia, aunque asegura que respetaría la decisión de los ciudadanos. Su secretario general lo resumió ante cerca de 3.000 simpatizantes reunidos en el polideportivo del barrio de Vall d’Hebron frente al que se formaron colas de centenares de personas que finalmente no lograron entrar. “¿Quiero que Cataluña se vaya? No quiero. Pero sé que la casta española ha insultado a los catalanes”, enfatizó Iglesias, apelando en su discurso a las mismas emociones que esgrimen habitualmente las formaciones independentistas: la “ilusión” por un cambio y la sensación de protagonizarlo a través del voto.

La diferencia consiste en ampliar el foco. El líder de Podemos y la secretaria de Plurinacionalidad del partido, Gemma Ubasart, desvincularon el principio de derecho a decidir del debate soberanista y lo extendieron a la voluntad de los ciudadanos “sobre todas las cosas”. “Derecho a decidir”, dijo Iglesias, “es que la ley no persiga a quien no pueda pagar una hipoteca y que la ley persiga a los evasores fiscales”.

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Le escuchaban, entre otros representantes políticos catalanes, el expresidente de la Generalitat Pasqual Maragall, que fue abucheado por algunos simpatizantes antes del acto, y el diputado de ERC Joan Tardà. En las gradas se sentaban muchas familias y jubilados, y no se vieron banderas —ni estelada ni catalanas o españolas—, una circunstancia que coincide con la filosofía de Iglesias. “No me importan las pulseras. Me importan las cuentas bancarias. Quienes tienen cuentas en Suiza o Andorra tienen un nombre. Traidor. Traidores a su pueblo. Se llamen Pujol o se llamen Rodrigo Rato, no tienen más patria que su dinero”, proclamó.

El secretario general de la formación trató, además, de escenificar el diálogo entre Madrid y Barcelona defendiendo España como “país de países” frente al debate exclusivamente soberanista. “He venido a Cataluña a pediros a los catalanes que estéis en Madrid el día 31 de enero [en la la llamada Marcha del cambio] para decirles a los que gobiernan en Madrid y en Barcelona, también, que su tiempo se ha terminado”, exhortó. El objetivo de Podemos es, en definitiva, concitar los sentimientos de todos bajo una misma premisa: la oposición al sistema político conocido y a los partidos de la casta. “A mí no me veréis darme un abrazo ni con Rajoy ni con Mas”, incidió, en referencia al abrazo que David Fernández, líder de la CUP, dio al presidente de la Generalitat el pasado 9-N.

Para lograr ese cambio, aseguran los dirigentes de la formación, la dirección pretende construir un discurso coherente que sirva en toda España. La meta final es una reforma radical de la Constitución. “Hace falta abrir un proceso constituyente que abra puertas y ventanas, que abra los candados”, insistió Iglesias, quien empezó su intervención con una alusión a sus vínculos emocionales con Barcelona, representados por el detective Pepe Carvalho y las novelas de Manuel Vázquez Montalbán.

El líder de Podemos abundó en su concepto de soberanía. “Quiere decir que los representantes del pueblo no representan a fondos de inversión. Soberanía quiere decir que no se cambian los artículos de la Constitución cuando se recibe una llamada de la señora Merkel”, dijo, en alusión a la reforma del artículo 135 de la Ley Fundamental para consagrar el principio de estabilidad presupuestaria. Lo que no dijo fue cómo actuaría ante un escenario real de consulta de autodeterminación, ni cómo lo gestionaría.

Se lo pidió ayer el coordinador general de Convergència, Josep Rull: “Si Podemos es coherente con su discurso de regeneración debe apostar por un referéndum vinculante”. Desde la formación, dejaron claro que una de sus prioridades en Cataluña consiste en desmontar ese discurso, el discurso de CiU.

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