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Los ocho días que terminaron con la farsa de Francisco Nicolás

La policía, tras el aviso de Moncloa, desactivó el montaje fraudulento en una semana

Francisco Nicolás Gómez Iglesias, ayer, a su salida del juzgado. Ampliar foto
Francisco Nicolás Gómez Iglesias, ayer, a su salida del juzgado.

La farsa de Francisco Nicolás Gómez, conocido como el pequeño Nicolás, con la que supuestamente perpetraba fraudes desde hacía años, terminó en ocho días de octubre tras una investigación de urgencia de la policía, alertada desde La Moncloa de las aventuras de un veinteañero que se hacía pasar por colaborador de varias instituciones del Estado. Así se recoge en la documentación incorporada al sumario del caso que instruye un juzgado de Madrid.

»El Gobierno avisa a la policía. El Ministerio del Interior tiene por primera vez noticias de Francisco Nicolás el 6 de octubre. Ese día, la secretaria general de Presidencia del Gobierno, Rosario Pablos López, se dirige por carta al secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, para advertirle de que Francisco Nicolás Gómez Iglesias se ha hecho pasar “en varias ocasiones” por miembro del gabinete de la vicepresidenta y de la oficina económica del presidente. “También se presenta como enlace entre el propio Gobierno de la Nación y la Casa Real, circunstancias todas ellas que no se corresponden con la realidad”, señala el escrito firmado por Pablos López.

La secretaria de Presidencia dio la voz de alarma 11 días después de que ella fuera informada de las andanzas de Francisco Nicolás a través de la directora del gabinete de la vicepresidenta del Gobierno, María González Pico, y del director de la oficina económica del presidente, Álvaro Nadal. Ambos le habían remitido el 25 de septiembre una carta idéntica en la que le informan de los movimientos de Francisco Nicolás. Aseguran que han tenido conocimiento de este asunto en los meses de agosto y septiembre.

»Seguimiento policial. La Secretaría de Estado de Seguridad informa a la Policía de la existencia de Francisco Nicolás el mismo día que recibe la alerta de la Presidencia del Gobierno, el 6 de octubre. La unidad de Asuntos Internos se hace cargo del caso y, según un informe remitido al juzgado, con una rápida búsqueda por Internet, la policía se percata pronto de que el joven presume de amistades de renombre. En su perfil de Facebook tiene más de 770 amigos, muchos de ellos “relevantes personas de la política en España, así como importantes empresarios, periodistas, funcionarios públicos, etcétera”. Hay también decenas de fotos en las que comparte mesa con “personas de relevancia en el ámbito político, empresarial y diplomático”.

A la vista de esta información, la policía establece el 9 de octubre un dispositivo de vigilancia sobre el pequeño Nicolás. Así se entera de que el joven se mueve en coches de alta gama de una empresa que alquila vehículos con conductor y de que lleva en el salpicadero un intermitente azul “idéntico” a los que utilizan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Francisco Nicolás lo activa a menudo para que los demás coches le faciliten el paso o para aparcar mal o en doble fila. Mientras es sometido a seguimiento, se reúne varias veces con un hombre al que la policía termina identificando como el empresario madrileño Francisco Javier Martínez de Lahidalga.

»Primeras pruebas. Entre reunión y reunión, Francisco Nicolás acude en dos ocasiones a un establecimiento Workcenter, empresa que ofrece servicio de impresión y fotocopias. En la primera ocasión, escanea un membrete de la Presidencia del Gobierno y el logotipo del Gobierno de España y hace pegatinas con ambos. En la segunda, imprime un informe “que simula ser elaborado por el centro Nacional de Inteligencia” y que contiene datos financieros de la esposa de Martínez de Lahidalga. La policía ya empieza a sospechar que el empresario puede ser víctima de una estafa por parte de Francisco Nicolás y se presenta en su domicilio para pedirle que preste declaración, a lo que el empresario accede.

»La declaración del empresario. Martínez de Lahidalga confiesa no sentirse sorprendido por lo que le cuentan los agentes. Él ya sospechaba que Francisco Nicolás le había estafado. El joven le había dado todo tipo de documentos para convencerle de que era asesor de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y de que podía “interceder” para que el Ejecutivo le consiguiera la venta de un inmueble en Toledo. El joven convenció también al empresario de que Hacienda le iba a embargar las cuentas y de que lo mejor era que sacase del banco 25.000 euros y se los diera a él para que se los guardara “en un lugar seguro de un organismo público”. Martínez de Lahidalga obedeció, pero se arrepintió rápido. Y, según contó a la policía, cuando horas después le pidió al joven que le devolviera el dinero, este solo le dio 10.000 euros. Que el empresario le reclamara el resto era, según Francisco Nicolás, una muestra de desconfianza y “una ofensa” para el Gobierno español. Y para asustarle, el joven le entrega el informe simulado del CNI. El empresario claudicó y cuando declaró ante la policía ya tenía concertada una cita el día siguiente para entregarle a Francisco Nicolás los 10.000 euros que le había devuelto.

»La detención. La policía detiene al joven el 14 de octubre cuando acudía a la reunión con Martínez de Lahidalga. Le acusa de un supuesto delito de usurpación de funciones públicas, falsificación documental y estafa. En el momento de ser arrestado, llevaba encima dos informes encabezados por el escudo de España y en cuyas portadas figuran desde el Ministerio de Presidencia y el del Interior a la Casa Real. Llevaba también una carpeta con el escudo de la Casa Real que contenía los planos de una vivienda de la constructora Espirea.

»La declaración ante la policía. El joven estuvo un día y medio en los calabozos de la comisaría de Chamberí. Pasadas las 20.30 del miércoles 15 de octubre, le trasladan a las dependencias de Asuntos Internos para que preste declaración. Acompañado por su abogada, responde a las preguntas de los agentes durante nueve horas. Les cuenta que ha tenido “una representación no oficial” en la Secretaría de Estado de Comercio que dirige Jaime García Legaz y que su labor consistía en ir a reuniones con empresarios “para buscar soluciones” a los problemas de estos. Su relación con el secretario de Estado, según explica a los agentes, empezó hace seis años y con él ha acudido varias veces al palco del Estadio Santiago Bernabéu.

El joven detalla a la policía que también ha trabajado como colaborador del CNI y ha mediado en “el asunto de Jordi Pujol” y en el caso Nóos a través del sindicato Manos Limpias y del exsecretario de las Infantas, Carlos García Revenga. Francisco Nicolás asegura que ha colaborado con Ana Botella, con el director de gabinete del antiguo presidente de Renfe, con el presidente de la patronal madrileña Arturo Fernández o con el exministro Miguel Ángel Moratinos. Asegura que la única contraprestación que ha recibido por estas colaboraciones han sido entradas para conciertos o eventos deportivos.

A las 5.35 de la madrugada, la policía da por terminada la declaración de Francisco Nicolás. El teatro de reuniones con políticos, coches con chófer y palcos vip termina en un juzgado de Madrid.

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