Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Oiga usted, señor diputado

Los ciudadanos exigen a la política nuevos canales de participación

En España, tras la senda de Podemos, todos los partidos intentan adaptarse

Miguel Arana, Carlos Barragan y Yago Bermejo, creadores de Laboratorio Democratico. Ampliar foto
Miguel Arana, Carlos Barragan y Yago Bermejo, creadores de Laboratorio Democratico.

Están cambiando las reglas del juego. La ciudadanía quiere comunicarse con los políticos y las redes sociales ya no bastan. Dar su opinión cada cuatro años ha dejado de parecerles suficiente. El PSOE lanzó en noviembre MiPSOE, “un lugar donde cualquier ciudadano puede apuntarse y participar”, explica María González Veracruz, secretaria de Participación y Política en Red del PSOE. “Por un lado los ciudadanos podrán hacer sugerencias para los programas municipal, autonómico y nacional que filtrará la ejecutiva del partido. Pero también supone establecer una relación directa del ciudadano con el partido con mucho potencial”. El PP lanzará a lo largo de enero una aplicación de participación ciudadana que se sumará a la escucha que, al igual que el resto de partidos, viene haciendo desde las redes sociales, cuenta Pablo Casado, el diputado responsable de participación en el partido. Izquierda Unida abrió en septiembre un canal de encuentro para recoger propuestas de la ciudadanía de cara a la elaboración de su programa. “La participación siempre ha sido una de nuestras señas de identidad”, dice un portavoz del partido. En febrero UPyD habilitó un canal para recibir preguntas para el Gobierno. Ciudadanos ha elaborado una herramienta interna para poder mandar propuestas de debates y Guanyem ha puesto a disposición de sus simpatizantes aplicaciones que facilitan su participación en las decisiones del partido.

Podemos es quien ha puesto la participación con mayúsculas en el mapa. Ofreciendo a sus simpatizantes el uso de aplicaciones como Reddit, Loomio o Agora Voting pueden saber qué opinan y desean sus simpatizantes, a pesar de que la cúpula de Iglesias ha primado mantener el control de la organización frente a una descentralización plena. En algunos de sus círculos territoriales los utiliza el 50% de los integrantes, en otros no los usa nadie. Pero su uso sigue aumentando desde marzo pasado.

Fran Carrillo, de La Fábrica de Discursos, una empresa que asesora a partidos políticos, dice que quedarse fuera de esta nueva tendencia supondría para un partido “perder un 40% de penetración”. “Lo que estamos viendo este año, se quedará corto el curso que viene”, añade. “La orientación de los partidos ya no puede ser lo que sale en una encuesta, como era hasta ahora”, dice Juan Quesada, director de la consultora Mosaiq. “La gente cada vez tiene más necesidad de obtener respuesta a cuestiones que le preocupan. ¿En qué punto estamos? Pues depende de la provincia. Hay quien por necesidades electorales ha empezado a trabajar con propuestas concretas y en otras zonas, donde tienen músculo de votos, piensan que no va a ser necesario porque no van a cambiar sus resultados”.

Para Quesada estas herramientas son más útiles para los partidos cuando están en la oposición. “Las plataformas de escucha indiscriminada son mucho más útiles para los partidos que no están en Gobierno”, coincide Pablo Casado, del PP. “Si lo haces desde el Gobierno, creas unas expectativas mucho más difíciles de cumplir. Si alguien dice que habría que poner en todas las carreteras peaje, ¿qué haces?”, pregunta.

Desde su lanzamiento, a mediados de Noviembre, 4.000 personas se han apuntado a MiPSOE. Para Javier Toret, de Guanyem y del grupo de 'Redes, Movimientos y Tecnopolítica', de la Universidad Abierta de Cataluña, la nueva ola participativa de algunos partidos no le convence. “Muchos fomentan una participación falsa. No basta con crear una plataforma y ya está, hay que tener en cuenta lo que se dice en ella”. “El problema de PSOE, PP e IU es que pueden no tener tiempo suficiente para generar una comunidad activa de cara a las municipales”, dice David Álvarez, analista y consultor de redes sociales. “Capacidad y recursos tienen, pero tiempo no”.

Tres de diciembre. En Medialab, el espacio de difusión de proyectos culturales del Ayuntamiento de Madrid, Benjamin Knight (31 años) presenta Loomio, una aplicación neozelandesa utilizada por los círculos de Podemos. A la presentación asisten varios moderadores de círculos del partido, una estudiante universitaria y el coordinador de una ONG. La presentación la organizan Yago Bermejo (33 años), Miguel Arana (32) y Carlos Barragán (30), tres físicos que estuvieron involucrados en el 15-M y hace dos años crearon Labodemo (laboratorio democrático), que pone en contacto a programadores y posibles interesados en su uso. Primero presentaron a Equo los beneficios de estas aplicaciones, pero no acabó de arraigar. Después lo ofrecieron a Juventud Sin Futuro y más tarde estos los pusieron en contacto con el equipo de Participación de Podemos.

A pesar del repunte de iniciativas participativas, España va bastante atrasada comparada con otros países, según cuenta Toret. Hay pocos casos prácticos en marcha, aunque algunos empiezan a asomar. Sirva de ejemplo el caso de Oviedo, donde el PP ha impulsado el proyecto Oviedo Decide. El alcalde, Agustín Iglesias, está fomentando la escucha directa a los ciudadanos. El torrente de propuestas es visible en su web, en la que hay desde peticiones para habilitar más zonas donde los perros puedan hacer sus necesidades a otras que piden ser más estrictos con el horario de cierre de las terrazas. Este mes el proyecto entra en su segunda fase y hasta febrero se podrá opinar y votar las más interesantes. 11.000 personas han participado en el proyecto.

Han pasado 14 años desde que se popularizaron mundialmente los presupuestos participativos de Porto Alegre (Brasil). Desde hace tres años ha habido un repunte de iniciativas. En Islandia (con el proyecto Better Iceland), Ecuador (con el proyecto Flok Society), Brasil (en su Gabinete Digital), Argentina (con el Partido de la Red) o Finlandia (con la iniciativa Open Ministry) han funcionado proyectos participativos. Pia Mancini, portavoz del grupo argentino Democracia en Red, opina que hay que empezar a usar las nuevas tecnologías para mejorar nuestras democracias “o en el futuro va a haber un conflicto entre un sistema que solo nos invita a participar cada cuatro años y una ciudadanía que se está acostumbrando a representarse”.

Aplicaciones para opinar

Agora Voting. Aplicación española de código abierto (y por tanto adaptable a las necesidades particulares) permite la votación de un importante número de personas. La gestionan un informático, un físico y un licenciado en empresariales. La aplicación permite que el sufragio sea secreto. "No podemos saber qué vota cada persona. Nos apoyamos en 30 años de experiencia de voto seguro". Están reuniéndose con partidos políticos españoles pero prefieren no desvelar con cuáles.

Appgree. Española y de código cerrado, aunque a partir de enero publicarán un calendario de su apertura por fases. Permite encontrar al instante mediante preguntas sencillas aquello en lo que un grupo numeroso coincide más y tomar decisiones. Se dio a conocer el año pasado cuando su uso permitió al público interactuar con los concursantes de Gran Hermano.

Loomio. Aplicación neozelandesa de código abierto. Pensada para que grupos pequeños puedan discutir propuestas y votarlas. La creó un grupo del movimiento Occupy que quería huir de los problemas de las asambleas: el tiempo que llevan y el poder que adquieren las voces fuertes. Se utiliza en círculos de Podemos, la Wikipedia Foundation o alumnos de derecho de Harvard.

Reddit. Agregador de noticias que permite que los usuarios planteen temas que les interesan y se ordenen según el interés y la aceptación que tenga entre el resto.

Democracy OS. El grupo argentino Democracia en Red creó esta aplicación, de código abierto, que permite a la ciudadanía informarse, debatir y votar temas. Tras presentarse a las elecciones y lograr 22.000 votos lograron que los partidos escucharan su propuesta. Finalmente, el Ayuntamiento de Buenos Aires acogió la propuesta y los porteños pudieron elegir los asuntos que más les preocupaban: la inversión en educación pública, las condiciones laborales de los enfermeros y el destino de los gorrillas de la ciudad. Participaron 4.000 personas. “Es un proyecto incipiente y experimental”, reconoce un portavoz.

Más información