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Dos detenidos por la agresión mortal en Madrid al ultra de los Riazor Blues

Una treintena de arrestados, todos del Frente Atlético, en Cuenca, Talavera y Ávila

Ultras del Atlético lanzan a Francisco Romero al río Manzanares ELPAÍSTV

Una treintena de personas han sido detenidas esta mañana como presuntas participantes en la pelea que causó la muerte a palos del ultra de Riazor Blues Francisco Javier Romero Taboada, fallecido el pasado 30 de noviembre. Entre los arrestados hay dos supuestos autores materiales de la agresión que causó la muerte del hincha gallego en la aguas del río Manzanares. Según fuentes policiales, uno de ellos es un taxista de Parla, conocido como "el Búfalo". Todos los arrestados pertenecen al grupo Frente Atlético. Entre los delitos que se les atribuyen están el homicidio, la tenencia ilícita de armas u objetos peligrosos o la participación en riña tumultuosa.

Francisco José Romero, 'Jimmy',

Las detenciones y registros se han practicado en Madrid, Mostoles y Leganés, además de otros municipios colindantes. También en Cuenca, Talavera y Ávila. La policía ha inspeccionado también el bar Río Duraton, situado muy cerca del estadio Vicente Calderón, que habitualmente sirve de lugar de reunión a los ultras del Atlético de Madrid.

Los investigadores han seguido la pista de los supuestos agresores valiéndose de las grabaciones de cámaras y de sus propios teléfonos móviles.

La operación Neptuno, desarrollada por la Brigada de Información de Madrid con el apoyo de la primera Unidad de Intervención Policial de la Policía Nacional, comenzó el mismo día en que fue asesinado el hincha gallego de 43 años, que llegó a la capital en uno de los dos autobuses que viajaron desde el Centro de Congresos y Exposiciones de A Coruña con destino al parking del Vicente Calderón con motivo del partido que enfrentaba al Atlético de Madrid con el Deportivo de la Coruña al medio día de ese domingo.En las inmediaciones del estadio rojiblanco les esperaban cientos de ultras del Frente Atlético dispuestos a batirse en un duelo a muerte, armados con palos y barras metálicas, y decididos a saldar las deudas de un odio recíproco alimentado durante años por estar alineados en ideologías opuestas: de extrema izquierda los gallegos y de extrema derecha los madrileños.

La reyerta, que pilló a primera hora de la mañana a las fuerzas de seguridad fuera de juego completamente, fue multitudinaria. Aunque no se ha aclarado si hubo o no cita concertada entre ambos bandos (las versiones son contradictorias), la tremenda agresividad pudo verse —vecinos y paseantes grabaron las escenas de la brutal pelea— por ambas partes y se saldó con un muerto, y decenas de detenidos (21) y heridos.

Esta mañana, algo más de dos semanas después de los hechos, las pesquisas policiales han comenzado a dar sus frutos. Una macrooperación policial en la que han intervenido un gran número de agentes y que no es más que “la primera fase del operativo policial que persigue apresar a los individuos que participaron en la descomunal reyerta y singularmente a los autores de la muerte del hincha gallego” ha comenzado a hacerse visible en Madrid, Cuenca, Talavera y Ávila.

El violento asesinato de Taboada, a quien después de apalearle sus agresores lanzaron al río Manzanares donde permaneció durante cerca de 20 minutos hasta que fue recuperado por bomberos y buzos de los servicios de emergencia, ha supuesto un antes y un después en la regulación de los encuentros deportivos, fundamentalmente los de fútbol. Y ha dejado al descubierto que muchos de estos grupos de violentos (entre un 20% y un 30% de sus miembros, según datos policiales, tienen antecedentes) viven –o vivían— camuflados y al amparo de los clubes, como una especie de afición ‘vip’ a cambio de animar los estadios con sus cánticos, pancartas y consignas por radicales que fuesen.

Nadie –ni el Consejo Superior de Deportes, ni la policía, ni la Delegación de Gobierno de Madrid-- supo prever hace dos semanas los acontecimientos que se podrían desatar ante el encuentro de miembros radicales de ambas aficiones, pese a que hubo indicios –llamadas e informes “poco consistentes”— que anunciaban la llegada de los ultras gallegos. El partido fue calificado de “bajo riesgo” por la Comisión Antiviolencia del Deporte porque los hinchas del deportivo consiguieron burlar los controles habituales de venta de entradas adquiriéndolas a través de las peñas y porque lo único que se conocía hasta ese momento era que “podrían llegar 50” miembros radicales deportivistas por la tarde de ese domingo.

Las últimas semanas han sido un paseo de personalidades del mundo del deporte y del fútbol –a excepción del presidente de la Federación Española de Fútbol (FEF), Ángel María Villar, que no ha asistido a ninguna de las reuniones ni comparecencias--, y de los máximos responsables de seguridad, como el secretario de Estado, Francisco Martínez, y el propio Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, queriendo explicar lo inexplicable: la muerte de un hombre brutalmente apaleado por una jauría humana. A las sucesivas reuniones, comunicados y versiones de lo conocido y lo que queda por conocer, le ha seguido una batería de medidas de control de los eventos futbolísticos que, de entrada, ha mandado fuera de sus estadios a los ultras y prohíbe y penaliza la violencia verbal y las siglas radicales. Ayer mismo estaba prevista la reunión para aprobar las “medidas antiultras”, pero se aplazó al lunes próximo ante una nueva ausencia de Villar por encontrarse en Marruecos en el Mundial de Clubes. Todo con tal de erradicar la violencia en el fútbol, pero todo tarde.

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