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“Todo el que tiene poder es culpable de lo ocurrido”

La catedrática de ética considera que "los valores morales no mueven a actuar”

La catedrática de ética, Victoria Camps. Ampliar foto
La catedrática de ética, Victoria Camps.

¿Cómo estamos? No estamos peor. Ha habido progreso moral, derechos humanos. Tenemos conciencia de lo que es un delito, de cuáles son nuestros compromisos. No estamos peor, pero tampoco acabamos de avanzar todo lo que sería deseable.

¿Qué lo detiene? Todo ese progreso moral convive con un sistema económico que es contrario a los valores éticos. El gran problema de la ética es que los valores morales no mueven a actuar. Que la gente saliera a la calle a gritar contra la injusticia, la corrupción, el partidismo, nace de la indignación, que acompaña al concepto más racional de que todos somos iguales.

De la indignación nació Podemos. ¿Cómo ha visto su ascenso? Lógico tal como estamos. Es edificante que la indignación haya dado lugar a un proyecto que se propone cortar con la manera con la que se ha ido procediendo políticamente hasta ahora. Es bueno que, a diferencia de Francia, donde el descontento se manifiesta con expresiones racistas, aquí se reivindiquen, veremos con qué precisión o fortuna, políticas más sociales. Necesitamos que la izquierda espabile.

Lo más escandaloso es observar por qué cuesta tanto quitar de en medio a los corruptos”

¿Qué impresión le produce la equivalencia que se establece entre Podemos y populismo? Populismo ya sirve para muchas cosas. Deja de serlo cuando un grupo descarta la vaguedad y explica el qué y el cómo. Una cosa es decir que vamos a una sociedad más igualitaria, a una reforma fiscal poderosa y que vamos a poner a los bancos en su lugar. Grandes objetivos, ¿pero con qué mecanismos? Estamos acostumbrados a ver que no se cumplen los programas. Un cambio tan radical como el que vislumbra Podemos no puede caer en el mismo error.

¿Los otros purgan una culpa? El PSOE, seguro: ha sido demasiado cómplice de eso que hoy se llama neoliberalismo y de los imperativos de un capitalismo que se debería haber regulado y frenado. La socialdemocracia ha perdido su identidad originaria. Las corrupciones han manchado todas las instituciones; todo el que ha tenido poder es culpable de lo ocurrido.

¿Cómo ha vivido el deterioro de la clase política? Es una decepción. Para mí, que viví la Transición, es decepcionante ver lo poco que duran los cambios y lo fácil que es que se degeneren y se deterioren, tanto las ideas como los contenidos por los que se lucha, como las instituciones que sustentan esos contenidos.

De todas las corrupciones, ¿cuál es más espantosa, desde Nóos a Gürtel? Te olvidas del caso Palau, uno de los más escandalosos, sobre todo por la lentitud con que se juzga. Por no hablar de la familia Pujol, con todo lo que representa que el artífice del nacionalismo catalán haya acabado así. Lo más escandaloso es observar por qué cuesta tanto quitar de en medio a los corruptos.

Cataluña. ¿Después del 9N, qué? La consulta fue un simulacro, un llamado “proyecto de participación” que rechazó más 50% de la población, que no fue a votar. Pero el “proceso” sigue, aunque las propuestas de CiU y ERC cuentan con menos apoyos que “el derecho a decidir”. Aún así, todo lo que está ocurriendo es delirante y seguimos si saber a dónde va esto.

¿Se imagina Cataluña fuera de España? No me lo imagino porque creo que es imposible. Otra cosa es que, llegados a este punto, no sea necesario arbitrar un procedimiento para que los catalanes puedan decidir y sepamos realmente si quieren romper con España o no. Pero todo se ha hecho mal y el Gobierno español no ha dejado de alimentar el anhelo independentista.

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