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Héroes por desobedecer

Una exposición homenajea a 18 diplomáticos españoles que salvaron a 8.000 judíos

Visados concedidos por Bernardo Rolland a, entre otros, el dueño de Danone, Daniel Carasso.
Visados concedidos por Bernardo Rolland a, entre otros, el dueño de Danone, Daniel Carasso.

"No prestar a investigadores”. Es lo que ponía en muchas de las carpetas de documentación que el investigador José Antonio Lisbona consultó para cumplir el encargo que el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo le hizo hace dos años: averiguar todo lo posible sobre diplomáticos españoles que salvaron judíos durante el holocausto gracias a visados, escondites y protección. Los nombres de algunos de los Shindler autóctonos, como Ángel Sanz Briz, el Ángel de Budapest, eran ya conocidos. Pero buceando en arhivos europeos, israelíes y estadounidenses, además de en esas carpetas del Ministerio que estaba prohibido prestar, Lisbona encontró a ocho más y nuevos datos sobre otros tres. En total, “18 héroes que salvaron la vida de 8.000 judíos”. Todos protagonizan la exposición Más allá del deber, ahora en el Palacio de Santa Cruz (Madrid).

La respuesta al porqué del nombre de la exposición es la misma al por qué no se podían prestar esas carpetas a los investigadores. “Llegó un momento de aislamiento en el que al Régimen franquista le interesó difundir el mito de que había sido Franco quien había dirigido la operación de salvamento de judíos, cuando había sido todo lo contrario”, explica Lisbona. “Estos diplomáticos actuaron más allá de su deber, poniendo en riesgo su carrera y su vida”.

Precisamente porque para poder salvar a judíos contravinieron la política del Régimen, muchos de estos diplomáticos españoles ocultaron su hazaña incluso a sus familias. “El propio Ruiz-Gallardón [Alberto, exministro de Justicia, presente ayer en la inauguración] sabía que su bisabuelo, José Rojas y Moreno, había ayudado a los judíos, pero desconocía que su abuelo también lo había hecho”, explica Lisbona.

“Su ejemplo debe ser fuente de inspiración, especialmente en estos momentos en que la sociedad está ávida de referentes morales”, aseguró Margallo al inaugurar la muestra. En primera fila, una anciana sonreía con ojos llorosos a la intérprete que traducía en signos las palabras de elogio del ministro. Ana María Canthal ya no oye, pero ayer no quiso perderse la inauguración de la exposición que entre otros homenajea a su padre, Fernando, cónsul en Milán entre 1943 y 1945, quien utilizó sus buenas relaciones con Mussolini para ayudar a huir a judíos. “Para mí ha sido una inmensa sorpresa. Estoy muy ogulloso”, decía uno de sus nietos, también llamado Fernando, al descubrir la hazaña del abuelo. Ana María acudió a la inauguración con una decena de nietos, biznietos y sobrinos. Para ellos fue un día importante.

José María, hijo de Eduardo Gasset, sobrino del célebre filósofo y cónsul y encargado de negocios en Atenas y Sofía (1941-1944), paseaba orgulloso por la exposición. Su padre llegó a utilizar como correo diplomático encubierto a un capitán nacional de la marina mercante para saltarse los controles alemanes y detener la deportación de los judíos españoles de Salónica. “En este país, si hacías algo bueno te fusilaban, te exiliaban o te olvidaban. Mi padre ha estado olvidado. Lo que han hecho estos diplomáticos demuestra que los españoles a veces son cainitas, pero también pueden ser quijotes”.

Julio Palencia salvó a dos niños judíos a los que adoptó tras la ejecución de su padre, el sefardita León Arié, y fue expulsado de Bulgaria por ello. Antonio Zuloaga, hijo del pintor y agregado de prensa en París, Vichy y Argel, ayudó a huir a René Mayer, que luego sería primer ministro de Francia. Pero, como recordó Lisbona, “fue una pugna desesperada y a veces infructuosa” contra el horror. Bernardo Rolland, cónsul en París, logró salvar a Daniel Carasso, dueño de Danone, pero no a su hermana Flora, que al casarse con un judío griego había perdido la nacionalidad española. Murió en una cámara de gas.

A la inauguración de la muestra acudieron, entre otros, el embajador israelí,  Alon Bar;  el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub; y el presidente honorario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, Yehuda Bauer. Ante todos ellos, Margallo advirtió: "Retornan ideologías del odio y el antisemitismo es una de esas ideologías, que tiene, además, una increíble capacidad de mutación y difusión. Ninguna sociedad, incluyendo la nuestra, está a salvo de sus efectos y de ahí la necesidad de permanecer siempre alerta". El ministro se refirió a quienes "escudándose" en el conflicto de Oriente Próximo justifican el antisemitismo - "España está empeñada en superar esta falacia", dijo- y aprovechó la inauguración de la exposición para recordar que, con la postura reforzada como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, España "no escatimará esfuerzos" para lograr una paz justa y duradera desde el reconocimiento de dos Estados: Israel y Palestina. 

"18 héroes"

Esta es la lista de los 18 diplomáticos del Servicio Exterior de España que ayudaron a salvar a judíos del holocausto:

Ángel Sanz Briz, encargado de negocios en Budapest entre 1942 y 1944. 

Miguel Ángel de Muguiro, destinado en Budapest entre 1938 y 1944.

Sebastián Romero Radigales, cónsul general en Atenas entre 1943 y 1945.

Padre Ireneo Typaldos, en Atenas entre 1942 y 1944.

José Rojas y Moreno. En Bucarest entre 1940 y 1943.

Manuel Gómez-Barzanallana. En Bucarest entre 1943 y 1945.

Julio Palencia Álvarez-Tubau. En Sofía entre 1940 y 1943.

Eduardo Gasset y Díez de Ulzurrun. Cónsul y encargado de negocios en Atenas y Sofía entre 1941 y 1944.

Bernardo Rolland y de Miota. Cónsul general en París entre 1939 y 1943.

Alfonso Fiscowich y Gullón. Cónsul general en París entre 1943 y 1944.

Eduardo Propper y de Callejón. Primer secretario en Burdeos en 1940. 

Alejandro Pons y Bofill. Vicecónsul honorario en Niza entre 1939 y 1944.

José Luis Santaella. Agregado de agricultura en Berlín entre 1942 y 1944.

Antonio Zuloaga Dethomas. Agregado de prensa en París, Vichy y Argel entre 1939 y 1944.

Luis Martínez Merello y del Pozo. Cónsul general en Milán entre 1937 y 1942.

Fernando Canthal y Girón. Cónsul general en Milán entre 1943 y 1945.

Jorge (Giorgio) Perlasca. Falso cónsul en Budapest entre 1944 y 1945.

Santos Montero Sánchez. Falso vicecónsul. Saint Étienne, 1942-1944.