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Margallo llega a Cuba con “mensajes muy concretos” de Estados Unidos

Washington espera un gesto de Castro antes de la cumbre con Obama en Panamá

El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, observa un atlas durante su visita, este viernes, a la Cancillería de Bogotá.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, aterriza este domingo en La Habana con el encargo de trasladar a las autoridades cubanas “mensajes muy concretos” de la Administración Obama, según fuentes diplomáticas. Margallo tenía previsto verse el pasado día 18 con el secretario de Estado, John Kerry, durante la conferencia internacional sobre Libia prevista en Madrid que finalmente se canceló, pero ambos mantienen “una comunicación muy fluida”.

Aunque las fuentes consultadas no han querido revelar el contenido de dicho mensaje, es probable que esté relacionado con la Cumbre de las Américas, que se celebrará en abril próximo en Panamá, y a la que el presidente cubano, Raúl Castro, ha sido invitado por vez primera.

La Cumbre de las Américas es el único foro continental en el que participa Estados Unidos, excluido de Unasur o la Celac, de ahí la importancia que tiene para Washington. Sin embargo, en la última de sus cumbres, celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) en 2012, varios países latinoamericanos, como Venezuela, Ecuador o Nicaragua, advirtieron de que no irían a Panamá si no se invita a Cuba. Fuentes estadounidenses consideran muy difícil que Obama se vea con Castro —a quien ya saludó en el funeral de Mandela, en diciembre de 2013, en Sudáfrica— si no hay “un gesto” por parte de La Habana. Y ese gesto es el que puede sugerir Margallo.

El ministro de Exteriores es el primer miembro del Gabinete Rajoy que visita la isla caribeña 

El jefe de la diplomacia española verá en La Habana  los responsables de negociar con las FARC

El más esperado es la liberación del contratista estadounidense Alan Gross, que lleva cinco años preso en la isla por introducir equipos con acceso a Internet. Washington considera “prioritaria” la puesta en libertad de Gross, cuya salud está muy deteriorada, pero La Habana pretende intercambiarlo por los tres agentes cubanos que siguen presos en EE UU acusados de espiar a la disidencia (sus dos compañeros del llamado grupo de los cinco ya fueron excarcelados), lo que rechaza la Casa Blanca. No obstante, se han dado síntomas de deshielo, como la visita que dos senadores estadounidenses hicieron a Gross el 11 de noviembre en el hospital donde cumple condena.

La cumbre de Panamá no es la única ni la que más interesa a Margallo. Antes, el 8 y 9 de diciembre, se celebrará la Cumbre de Veracruz (México), la primera a la que asistirá el rey Felipe VI y que aspira a refundar la Comunidad Iberoamericana, bajo la dirección de su nueva secretaria general, la costarricense Rebeca Grynspan. Aunque Margallo asegura que “no se ha roto ningún plato” tras la decisión del presidente venezolano, Nicolás Maduro, de retirar a su embajador en Madrid —en represalia por la entrevista que el presidente Rajoy mantuvo con la esposa del líder opositor encarcelado Leopoldo López—, Margallo podría recurrir a los buenos oficios de Cuba para a restablecer puentes con Venezuela antes de Veracruz.

Otro asunto central de la agenda serán las negociaciones que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y los enviados del presidente José Manuel Santos mantienen en La Habana, suspendidas hasta que se materialice la liberación del general Rubán Darío Alzate, secuestrado por la guerrilla. Margallo llegará a Cuba procedente de Colombia, donde se ha reunido con Santos y con su homóloga, María Ángela Holguín, a quienes ha ofrecido el apoyo de España para poner en marcha un fondo fiduciario para financiar el postconflicto, liderar una misión militar que supervise el desarme de la guerrilla e impulsar —desde su puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU a partir de enero— una resolución que sirva de paraguas al acuerdo de paz. En La Habana, el jefe de la diplomacia española tiene previsto reunirse con responsables de la negociación.

Margallo será el primer ministro español que visita Cuba desde 2010, cuando lo hizo su antecesor socialista Miguel Ángel Moratinos. Desde que gobierna el PP, solo el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, y el director general para Iberoamérica, Pablo Gómez Olea, han viajado a la isla. El secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, tenía previsto acudir a principios de mes a la feria internacional de La Habana, pero canceló su visita. El ex secretario general de FAES, la fundación de Aznar, acérrimo enemigo de Castro, no quiso pasar por más margallista que Margallo.

 

Predicar la transición sin ver a los disidentes

M. G.

Margallo dará este lunes una conferencia en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, donde exaltará el valor del consenso que presidió la Transición española. Será un guiño hacia la situación de Cuba y un llamamiento al diálogo entre los representantes del régimen y los disidentes. Pero los segundos no lo podrán escuchar, pues ni es previsible que se les invite a la conferencia ni está previsto que Margallo se reúna con ellos. Durante años, la Posición Común de la UE, promovida por Aznar en 1996, instaba a que todo alto cargo que visitara La Habana se viera con la oposición. El régimen no lo permitía y, en consecuencia, no había visitas.
En los últimos meses, sin embargo, han pisado Cuba los ministros de Exteriores holandés y francés y el secretario de Estado británico, sin ver a los disidentes. Se alega que la mayoría de ellos dispone ya de pasaporte y que no hay que ir a Cuba para reunirse con ellos. El propio Margallo recibió el año pasado en Madrid a las Damas de Blanco, a la familia del fallecido Oswaldo Payá y a Regis Iglesias, del Movimiento Cristiano Liberación (MCL). El director general del área, Pablo Gómez Olea, en menor medida, el secretario de Estado Jesús Gracia, mantienen contacto frecuente con la disidencia.
Pese a ello, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, que dirige el expreso político Alejandro González Raga, ha dirigido una carta abierta al ministro en la que le exige que “no rebaje el nivel de exigencia” en materia de respeto de los derechos humanos. En concreto, le pide que interceda por los 11 presos excarcelados en 2010 que se quedaron en la isla bajo el régimen de “licencia extrapenal”, revocable en cualquier momento; que se permita el regreso de quienes optaron por el exilio y que se libere a Armando Sosa Fortuny y Rolando Sarraf Trujillo, acusados de delitos contra la seguridad del Estado y espionaje. Margallo tendrá ocasión de hacerlo durante sus entrevistas con Raúl Castro y con tres ministros. Lo primero que hará hoy Margallo en La Habana será cenar con los miembros de la Conferencia Episcopal, quizá la única institución ajena al régimen que se tolera en Cuba. Y también la única mediadora con la oposición interna.