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De mayor quiero ser ‘youtuber’

Vídeos colgados en la Red por jóvenes autodidactas atraen a millones de usuarios y desafían a la tele

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Abigail Frías (Abi Power) y Kevin Prieto (LokOfLucky) en su casa, donde graban sus creaciones. En la pantalla, uno de sus vídeos.

A Miguel Ángel Rogel le gustaba jugar al Grand Theft Auto IV. “Comencé a grabarme jugando en 2008”, cuenta el joven, de 23 años. “Era un hobby”. Quería ser director de cine y empezó a difundir los vídeos que hacía en su habitación en Algarinejo (Granada). Actualmente se hace llamar MangelRogel, tiene 3,2 millones de suscriptores en su canal de YouTube y seduce cada mes a nueve millones de personas. Se ha convertido en una estrella de la web. “Me llegó de repente”, reconoce. “No imaginaba que esto pudiera ser un negocio”. Es un youtuber, un joven que se dedica a grabar, colgar en Internet sus creaciones y vivir de ellas. En los vídeos relatan sus experiencias vitales, dan consejos de belleza, idean piezas humorísticas, muestran novedades tecnológicas o juegan al último videojuego de moda. Atraen a millones de seguidores y han empezado a llamar la atención de marcas y anunciantes.

Los youtubers son ya un desafío para la televisión. Algo más de cuatro millones de espectadores seguían Velvet en España el martes pasado. Fue la mejor audiencia de la temporada. En ese momento, millones de personas disfrutaban en la Red de vídeos de YouTube. Los de ElRubius, por ejemplo —uno de los españoles más conocidos— consiguen en pocas horas más de dos millones de visionados en YouTube. En Estados Unidos esta red social obtuvo el año pasado un beneficio por publicidad de 1.960 millones de dólares (1.568 millones de euros), según estima Emarketer, especializada en marketing digital. Un 65,5% más que en 2012.

Vídeos millonarios

  •  Más de mil millones de personas visitan al mes YouTube. Desde España, más de 20 millones.
  • La empresa ofrece 22 tipos de publicidad; se queda cerca del 45% de esos ingresos.
  • Por cada millón de visionados se generan unos mil dólares (800 euros).
  • Un canal interesa si tiene más de 50.000 suscriptores o supera el millón de reproducciones mensuales.

La vida de un youtuber gira en torno a los vídeos. Abigail Frías tiene 23 años y su casa en Madrid resulta familiar a cualquiera que haya visto alguna de sus grabaciones. “Somos autodidactas”, apunta Kevin Prieto, conocido como Lokoflucky, y compañero de piso y de grabaciones humorísticas de Frías. “Escribimos guiones, grabamos y editamos, y todo desde casa”. La joven jerezana posee casi 300.000 suscriptores entre sus dos canales, Abi Power y Adelita Power, e ingresa unos 500 euros al mes. “No soy de las más conocidas, pero empiezo a vivir de esto”, añade. Para acercarse al umbral de ese Olimpo online hay que tener un canal con más de 50.000 suscriptores o conseguir más de un millón de reproducciones mensuales. A partir de ahí, crecer.

Un youtuber consolidado puede ganar en España en torno a los 2.000 o 3.000 euros al mes si tiene seguidores y sabe cómo y cuándo publicar los vídeos. En YouTube no hay parrilla, pero sí prime time: “entre las 22.00 y las 23.00, por el público americano”, avisa Rogel. “Los youtubers más potentes pueden generar entre medio millón y cinco millones de euros al año”, apunta Toni Garrido. Este veterano periodista acaba de abrir en Madrid la delegación española de la americana Maker Studios, el mayor productor y distribuidor de contenidos de YouTube del mundo. La red de canales de Maker atrae 153 millones de visitas al mes desde España, según la compañía. “Este medio genera muchas expectativas”, continúa Garrido. Tantas, que la todopoderosa Disney ha adquirido Maker por 950 millones de dólares (760 millones de euros).

Parte del éxito se basa en la conexión con los espectadores

Garrido compara los contratos de algunos youtubers a los fichajes de los futbolistas. “Saben qué funciona, qué marca tendencia y qué gusta”. Habla del valor intangible que tiene la influencia online y la capacidad de seducir a los milennials, esa generación nacida a partir de 1980 y que parece no tener tanto interés en el cátodo como sus antecesores.

El periodista Toni Garrido, en la delegación de Maker Studios en Madrid.

“Yo no veo la tele; no funciono así”, espeta Abraham Bandera, de 22 años. Todo el mundo le conoce como Señor Cheeto. Tiene un millón de visitas en su canal donde igual cuelga el unboxing de un pepino [práctica youtubera de desenvolver regalos y contarlo a cámara] o rueda un mini documental casero sobre su bar favorito. Estudió magisterio. Una noche apareció en un vídeo de Rogel y todo cambió: era una nueva estrella de la nueva tele. YouTube es la página web más visitada de España con 20.431.000 visitas mensuales, según el último EGM; algunos lo consideran el cuarto canal más visto del país.

Acompañando esta fama fulgurante han surgido las Multi Channel Network (MCN). “Se trata de empresas dedicadas a la propiedad intelectual que coordinan canales online, gestionan audiencias, buscan nuevos talentos o posicionan publicidad”, explica Pedro Bernar de Base 79. Esta MCN acaba de ser adquirida por 60 millones de euros por Righster, empresa que cotiza en Bolsa y que en septiembre presentó unos ingresos netos de 2,28 millones de euros; había crecido un 385% con respecto al ejercicio anterior.

La mejor hora para colgar una producción es entre las 22.00 y las 23.00

“Intentamos aumentar la monetización trabajando con marcas”, contesta Claudia Murawski por mail desde el cuartel general de la MCN Divimove en Berlín. Las cuentas de YouTube son un entramado económico complejo. La empresa ofrece 22 tipos de anuncios diferentes. Una parte la gestionan desde sus oficinas. Otra se la dejan a las MCN. Youtube se lleva en torno a un 45%. Por cada millón de visualizaciones se generan unos mil dólares (800 euros) para el creador. “Si tienes una empresa intermediaria, se queda un 20% o 30%”, apunta Frías. “Es un medio fresco, cercano, divertido y natural”, añade Prieto. “Parte de su éxito se basa en la conexión con los espectadores, y no tienes que estar pendiente de la hora de emisión”. Youtube siempre está ahí.

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