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La madrina del independentismo

Carme Forcadell, presidenta de la ANC, intenta recomponer la unidad soberanista

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La presidenta de la ANC, Carme Forcadell.

La noche del 27 de mayo de 2007, la carrera política de Carme Forcadell descarriló. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), su partido, empeoraba sus resultados y lograba un solo concejal en el municipio barcelonés de Sabadell. Segunda en aquella lista, pese a considerar que tenía cartel y méritos para ser la número uno, perdió el asiento que ocupaba desde 2003. Pero la partida se jugaba ya en otro tablero. Empaquetó sus cosas, vació su despacho en el Ayuntamiento y se entregó a los movimientos independentistas, entonces todavía minoritarios. Siete años después, la imagen es la siguiente. Miles de personas acudían ayer a la plaza de Cataluña en la enésima concentración a favor del derecho a decidir. Ante la desunión exhibida durante toda la semana por los partidos, muchos ciudadanos buscan en las palabras de una mujer menuda a punto de intervenir una respuesta a los vaivenes políticos de salón. “Presidente, convoque elecciones. Queremos votar en los próximos tres meses” para “iniciar la primavera de 2015 con un nuevo Parlament constituido”. Ella es el rostro de la protesta ciudadana en Cataluña.

Carme Forcadell (Xerta, 1956), presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC),una funcionaria de la Generalitat con escasa trayectoria pública y sin aparentes condiciones para la oratoria o la política, era hasta 2012 una desconocida en los círculos de poder catalanes. “Lo más noticioso que puedo decir es que puedo decir muy poco de ella”, explica un alto cargo de la Generalitat vinculado al proceso y a la esfera política desde la Transición. “Pero es mucho más sensata de lo que podría parecer. Lo que ha hecho con la ANC es de una precisión de relojero”, agrega en referencia al éxito de las tres Diadas multudinarias que esta entidad de 51.000 socios ha convocado desde 2012.

Miltante de ERC, fue concejal en Sabadell desde 2003 hasta 2007

El tsunami popular de la primera movilización empujó a Artur Mas a unas elecciones anticipadas que le costaron 12 diputados a CiU. La última, organizada con precisión germánica por esa asociación el pasado 11 de septiembre, logró una asistencia récord de 1,8 millones de personas, según la Guardia Urbana, y fue la antesala a la polémica firma del decreto de convocatoria de la consulta. “President, ponga las urnas”, le espetó entonces Forcadell, en uno de esos momentos en los que parece que intente marcar la agenda de la Generalitat y que sirven al programa de sátira política Polònia para caricaturizarla como una mujer de actitud mojigata y muy mandona –una tieta, lo llamarían en Cataluña- que le hace la vida imposible a Mas. Aunque muchas veces haya sido más bien un apoyo. Pero a ella no le gusta esa parodia. Su relación con el President, asegura, es escasa y meramente institucional. “Ni yo tengo su teléfono, ni él el mío, si es lo que me pregunta”.

Junto a la Sagrada Familia de Barcelona, en unos bajos de la calle Industria, se encuentra la sede de la ANC. El local sirve de oficina y también de almacén para la enorme cantidad de merchandising amarillo con el que se financia la entidad. Vestida con unos vaqueros ceñidos, camiseta roja y una americana -que lucirá hasta que termine la jornada en un acto de campaña en Martorell-, aparece por una escalera de caracol. “No le gustan las preguntas personales”, advierten dos de sus jóvenes colaboradores. Casada y con dos hijos, aparenta menos de sus 58 años. Camino a su despacho explica que no hace tanto ningún medio solía interesarse por ellos. Aunque ese cambio de tendencia no la ayude a relajarse en exceso durante la conversación de una hora, entre tímida y hermética cuando no se habla estrictamente de actualidad.

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Carme Forcadell se dirige a los 5.000 manifestantes convocados en la Plaza Sant Jaume. En segundo plano, Oriol Junqueras. Getty

Forcadell, nacida en un pueblo de poco más de 1.000 habitantes en las tierras del Ebro, se crió en una familia humilde cuyo padre era payés y camionero, según cuenta una vecina en la carnicería de Xerta. Junto a la vieja estación de tren, en una casa con un huerto de árboles frutales, colgaba hace una semana una estelada. Sin embargo, nadie en su familia –tampoco ella- era independentista cuando se marchó a estudiar a los 18 años a la Universidad Autónoma de Barcelona para quedarse a vivir en el centro de Sabadell hasta hoy. El descubrimiento de la historia y la lengua, cuenta, transformaron su visión política hasta las posiciones actuales. “En aquella época pensaba que algún día podría suceder esto, pero la verdad es que muchos gobiernos del PP en España, como el de José María Aznar han ayudado a acelerarlo”, señala. Y en gran medida, también la asociación que preside. “Pero quiero que quede claro que no soy ni mejor ni peor que otro para esta función”.

Sabe que su sobreexposición pública puede ser un arma para quienes piensan que la ANC se ha vuelto demasiado personalista. Incluso internamente, donde en algún momento ya han surgido voces críticas por un cierto “exceso de divismo”. Ella niega cualquier protagonismo e interpreta el éxito como la consecuencia de un “terreno que ya estaba abonado”. “La mayor parte de la gente que sale a la calle no es socia de la asamblea, pero defendemos lo que piensa la mayoría”, remarca. Una afirmación que sorprende a muchos, como el politólogo Nacho Corredor: “Me llama la atención que una persona a la que en 2014 votaron 6.905 personas, solo una parte de la ANC, hable en nombre del pueblo”.

Muchos gobiernos del PP han ayudado a acelerar esto", afirma Forcadell

Hoy Forcadell —funcionaria del departamento de Educación de la Generalitat en excedencia hasta que pase el 9-N— ha desarrollado una cierta alergia a los partidos políticos, con los que marca constantemente una cierta distancia que casa bien con el sentir de la calle, pero durante un tiempo habló en nombre de uno de ellos. Tres ediles que coincidieron con ella en Sabadell, donde ejercía labores de política lingüística, resaltan su capacidad de trabajo, pero también su indisimulable voluntad por destacar. “Tenía una gran ambición personal. Intentó ir de cabeza de lista, pero en el partido, donde ya mandaba [Joan] Puigcercós, no se fiaban”, señala una antigua concejal. “Estaba obsesionada con la independencia. Su gran propuesta fue un reglamento para que todos los escritos fueran en catalán”, critica otro edil que compartió legislatura con ella. Josep Maria Civis, su primer avalador político en el Ayuntamiento, en cambio, la considera “una muer tenaz y una patriota que profundiza mucho en todos las asuntos que coge”. “En aquella época, cuando el independentismo no tenía una predicamento mayoritario, tuvimos muchas dificultades. No ha sido un camino fácil”, recuerda.

Por entonces Forcadell, licenciada en Ciencias de la Comunicación, Filosofía y máster en Filología, ya pertenecía a Òmnium Cultural, a la Plataforma per la Llengua y había estado en la Comissió de Dignitat para los papeles de Salamanca. Pero, sobre todo, formaba parte de la Plataforma Pel Dret a Decidir (PDD), una organización bendecida por ERC que hoy podría verse como antesala (no por sus integrantes) de la ANC. Desde ahí participó en la organización de las primeras consultas populares por la independencia -muy parecidas a lo que ahora plantea Artur Mas- y vivió la fuerte disputa ideológica y judicial desalojó del poder a la dirección de la plataforma. Ella terminó como vicepresidenta. Mònica Sabata, en cambio, una de las caras jóvenes y renovadas que tenía entonces el independentismo, fue una de las que hizo las maletas: “Unos abogábamos por continuar trabajando para la mayoría social con el concepto del derecho a decidir. Otros creyeron que había llegado el momento de hacer un discurso claramente independentista”. Forcadell era de estos últimos.

En 2011, casi en silencio, comenzó a gestarse la ANC. En la primera lista de 33 personas -confeccionada por sus 4 fundadores, que hablaban en código cifrado por Internet- , ya estaba ella. Su trabajo de organización en las consultas había tenido eco. En la primera asamblea del secretariado nacional empezó a intervenir más que los demás, recuerda el vicepresidente Jaume Marfany. “Daba ideas muy convencida y con mucha firmeza. Veías que tiraba”, insiste. No tenía el pedigrí de los líderes de toda la vida, pero justamente se buscaba a alguien con experiencia que no incomodase ninguna de las sensibilidades ideológicas independentistas que tradicionalmente se habían peleado. Cinco años después de su derrota electoral, Forcadell volvía a estar en el lugar y el momento oportunos.

Una de las claves de su éxito reside en un mensaje sencillo, alejado de metáforas y consignas mesiánicas del independentismo tradicional

Parte del éxito del nuevo personaje, convertida ya en 2012 en presidenta de la entidad, reside en un mensaje sencillo (nunca escribe sus discursos), alejado de metáforas, consignas mesiánicas y radicalismos de los líderes tradicionales del independentismo. Ha logrado que los ciudadanos no la vean como una infiltrada del poder y que el poder no la vea a ella, de momento, como a una rival. Más allá del tono de riña que a menudo emplea y que puede incomodar, las clases medias, más proclives estos días al cambio, reconocen en ella a una figura familiar. Como explica el experto en comunicación política Toni Aira, en general “se la percibe como a un ciudadano más”. “En un momento donde se buscan liderazgos compartidos o relaciones más horizontales, ella, por mucho que haya militado en ERC, no se identifica elementos pertenecientes a ninguna casta, para decirlo en lenguaje de Pablo Iglesias. Iconográficamente es algo así como una madre coraje”, señala.

Bajo su mando -aunque algunos acusasen a la dirección que pertenece de falta de transparencia- varias fuentes de la ANC aseguran que ha aliviado más de una tensión interna cuando el crecimiento de la organización provocó entuertos contables. Pero, sobre todo, ha sabido recuperar un tono, más suavizado que en otras de sus etapas, adecuado para integrar a un número inusitado de corrientes políticas. Incluso a castellanohablantes llegados de toda España. “Fue importantísima en la manifestación de 2012. Hubo ciertos problemas internos porque muchos querían que apareciera la palabra ‘Independencia’. Decidimos convocarla bajo el lema ‘Catalunya, nou estat d’Europa’ y usar la palabra ‘Llibertat’. Así se podía incluir a gente que entonces no era independentista. Y se demostró que fue un éxito”, remarca Marfany.

Puestos a imaginar la independencia, hay una fecha que a Forcadell le gustaría para una declaración unilateral: el 23 de abril de 2015. Muy cerca del fin de su mandato en mayo en la ANC. Antes habría que pasar por unas elecciones plebiscitarias para las que varios partidos han pedido ya una lista unitaria encabezada, o al menos escoltada, por alguien de la sociedad civil, probablemente vinculada a la ANC. Muchas de las 20 fuentes consultadas para este perfil creen que será el momento en el que vuelva a la política. “No lo tengo previsto”, responde ella. “De momento, cuando termine, en lo único que pienso es en unas vacaciones”. Tendrá 59 años y habrán pasado ocho desde que ERC minusvaloró su potencial.


 

 

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