Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Peluquería cerrada “por asuntos personales”

Tres trabajadoras que atendieron a Teresa Romero, ingresadas en observación

Un cartel en uno de los escaparates de la peluquería es el único aviso de que no abrirán, al menos, en un corto periodo de tiempo: “Cerrado por asuntos personales”. Este es el centro al que, supuestamente, acudió Teresa Romero, la vecina de Alcorcón infectada por el virus del ébola, para depilarse. Tres empleadas están ahora ingresadas en el hospital madrileño Carlos III, en observación para ver si desarrollan o no la enfermedad.

La peluquería se encuentra en el centro de la localidad, a unos 2,5 kilómetros de la vivienda de Teresa Romero. Se tarda en llegar unos cinco minutos en coche. Según ha trascendido, la enfermera acudió a depilarse el 30 de septiembre cuando ya tenía algunas décimas de fiebre y había avisado a su hospital de lo que ocurría. Pidió cita y acudió como una cliente más.

Desde que se detectó la infección en esta auxiliar que atendió a Manuel García Viejo, el segundo religioso que murió de ébola en España, los responsables sanitarios hicieron una relación de las personas con las que había tenido contacto. Entre ellas estaban, lógicamente, las tres empleadas de la peluquería y del centro de estética. En un primer momento, ambas, dueña y empleada, mantuvieron el establecimiento abierto, según confirman los vecinos. Las autoridades sanitarias las incluyeron dentro del medio centenar de personas que debían someterse a control, por lo que no había motivo para cerrar. Al menos en entonces. “Acostumbran a venir de vez en cuando a tomar un café, pero hay poca relación con ellas”, comentaba el responsable de un bar cercano.

El establecimiento ya estaba cerrado el jueves y solo se leía el cartel de cartulina azul claro para anunciar el cierre. No decía nada del ébola. El local permanecía apagado, mientras la mayoría de los vecinos ignoraba los motivos. “Me ha extrañado porque siempre está abierto y suele tener bastante clientela”, explicaba una vecina del mismo inmueble.

Ella también ha cometido fallos, como ir a depilarse”, se queja una clienta

La que se encontraba “muy nerviosa” era Piedad, una clienta que acudió el viernes por la mañana a la peluquería a pedir cita. “La culpa de que se contagiara puede que no sea suya, pero ella [Teresa Romero] también ha cometido muchos fallos como el venir a depilarse si ya sabía que podía tener algo. ¡Leche, no vengas y evitas problemas a otros!”, añadía con cierta preocupación.

La peluquería abrió hace unos años y siempre ha tenido servicios de estética. De hecho, la propietaria, de unos 30 años, se crió en el barrio donde se encuentra el centro. Sus padres viven a corta distancia. El viernes por la mañana declinaron hacer declaraciones a este periódico sobre el estado de su hija y de su compañera de trabajo.

La dueña también vive en Alcorcón, en un barrio de reciente creación. “Es una chica muy maja y muy agradable que viene casi todos los días a comer a casa de sus padres”, explicó una comerciante de la zona que prefirió el anonimato.