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“Mi hermana me advirtió el sábado: ‘No vengas a verme a mi casa”

José Ramón Romero, hermano de la contagiada por ébola: "Aquí hay más responsables"

El hermano de Teresa, este jueves en Madrid.

El pasado sábado por la mañana, José Ramón Romero habló por última vez con su hermana Teresa. Faltaban algo más de 48 horas para que ella fuera diagnosticada con el virus del ébola. El hermano pequeño de Teresa (él tiene 40 años, ella 44), su único hermano, la llamó porque sabía que estaba enferma. Se lo había contado su madre, desde Lugo, donde reside. La notó mal, con la voz cansada. “Me han dicho los médicos que tengo un gripazo”, recuerda que le contó Teresa. Él incluso bromeó con la posibilidad de que hubiera contraído el virus. “¿Cómo iba a imaginarlo? No te lo esperas”, se lamentaba ayer, conmocionado, con la mano temblorosa al sujetar la taza del café cortado en una cafetería cercana al hospital Carlos III, donde atendió a EL PAÍS a primera hora de la tarde. Acababa de recibir la noticia de que el estado de Teresa había empeorado.

En esa última conversación telefónica con su hermana, José Ramón percibió algo raro. “Ella tenía la mosca detrás de la oreja, estoy seguro”, relata. Él quería ir a verla a su casa el domingo, y a ver a Excálibur, el perro de la pareja, al que tenía mucho cariño. Pero Teresa le frenó. “Por aquí no vengas”, le advirtió, y él se quedó con la sensación de que trataba de decirle algo. “Pero no lo dijo. Yo no le insistí, no le di muchas más vueltas, no podía imaginar...”, dice mientras juguetea nervioso con el teléfono móvil, que no para de sonar. Por esa conversación y la precaución que tomó con él, a José Ramón no le cuadra nada que su hermana no comunicara a los médicos que la atendieron antes de ser ingresada que había estado en contacto con el ébola. “Me extraña mucho, muchísimo, que ella no dijera ‘mira pasa esto, soy del equipo que ha atendido a los religiosos infectados’. Si ella me dijo a mí que no fuera a su casa es porque sospechaba que estaba contagiada”, apunta.

Me extraña mucho que ella no dijera que había estado en contacto con el virus

La familia Romero está abatida. José Ramón tiene confusas las horas y los días desde que ingresaron a su hermana. Con dificultad, recuerda que recibió una llamada de su madre el lunes por la tarde con la noticia. “He hablado con Javi [el marido de Teresa], que Tere está infectada”. No hizo falta que la mujer pronunciara la palabra ébola.Los dos sabían de qué hablaban porque eran conscientes del riesgo que había asumido Teresa al atender a los religiosos fallecidos por el virus. “Recuerdo que en el puente de agosto le pregunté por ello en el pueblo. Me contó que seguían unas normas estrictas”.

José Ramón vio el lunes, por televisión y en directo, el traslado de su hermana al Hospital Carlos III, como un espectador más. Ante la falta de información (“a mí no me ha llamado nadie, más allá de decenas de periodistas”), el martes se plantó en el centro. Quería saber cómo estaba ella, sobre todo porque su madre sigue en Lugo y quería informarla (él vive, como Teresa, en Madrid). La primera versión de la doctora fue más tranquilizadora. Le explicó que Teresa estaba respondiendo bien al tratamiento, que su estado era estable dentro de la gravedad, aunque le previno ante una posible recaída en los tres o cuatro días siguientes.

Los médicos me han dicho que su situación es muy complicada

El estado de Teresa, sin embargo, empeoró ayer considerablemente, y la médica fue sincera en su nueva versión ante José Ramón. “Le pregunté directamente: ‘¿Qué posibilidades hay de que mi hermana salga de esta? Me contestó que la situación es muy complicada”, cuenta apesadumbrado. Charo, su novia, que ha estado todo el rato a su lado, hace esfuerzos en ese momento por aguantar el llanto.

El decaimiento no impide a José Ramón indignarse y reclamar responsabilidades por la enfermedad de su hermana, que se debate entre la vida y la muerte mientras las autoridades le culpan de cometer un fallo al quitarse el traje de protección, y hasta de mentir cuando fue atendida por primera vez por los servicios sanitarios. La familia ya ha hablado de que emprenderán acciones legales, más adelante, aunque él no es optimista. “No sé si voy a poder luchar contra este muro, ellos tienen el poder, encontrarán cualquier forma de culparla”, se lamenta.

“Esto se resume en que mi hermana ha hecho su trabajo, no sé si obligada o qué, y se ha contagiado de ébola. Aquí hay más responsables que ella. ¿Quién decidió traer a los religiosos? ¿Acaso fue mi hermana? ¿Quién decidió traerlos, si para esto no había cura?”, se pregunta. “Es muy fácil culpar al piloto del avión que se estrella. Pero aquí todo parece que ha sido una chapuza. Que no se escaqueen”, reclama José Ramón. Las consecuencias de aquella decisión han impactado de lleno en su familia. Por si fuera poco, acaba de perder su trabajo como carpintero. La persona para la que trabajaba como autónomo le pidió ayer que, por si las moscas, no vuelva más.

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