España propugna una “Europa federal” y no una mera “unión de Estados”

El documento programático de Margallo fija el horizonte de la construcción de la UE

El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo. EFE

A los seis meses de la entrada en vigor de la nueva Ley de Acción y del Servicio Exterior, el Gobierno tiene ya lista la primera Estrategia de Acción Exterior, el documento que marca las líneas programáticas de la acción de España en el mundo. A lo largo de 170 folios, desgrana los principios, prioridades, objetivos y medios de la política exterior.

Basado en el informe que, con la colaboración de casi 200 expertos, presentó en febrero el Instituto Elcano, el texto es fruto de la aportación de varios ministerios, aunque su coordinador ha sido el diplomático Enrique Mora —director de la Oficina de Análisis y Previsión de Exteriores y exjefe de Gabinete de Javier Solana— y en muchas páginas se nota la pluma del ministro José Manuel García-Margallo.

Tras argumentar que la política exterior de la transición se agotó de éxito una vez que España logró la plena integración en el concierto internacional —OTAN, UE, euro— , defiende una renovación estratégica que goce del máximo consenso y sirva de guía en un mundo cada vez convulso e incierto. El problema es que un documento de este tipo, que debería aprobarse al inicio de cada legislatura, llega cuando apenas le queda un año.

El texto fija cuatro grandes objetivos para la política exterior: coherencia, eficacia y transparencia; promover los valores de la sociedad española en el mundo; situar al ciudadano en el centro de la política exterior y proyectar globalmente a España como país avanzado. El más novedoso, según Mora, es el segundo, pues supera la idea tradicional de la diplomacia como relación entre Estados, e incluso de la deseable internacionalización de las empresas, para incidir en la apertura de la sociedad como vía para salir de la crisis.

Ambiguo en aras al consenso y tedioso en ocasiones, las propuestas más concretas se refieren al futuro de la UE. “El destino final de la construcción europea es la unión política. Europa debe configurarse como una auténtica unión federal, no simplemente como una unión de Estados soberanos. Este proceso debe hacerse por fases, pero el objetivo debe definirse con claridad cuanto antes”, proclama.

En coherencia, propone que el Banco Central Europeo actúe como prestamista de último recurso; que haya un Fondo de Garantías de Depósitos común y un Fondo Monetario Europeo: que se mutualicen las deudas soberanas de los 28, “cuando se hayan corregido los excesos y establecido controles para evitar que se repitan”; o que se fusionen los cargos de presidente del Eurogrupo y comisario de Asuntos Económicos, de un lado; y de presidente de la Comisión y del Consejo Europeo, por otro.

En otros puntos, sobre todo en los más espinosos, la Estrategia es mucho más tímida y conservadora. Estos son algunos ejemplos destacados:

Rusia. España considera a Rusia un “socio estratégico” y se muestra dispuesta a “trabajar con ella”, pero advierte de que la anexión de Crimea es “una violación del derecho internacional”, En el marco de un “nuevo acercamiento” a Rusia, propone formalizar relaciones entre la UE y la Unión Euroasiática, que promueve Moscú, y avanzar en la liberalización de visados.

Gibraltar. Repite la doctrina oficial: Es un “vestigio anacrónico [...] atenta contra la integridad territorial de España [...] debe resolverse mediante negociaciones bilaterales con el Reino Unido”. Propugna un nuevo foro de diálogo, sobre asuntos de cooperación transfronteriza, en el que participen, junto a Londres y Madrid, “autoridades locales gibraltareñas y españolas competentes en cada caso”.

Marruecos Admite que se pueden producir “divergencias ocasionales” y aboga por tejer una “densa malla de relación e intereses cruzados que las amortigüen”. Propone profundizar en la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal, desde una perspectiva integral.

Sahara Occidental. Al contratrio que el informe del Insttituto Elcano, no se inclina por la solución autonómica que propugna Marruecos, quizá porque, como admite, la cuestión “sigue tocando muy de cerca” la sensibilidad de los españoles. Se limita a reiterar la postura ya conocida: España apoya una “solución justa, duradera y mutuamente aceptable” del conflicto. Eso sí, mantendrá su “compromiso de solidaridad con el pueblo saharaui” y seguirá siendo “el primer donante bilateral de ayuda humanitaria”.

Libia. Expresa su “preocupación por el deterioro de la seguridad” y reitera el compromiso de España para contribuir a la estabilización del país, a través de las misiones de la UE y del enviado de la ONU, el español Bernardino León. España albergará en noviembre una conferencia internacional sobre Libia.

Irak y Siria. El texto advierte de que “estos combatientes fanáticos [en alusión a los miembros del autodenominado Estado Islámico] solo han podido alcanzar su dimensión actual por el legítimo sentimiento de exclusión de los suníes de Irak” y que “cuestionar las fronteras es una receta para el desastre y la violencia”. Considera imprescindible “la preservación de su integridad territorial y la consolidación de un pacto constitucional capaz de acoger a las distintas comunidades”. Respecto a Siria, propone “neutralizar a los grupos terroristas” y fortalecer a la oposición moderada, aunque admite que “solo una solución política puede traer la paz”.

Palestina. Reitera que la solución pasa por la coexistencia pacífica de dos Estados y que solo las partes pueden llegar a un acuerdo duradero, pero advierte de que el tiempo juega en contra de la paz y que “no dudará en apoyar, con sus socios de la UE, iniciativas destinadas a disuadir a las partes de adoptar medidas unilaterales” que pongan en peligro el objetivo final; en lo que parece una advertencia a la construcción de asentamientos en los territorios ocupados.

Irán. Tras apoyar un posible acuerdo sobre el programa nuclear, defiende la “progresiva normalización de las relaciones de Irán con el resto del mundo”, subrayando que sería “un factor de estabilidad y un socio económico relevante para España”.

Guinea Ecuatorial. Propone “intensificar las relaciones, tanto políticas como económicas y culturales” con la excolonia y agrega que el diálogo con las autoridades de Malabo, “basado en el mutuo respeto, se orientará a profundizar en una evolución democrática y un mayor intercambio entre ambos países”. El Congreso aprobó por unanimidad el pasado miércoles apoyar la mesa de diálogo abierta por el régimen de Obiang con la oposición.

China. Asegura que la prioridad es establecer un diálogo político permanente [Rajoy ha hecho esta semana su primera visita a Pekín] y corregir el fuerte desequilibrio comercial, para lo que propugna nuevas conexiones aéreas y la apertura de más consulados y oficinas comerciales. Se felicita de que China asuma su responsabilidad en el concierto internacional. Obvia la falta de respeto a los derechos humanos.

Un observatorio para las inversiones en América Latina

M.G.

La Estrategia anuncia la creación de una comisión de inversiones españolas en América Latina que, “a modo de observatorio, proporcione una información actualizada, una valoración constante de los riesgos y un seguimiento puntual de los contenciosos existentes”. Se trata de evitar que expropiaciones de empresas españolas, como las que se han producido en Argentina y Bolivia, pillen por sorpresa al Gobierno de Madrid.

El documento reconoce que la relación con Cuba es “especialmente sensible”, ya que se vive “casi más [como] una cuestión de política interna que de política exterior”. Tras recordar que la UE está explorando las posibilidades de un acuerdo de asociación que incluya una “cláusula democrática”, intenta evitar las diferencias entre los partidos españoles subrayando que “la totalidad de las fuerzas políticas desea para Cuba lo mismo que para España”.

Aboga por mantener “relaciones constructivas” con Venezuela, basadas en el respeto mutuo, con el objetivo de “restablecer la interlocución política” para resolver los contenciosos derivados de las expropiaciones a ciudadanos españoles “y alcanzar mayor cooperación judicial en materia de extradiciones” de miembros de ETA.

La relación trasatlántica es clave para la política exterior española. La Estrategia propone reforzar los contactos bilaterales e impulsar las relaciones económicas con Estados Unidos, especialmente en la protección de la propiedad intelectual y la seguridad energética —España es uno de los mayores defensores del acuerdo de libre comercio entre la UE y EE UU—, así como en materia de defensa. También quiere fomentar la lengua española y promover las relaciones con la comunidad hispana, que ya supone el 16% de la población.

La única alusión a Cataluña que contiene el documento se refiere a los cursos de catalán que oferta el Instituto Cervantes y a su promoción en el ámbito de la UNESCO.

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