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España desplegará misiles antimisil Patriot con la OTAN en Turquía

El destacamento del Ejército español sustituirá a otro de Holanda

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El presidente Mariano Rajoy (centro), entre el ministro García-Margallo y la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini (a su derecha) y el ministro libio Mohamed Abdelaziz y el enviado especial de la ONU para Libia, Bernardino León, el miércoles en Madrid

España destacará una batería de misiles antimisil balístico Patriot en Turquía a finales de enero de 2015 en el marco de la OTAN, según anunció el miércoles en el Congreso el ministro de Defensa, Pedro Morenés. El destacamento, con 130 militares y seis lanzadores, tomará el relevo a otro de Holanda y trabajará en cooperación con unidades similares de Alemania y EE UU.

La OTAN desplegó este dispositivo defensivo a petición de Turquía el año pasado, después de que proyectiles procedentes de Siria, donde el Ejército de Bachar el Asad se enfrentaba a las milicias opositoras, cayeran en territorio turco. Defensa compró en 2004 una batería de misiles Patriot de segunda mano a Alemania por 60 millones de euros. El sistema, de fabricación estadounidense, incluye un radar AN/ MPQ-53 y misiles MIM-104, capaces de detectar un misil balístico a 150 kilómetros e interceptarlo a unos 70 de distancia y a 30 o 40 de altura. Está previsto que el despliegue rotativo —el primero de carácter operativo de una unidad antiaérea del Ejército español en el extranjero— dure seis meses, aunque podría prolongarse hasta un año.

Ante la Comisión de Defensa, Morenés detalló las capacidades militares que podría aportar España a la coalición internacional contra el autodenominado Estado Islámico (EI), que ocupa amplias zonas de Siria e Irak. El listado fue el mismo que desgranó el martes su colega de Exteriores, José Manuel García-Margallo —uso de las bases de Rota y Morón; transporte estratégico; otras capacidades de apoyo aéreo, así como de mando, control e inteligencia; asesoramiento y formación del Ejército iraquí y entrega de material militar letal y no letal—, con la diferencia de que no se trataría de contribuciones hipotéticas, sino de capacidades que ya están ofrecidas y cuya materialización dependerá de que se soliciten. Un general y siete oficiales españoles trabajan en el cuartel general del Mando Central del Ejército de EE UU en Tampa (Florida) en el planeamiento de la operación, junto a militares de 47 países.

Morenés solo puso dos límites a la contribución militar española: no estará “ni en la tierra”, con tropas de combate sobre el terreno, “ni en los bombardeos”, con aviones lanzando ataques. También dejó claro que cualquier entrega de armamento se hará “al Gobierno iraquí legalmente constituido” y no a las milicias kurdas (peshmergas). De igual modo, España quiere centrar su contribución militar a la campaña en Irak —donde cree que cuenta con base jurídica suficiente— y evitar Siria, donde carece de cobertura legal.

En respuesta a la mayoría de los grupos —y en especial al portavoz socialista, Diego López Garrido, quien le reprochó su “falta de liderazgo”—, el ministro aseguró que España ha estado “desde el primer momento” en primera línea de la lucha contra el yihadismo y restó importancia a la reunión que EE UU y otros nueve países celebraron en los márgenes de la cumbre de la OTAN en Gales, de la que España estuvo ausente, asegurando que fue un encuentro entre Gobiernos que habían decidido actuar unilateralmente, y que la coalición internacional se encuentra todavía hoy “en fase embrionaria”.

Tras comprometerse a pedir permiso al Parlamento cuando se concrete la aportación española, Morenés insistió en el riesgo que el terrorismo yihadista supone para la seguridad de España. “Más vale pararlo lejos de nuestras fronteras que en nuestras fronteras”, advirtió.