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Felipe VI ofrece una “Monarquía renovada para un tiempo nuevo”

"Encarno una Monarquía renovada para un tiempo nuevo", afirma el Rey en las Cortes

"Don Juan Carlos construyó los cimientos de un edificio político que logró la reconciliación"

"La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, su aprecio, su respeto y su confianza"

 Atlas/Foto: Claudio Álvarez

A las nueve de la mañana de este viernes, sin cámaras, sin protocolo, Felipe VI empezará su jornada con el primer despacho como monarca con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Conocerá así la reforma fiscal que el Consejo de Ministros aprobará durante su reunión semanal, que comenzará en cuanto Rajoy vuelva desde el palacio de La Zarzuela al de La Moncloa. La capacidad del nuevo rey de “contribuir a la estabilidad del sistema político, facilitar el equilibrio de los órganos constitucionales y territoriales y ser cauce para la cohesión entre los españoles” se pone a prueba desde ahora mismo.

Esas intenciones son las que esbozó el Monarca en su discurso de 25 minutos tras ser proclamado rey de España por el presidente del Congreso, Jesús Posada, después de haber jurado la Constitución ante las Cámaras, “depositarias de la soberanía nacional”. No hubo invocación a derechos dinásticos de la Monarquía como razón de ser de esta institución, sino una concatenación de funciones que Felipe VI ofrece a la sociedad española y a las instituciones.

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Todo está en la Constitución, pero Felipe VI ha querido decirlo con su propia voz. “Comienza el reinado de un rey constitucional”, proclamó. Solo ejercerá las funciones que constitucionalmente le corresponden. Dentro de las mismas, no obstante, tratará de reflejar su impronta en una “monarquía renovada para un tiempo nuevo”.

El tiempo nuevo lo apreciaron la mayoría de los diputados y senadores que este jueves aguardaban a don Felipe en el hemiciclo del palacio de las Cortes. A las diez y media llegaba el Monarca con su esposa, la reina Letizia, y sus dos hijas, Leonor, princesa de Asturias y la infanta Sofía. Los cuatro son los componentes exclusivos de la familia real. Desde una tribuna la reina Sofía, la infanta Elena, las hermanas del rey Juan Carlos y la familia de doña Letizia, siguieron el acto sencillo pero no exento de solemnidad y trascendencia.

Así lo sintió la mayoría de los presentes, como reconocieron cuando el acto terminó, y, también don Felipe. El aplomo que ha demostrado en sus comparecencias públicas desde hace muchos años se tambaleó en un primer momento, cuando el presidente del Congreso, Jesús Posada, proclamó el comienzo de su reinado como Felipe VI y dio vivas al rey y a España. Tras ese momento le tocaba dirigirse a los representantes de los españoles y la emoción se notó en su voz. Respeto y gratitud a su padre, el rey Juan Carlos, pero ya apareció de entrada su concepción del papel que jugaron de la dictadura a la democracia muchos actores, no solo su padre. Su homenaje fue para “una generación de españoles que abrió camino a la democracia, al entendimiento entre los españoles y su convivencia en libertad”.

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Esa generación, incluido el rey Juan Carlos, fue capaz de algo que parecía imposible: “Conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad y recuperar para la nación su lugar en el mundo”. Este es el legado de la etapa que este jueves terminó con la abdicación de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI. Es otro tiempo, en el que los problemas son otros.

La crisis económica, política, institucional y territorial son los males de la España actual. Y entre las instituciones tocadas por el desapego de los ciudadanos está la Monarquía. “La Corona debe ganarse continuamente el respeto, el aprecio y la confianza”. La Corona como la concibe Felipe VI tiene que velar por la dignidad de la institución, por preservar su prestigio y observar “una conducta íntegra”. El escándalo que sacude a su cuñado, Iñaki Urdangarín, estaba sin duda detrás de esas palabras así como la determinación del nuevo rey de alejarse de los problemas judiciales en los que está inmersa su hermana Cristina, ausente en este acto y excluida parece que definitivamente de los actos públicos.

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De las crisis existentes, la territorial la percibió el monarca dentro del hemiciclo, por acción y omisión. La frialdad con la que los presidentes de Cataluña, Artur Mas, y del País Vasco, Íñigo Urkullu, acogieron su discurso, fue ostensible. Ambos observaron estrictamente las mínimas normas de cortesía como fue el aplauso ligero y brevísimo cuando Posada proclamó al nuevo rey, y con más intensidad con la cita del monarca a las víctimas del terrorismo.

La España plural que concibe Felipe VI no es a la que aspira el nacionalismo catalán y vasco. Y tampoco, los nacionalistas gallegos del BNG, que no acudieron al acto, como tampoco Izquierda Plural, ERC, Geroa Bai y Amaiur.

A nadie le pudo extrañar que el Rey mostrara su fe “en la unidad de España”, pero una unidad que no es “uniformidad”. “En la España unida y diversa, cabemos todos, caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español”. Los sentimientos no deben nunca enfrentar, excluir o dividir, sino “comprender y respetar”. El presidente catalán no se demoró en manifestar su disconformidad con lo escuchado. “No he aplaudido porque no he visto reflejado en el discurso que empezara un tiempo nuevo”, declaró Mas en la delegación de Cataluña en Madrid. Le hubiera gustado al presidente catalán que el Rey hubiera hablado de un “Estado plurinacional”, y del reconocimiento “de naciones”.

El Rey departió un par de minutos con Artur Mas en catalán y a ambos se les vio sonrientes. El Rey hará lo que pueda para que no se derrumben los puentes que aún existen con Cataluña. Al final de su discurso dio las gracias en castellano, catalán, euskera y gallego.

Felipe VI puede sentir cierta tranquilidad porque empieza su reinado con el apoyo de la mayoría parlamentaria (PSOE y UPyD, y, al menos, con la de las miles de personas que salieron a aclamarle. Muy pocos centenares de manifestantes salieron a las calles a mostrar su rechazo a la Monarquía, aunque los miles de agentes de la policía impidieron cualquier perturbación en el espacio por el que iba a desfilar el vehículo del Rey y la Reina. La máxima concentración de público se dio frente al Palacio Real, donde se produjo la escena que quedará para la Historia. Los nuevos reyes salieron al balcón, segundos después sus hijas, y como broche los reyes Juan Carlos y Sofía. La madre del Rey se esforzó por dar la imagen de normalidad familiar, con muestras de afecto a su esposo. Quizá involuntariamente la reina Sofía tuvo especial protagonismo al cosechar los máximos aplausos de los representantes políticos en el hemiciclo. La alusión de Felipe VI a su madre lo propició por el fondo y la forma emocionada.

Doña Letizia, sin papel constitucional, fue mencionada por el Rey al señalar que ambos educan a sus hijas en los valores “de libertad, responsabilidad, solidaridad y tolerancia”.

A lo que aspira es que con su esfuerzo los españoles “pudieran sentirse orgullosos de su nuevo Rey”. Por el tiempo verbal utilizado dejó claro su consciencia de que se lo tiene que ganar.

El primer decreto del Rey regulará su escudo de armas

EP, Madrid

El primer real decreto que firmará Felipe VI será el que regula su escudo de armas y que aprobará este viernes el Consejo de Ministros. Don Felipe ha contado con armas propias mientras ha sido Príncipe. De su escudo se eliminaron elementos como el yugo y las flechas de los Reyes Católicos y la cruz de Borgoña roja, al ser ornamentos personalizados en la figura de don Juan Carlos. No así elementos comunes como el cuartelado en cruz de Castilla, León, Aragón y Navarra.

En el que será el nuevo escudo de Felipe VI, la corona de Príncipe será sustituida previsiblemente por la real -ocho diademas, de las que se ven cinco- y que refleja la naturaleza del Estado. Se mantendrá el Toisón de Oro como privativo de la Monarquía española junto a nuevos ornamentos decididos por Felipe VI.

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