Política

Cataluña quiere votar, y con razón

SCIAMMARELLA

Dos Gobiernos, el español y el catalán, frente a frente. Dos trincheras. Así quedó la cuestión catalana tras el debate en el Congreso, el 8 de abril. Bloqueada, sin puentes: apenas una débil pasarela entre la reforma federal que ofrece Pérez Rubalcaba y la disposición a negociar todo, sin límite, incluido un referéndum convocado por el Gobierno, que sugiere Duran Lleida. Pero no mandan.

» Peligro: enquistamiento. Sin avances, la cosa amenaza enquistamiento. El enquistamiento es fatigante. Y más si dura hasta las europeas, el 25 de mayo. O peor, hasta las legislativas, porque a los dos nacionalismos enfrentados les conviene calentar las fes contrarias de los suyos. Quizá no sea dramático, pero sí peligroso. La falta de respuesta oficial, o contraoferta, o lo que sea, conlleva el peligro de mayor radicalización independentista. Viene ocurriendo al menos desde la sentencia del Tribunal Constitucional (TC), verano de 2010, que melló el Estatut. Tampoco es trágico. Salvo accidente imprevisto. Los accidentes son peores cuando no hay tejido de complicidades que los absorban.

» No es un terrón soluble. Ambos polos quieren lo imposible. El Gobierno de Rajoy Brey acaricia que el paso del tiempo disuelva el envite, como el agua un terrón de azúcar. Pero esto no es Ibarretxe Markuartu. Aquel envite era el final del proceso, era a todo o nada, y quedó en nada porque no había un poder alternativo viable: no lo era el batasunismo. Tampoco lo había en Milán, cuando la Lega proclamó la República Padana en 1996, y no hubo nada. Aquí hay un triángulo punzante: Mas Gavarró que se cuidará de no incurrir en ilegalidades; Junqueras Vies controlando sin exponerse, y...

»...la gran agitadora. La Assemblea Nacional Catalana. Es una maquinaria propagandística milimétrica, arrolladora. Populismo híbrido de manual de insurgencia y boy scoutismo ingenuo, de táctica levemente trotskista y modales vegetarianos: encarna un remedo de doble poder, a la mediterránea. Acaba de afeitar su hoja de ruta, enmascarando la llamada a ocupar aeropuertos y otros lugares estratégicos, que ahora encomienda a unas “autoridades”: las legales si no hay bronca, unas asambleas soviético/parlamentarias si el Estado detuviese a la Generalitat. Van fuertes. ¿Qué ocurre si pasan de montar demostraciones vistosas, tipo cadenas humanas, a organizar desobediencias civiles de baja intensidad y amplio seguimiento? Muy propias para la rauxa/ira catalana, tan sesgada de seny/sensatez, esa exposición —limitada— al riesgo.

» Imposible represión. Descarten los cantos de sirena de Aznar López o de Vidal-Quadras Roca llamando a la represión. No está nada claro que el artículo 155 de la Constitución permita suspender sin más la Generalitat; y mucho menos disolverla con la Guardia Civil: además, el TC —en su sentencia del pasado 25 de marzo— ampara el “derecho a decidir”, si es dentro del cauce legal. Mas no dará ocasión ni Rajoy es Aznar: a Dios gracias.

» Recovecos legales. Así que: ahora, ¿qué? El presidente de la Generalitat ya lo ha dicho —aunque habla mucho, arenga cada día, más que Pujol Soley—: redactará una nueva ley de consultas autonómica. Pero si ya dispone de una. Ojo al detalle: la elaboró el tripartito, llegó al TC, se suspendió cinco meses al ser admitida a trámite y luego... ¡está vigente! ¿Por qué no la usa? Porque su artículo 7 remite la propuesta de consulta al artículo 92 de la Constitución. Al visto bueno del Congreso, y esta película ya la hemos visto. O sea, la nueva ley amparará consultas si no desbordan el ámbito competencial de la Generalitat (artículo 122 del Estatut). Quizá pueda aspirar a sortear el filtro del TC. Pero si no, vale igual para la campaña electoral: lo hemos intentado todo, todo por lo legal sin dejarnos desbordar por Esquerra ni la ANC, y nos vuelven a rechazar, somos víctimas, dadme ahora la gran mayoría que me negasteis. Si la ley sobrevive, ¿sobrevivirá la convocatoria de seudo-referéndum? Poco creíble. Con mucha suerte, el TC sorprenderá, señalando alternativas posibles —a la canadiense, esa sabia manera de resucitarse—, la pelota seguirá botando. Sin suerte, es igual: otra negativa, y van...; disuadimos las esperanzas federales de los federalistas; propagamos de nuevo que se nos ningunea/persigue; activamos la internacionalización. Siempre bingo.

» Enfrente, en MadriT, nadie. Y encima, la suerte de que enfrente, en MadriT, con “T” final, no hay nadie. Vamos, nadie con un plan. Fuera las tentaciones de un pacto fiscal, que se sublevarán Monago Terraza o González González, temen. Ni siquiera una pizca de cosmética lingüística o competencial. De momento, rien de rien, je ne regrette rien, que lo urgente es esperar.

» Lo contrario de elecciones. Cuando ya no quede ninguna esperanza de consulta legal, y solo entonces, llegará el a-modo-de-sucedáneo. Las elecciones “plebiscitarias”, que las llaman. Un sinsentido, una contradicción en sus términos, una cacofonía conceptual, pues elección y plebiscito, agua y aceite. Se elige entre múltiples opciones; se plebiscita un solo concepto, una sola persona. Y después, ¿qué? Ni yo mismo lo sé, confiesa Mas en la intimidad. No hay plan: problema para los catalanes. Pero menudo plan si se erige una mayoría votando claramente independencia (el 25-N de 2012 los de Mas votaron “Estado propio”, que no es café, sino achicoria). Y doble problema para catalanoespañoles o hispanocatalanes: aún, la mayoría.

» Un clamor en el desierto. Y mira que la sentencia del 25-M les tenía bastante advertidos: dialoguen. Más aún: les llama a “resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas”. Cuatro conceptos más que fuertes, contundentes, en media frase rotunda. Del diálogo necesario solo excluye dos ideas: un referéndum convocado “unilateralmente” (página 30) y “el poder de quebrar” la unidad por solo una porción de españoles (página 29). Pero no rechaza otras posibles formas de referéndum o consulta (no unilaterales) ni sobre otros asuntos (conexos): la imaginación, al poder.

» Los catalanes quieren votar. Imaginación, porque los catalanes quieren votar. No necesariamente este zafio referéndum con truco que se ideó malamente el pasado diciembre: dos preguntas encadenadas que permitirían declarar la independencia con un 25% de los votantes (si la mitad son partidarios de tener un Estado, y de ellos, la mitad vota la separación), y con un 12,5% más uno, si medio censo se abstiene. Quieren, un 72,2% según las últimas elecciones, votar en referéndum su futuro. No es un capricho. Tienen razones. Votaron un Estatut nuevo, y un recurso y una sentencia se lo secuestraron. Un clavo saca a otro clavo. Una votación lava un secuestro.

» Pero ¿qué? y ¿cómo? Pero no está escrito qué y cómo votar, salvo en la esotérica e imposible propuesta de la tramposa doble pregunta y el 9-N, ese referéndum inviable además porque no hay ni censo, ni junta, ni ley electoral propia, ay, ese Parlament sesteante durante tres decenios. Hay otros referendos posibles. ¿Cuáles? Por ejemplo, convocados por el Congreso y en toda España: habría recuento específico de la voluntad de la ciudadanía catalana, sería difícil ignorarla. Pacten la pregunta. O solo en Cataluña, como apoyo a la propuesta legal de iniciar una reforma de gran calado: por ejemplo, constitucional. O...

» “Mutación” de Miñón. También puede pactarse entre Barcelona y Madrid una vieja fórmula que fue cara a Pujol y lo es a Roca Junyent. La fabricó Argullol Morgadas (Enric): releer la Constitución. La ha ahondado Herrero de Miñón, quien extasió con ella el miércoles al Círculo de Economía de Barcelona. Releer la Constitución para producirle una “mutación”. Blindaje de Cataluña como nación, financiación, educación, lengua... fin del café para todos. Una revolución legal. ¿Cómo se garantiza? Un pacto solemne. Votable.

» Una disposición adicional. Fórmula parecida: una disposición adicional de nueva planta a la Constitución, en igual sentido. Breve, un clavo del que colgar mucho. La sugirió Duran. La viene predicando Zarzalejos Nieto, periodista. De fuste. Ventaja, cabría aspirar a someterla a una reforma rápida, como la de la estabilidad presupuestaria.

» La reforma federal. La de verdad. La que ha elaborado el PSOE (otros también podrían) y ninguno de sus detractores la ha leído enteramente: léanla, en el documento completo, no en el resumido. Solo le falta contundencia en la lengua: lo mejor, que sea un modelo a la helvética. Podría abordarse con calma. Por fases, empezando con la fórmula de la “mutación”. O la de la adicional. Nada imposible. Vótese. Si se quiere evitar la catástrofe.

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