Política

Las ‘presiones’ de Aznar el mecenas

La idea de la serie ‘Cuéntame’ surgió en una velada de cine en La Moncloa

El expresidente medió para que Argentaria apoyase el centenario de Lorca

Rueda prepara uno de sus collages en su estudio en 1962. / archivo familiar

La pasión artística del expresidente José María Aznar por Gerardo Rueda no es más que “otro exponente de su interés por convertir la cultura española en un punto clave de la exportación mundial de la marca España”. Esa es la interpretación que hacen en su entorno de los mensajes de sus familiares (su hijo mayor, José María) y amigos y colaboradores políticos (Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz-Gallardón y Mercedes de la Merced) para interesarse por la compra para la Fundación Caja Madrid de buena parte de la colección privada del artista, primero por 54 millones, que luego se rebajaron a seis, y su instalación en un museo en pleno corazón del paseo del Prado de la capital.

Aznar y su gente no quieren ocultar “las gestiones” a favor de Rueda, al que el expresidente califica como su “pintor y escultor favorito”, pero también con otros muchos creadores. Las interpretan solo con el objeto de promocionar la cultura española “antes, durante y después” de su paso por la presidencia del Gobierno. No lo oculta porque “todo está en sus memorias”, advierten en su equipo. No hay más que leerlas. Y la recomendación, efectivamente, es cierta. Aznar cuenta en El compromiso del poder, su segundo tomo de recuerdos de su etapa de ocho años en La Moncloa, numerosos casos de su conflictiva y nunca resuelta relación con el mundo de la cultura y el arte. Un amor poco correspondido, admite. Y con muchos prejuicios, por ambas partes.

García Lorca. En 1998, dos años después de la llegada al poder del político del PP, se celebró en España el centenario del nacimiento del poeta granadino Federico García Lorca. El año anterior su sobrina nieta, Laura García Lorca, a la que el expresidente aún no conocía, se dirigió a él para explayarse sobre los problemas del patronato municipal que regía la casa museo de la Huerta de San Vicente. Aznar admite que habló con Francisco González, presidente de Argentaria, todavía banco público, para pedirle que la entidad apoyase los actos del centenario y la rehabilitación del complejo. González respondió, y mediante un convenio, Argentaria puso 80 millones de pesetas (“entonces era una cantidad respetable”) para acabar con los dolores de cabeza de los familiares del autor implicados. Aznar sugiere que por el sectarismo de la izquierda contra él y su incipiente relación con la familia del poeta luego no se hizo el gran centro cultural en Granada sobre Lorca que él dejó asentado en los presupuestos.

Cuéntame. Los viernes, durante su etapa en La Moncloa se organizaban citas de lectura de poesía y veladas de cine. Aznar revela que en una de esas jornadas, con Imanol Arias, Ana Duato, su marido y productor Miguel Ángel Bernardeau, Tina Sáinz, Assumpta Serna y Raúl del Pozo surgió la idea de la famosa serie Cuéntame, de recreación de nuestro pasado más reciente. Tiempo después, Duato le informó de que el proyecto estaba atascado en TVE. Aznar se interesó por el asunto y logró que los directivos del ente público lo reconsideraran.

El museo del Prado. En el caso del proyecto de ampliación del Museo del Prado, que ya había lanzado desde la oposición, la llegada al Gobierno de Aznar le sirvió para agilizar gestiones y tomar impulso. Un problema fue que había que desalojar la sede de Aldeasa para liberar allí 3.000 metros cuadrados de oficinas para el museo. Aldeasa pertenecía a Patrimonio del Estado. Aznar llamó a su entonces responsable, Pablo Isla, ahora máximo directivo de Zara, y, tras un primer intento fallido en el que casi le colgó, le ordenó que desalojara el inmueble en un mes. Isla ejecutó el mandato eficazmente.

Botín y la Residencia de Estudiantes. La mítica Residencia de Estudiantes también languidecía. El expresidente del Gobierno aprovechó una inauguración de la exposición del pintor Sorolla en Nueva York en la Hispanic Society para pedir al presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, que aportase 400 millones de pesetas para crear allí la Biblioteca de la Edad de Plata.

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