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ENTREVISTA | FERNANDO VALLEJO

“Yo a España ya no la quiero”

El escritor colombiano asegura que la decisión del Gobierno de Rajoy de pedir el fin de la visa para sus compatriotas es pura hipocresía

Fernando Vallejo.

A Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942 ) se le puede reprochar que sea un deslenguado (si es que eso es reprochable), pero no un inconsecuente. Hace años hizo suya la causa de la defensa de los animales y desde entonces sigue una dieta vegetariana que solo incluye especies sin sistema nervioso complejo, como los camarones. En 2001 prometió no volver a pisar España mientras se exigiera visa a los colombianos y ha mantenido la palabra. Desde la capital mexicana, donde tiene su residencia hace ya 42 años, el escritor comenta las últimas noticias sobre el asunto y critica la actitud de quienes con él firmaron. Su último libro publicado, Peroratas (Alfaguara), es un compendio de su ideario innegociable.

Pregunta: ¿Qué le parece que el Gobierno español haya pedido dejar de exigir visa a los colombianos?

Respuesta: Pura hipocresía. ¡Quién sabe detrás de qué andará Rajoy! En su momento, hace doce años, él no se opuso a que la Unión Europea nos pusiera visado a los colombianos. Grandeza de alma no es su ocurrencia de ahora. Ese tipo es una veleta: gira según sople el viento. A lo mejor busca que Colombia y Perú lo apoyen en la ONU cuando plantee allí el asunto de la descolonización de Gibraltar, reivindicación muy justa por parte de España pero que en el momento actual la siento como una pantalla de humo para tapar la corrupción y el desastre de su gobierno.

P. Usted y otros intelectuales firmaron una carta en la que se negaban a volver a España mientras se exigiera visa a sus compatriotas. Usted ha sido el único que se ha mantenido firme. ¿Se arrepiente de haberla firmado? ¿Reprocha algo a sus colegas?

R. La carta a que aludes se publicó en EL PAÍS y la firmamos Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Darío Jaramillo, William Ospina, Héctor Abad y yo. Siete. De los cuales sólo yo mantuve la palabra empeñada. Los restantes la fueron violando uno a uno. Primero Mutis: a los pocos meses de que nos pusieran la visa, con la mayor desvergüenza fue a sacar el visado a la Embajada española en México y acto seguido viajó a España a embolsarse los cien mil dólares del premio Cervantes que le acababan de otorgar. Luego Darío Jaramillo, aduciendo que él no podía luchar solo contra toda la Unión Europea. ¿Y cuando firmó la carta sí podía, o es que entretanto se le estaban agotando las fuerzas al paladín? Después volvió Botero furtiva y miserablemente como un delincuente, a lo más vil, a una corrida de toros. Que a Colombia la defiendan los taurófilos es como que la defiendan los paramilitares, los de las FARC, los políticos, Juan Manuel Santos y demás hampones. Después volvió García Márquez con la mayor desfachatez, sin aludir siquiera al asunto. Se publicó entonces una foto suya en Barcelona con el presidente de la Generalitat catalana. ¡Se le había olvidado su promesa! Como antes se le había olvidado también la que hizo de no volver a escribir mientras estuviera en el poder Augusto Pinochet. Diecisiete años estuvo el golpista montado ahí, durante los cuales mi paisano siguió escribiendo libros como si tal. Y sigamos con la lista: volvió mi amigo William Ospina, gran escritor y hombre de alma grande a quien le perdono, y finalmente el que redactó la carta, de nombre Héctor Abad. Cuando Mutis volvió a España por la platica del Cervantes, Héctor escribió un artículo indignado en una revista colombiana diciendo que Mutis violaba su palabra con la tinta de su firma todavía fresca. Recientemente Héctor acabó también violando su palabra y aduciendo, ahora en un artículo de El Espectador de Bogotá, que no podía vivir sin España, donde estudiaban sus hijos. La tinta de su firma ya no estaba fresca como la de Mutis, pero en fin, tinta es tinta, seca o no, y el honor es el honor. ¡Pobre Colombia con estos defensores que le resultan cada tanto! En cuanto a mí, nunca la he defendido. No hago sino sacarle sus trapitos sucios, sus infamias, a la luz del sol.

P. Si finalmente se deja de exigir la visa a los colombianos. ¿Volverá a España?

R. Yo a España ya no la quiero, y estoy feliz de verla quebrada, en bancarrota, con una deuda impagable de casi dos billones de dólares y un desempleo monstruoso. ¡Lo altaneros que estaban, gastándose la plata ajena! Se aprovecharon de lo lindo de la Unión Europea mientras nos cerraban la puerta a los colombianos. ¡Cuál madre patria! Ésa no es una patria. Ni para los españoles ni mucho menos para los colombianos. Bienvenidos euracas a Perú y Colombia. Pero no de gerentes de bancos: a lavar inodoros.

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