Política
ANTONIO GARCÍA VIDRIEL, PRESO ESPAÑOL ENFERMO EN TÁNGER

“Cuando supe que el violador de niños estaba en la calle, me desplomé”

El único preso por el que medió el Rey explica desde la cárcel marroquí su desesperación por salir

Antonio García Vidriel, de 58 años.

Antonio García Vidriel, el camionero español enfermo y preso en Tánger desde hace casi 16 meses, responde desde la enfermería de la cárcel, en medio de grandes gritos. “Perdóname, es que hay unos locos aquí que dan voces porque me ven hablando por teléfono. Aquí hay muchos locos. Me amenazan. A veces cogen las muletas de uno y le pegan con ellas. A mí de momento no me han pegado”.

Habla un camionero jubilado de 58 años hecho a la cárcel, a "los locos" y al "impuesto revolucionario" - "para tener una cama, tuve que pagar; para ver a mi hijo mientras estuvo aquí preso conmigo, también"-.  Su nombre fue el único que el Rey mencionó a Mohamed VI durante su viaje a Marruecos el pasado julio. La Plataforma Presos Marruecos y él mismo habían escrito a don Juan Carlos pidiéndole ayuda para agilizar su traslado a una cárcel española porque estaba muy enfermo. Pero el pasado 30 de julio, el monarca alauí decidió indultar, como un gesto hacia el Rey por su visita, y en la festividad más importante de Marruecos, el día del Trono, a 48 presos españoles, y en la lista había un pederasta condenado a 30 años de cárcel por abusar de once niñas, pero no estaba el camionero enfermo que había mencionado el Rey.  

Quien sí fue indultado fue su hijo, Antonio, condenado a 10 años de cárcel tras hallar en su camión casi 9 toneladas de hachís entre un cargamento de melones. Ya está en Sevilla. En cambio, García Vidriel, que le acompañaba en ese viaje porque se había quedado viudo recientemente,condenado a cuatro años y enfermo de diabetes y el corazón, sigue en prisión.

“Cuando me enteré de que habían perdonado a un pederasta que había violado a 11 niños y a mí, que estoy enfermo y no había pedido el perdón, sino el traslado a España, me dejaban aquí, me desplomé. No entendía nada. No entiendo por qué sigo aquí”, explica desde la cárcel.

Antonio recuerda entre los gritos de sus compañeros de prisión en la enfermería —14 en total, todos marroquíes— el día que pensó que se volvía a España. “Cuando el Rey estuvo aquí, por la radio española y la tele marroquí dijeron que me ponían en libertad. Lo celebré, pero duró muy poquito. Yo pensaba que estando el Rey por medio saldría adelante, pero creo que alguien ha metido la pata hasta el fondo”.

El pasado 30 de julio se despidió de su hijo. “Vino con un guardia y me dijo: ‘¡Papá, que me voy! ¡Dame los zapatos! y yo le grité: '¿Pero qué dices, loco?'. El guardia me aclaró que lo dejaban libre, pero la despedida fue muy rápida: le di los zapatos —se los guardaba yo para que no se los robaran— y un beso por las rejas. Fueron solo unos segundos”.

Antonio cuenta que en la cárcel le preguntó a su hijo si la droga era suya y que este le contestó: “¿Papá, te crees que si yo voy a hacer algo así te llevo a ti, enfermo como estás?”. “Yo nunca he tenido un problema con la justicia”, insiste Antonio, “y mi hijo, que yo sepa, tampoco. Alguna vez ha tenido algún problema de negocios, pero con drogas, nunca”.

La familia lleva varios años de mala racha. “Mi mujer enfermó en 2008 y murió a los cuatro años. A mí me dio un infarto. Y mi hijo pequeño está ingresado porque se quemó en un incendio en Huelva. Dicen que está bien, pero me da miedo que me estén mintiendo y esté peor. Eso me come los nervios desde aquí”.

Cuenta que los días se hacen muy largos en la cárcel. "Nunca me despierto más tarde de las seis y media de la mañana. A las 9.30 nos abren. Antes iba a ver a mi hijo, y desde que lo liberaron voy a ver a otros amigos, todos camioneros. Aquí son casi todos camioneros que están presos por tráfico de hachís...". Después, relata, no hay mucho que hacer. "Para entretenerme escribo cartas. Desde aquí le he escrito al Rey, a la defensora del pueblo, a mis hijos, a mis amigos... Les cuento por ejemplo, que aquí hay unas cucarachas rojas tan grandes que parecen langostinos... Pero desde hace unos días ya no tengo ganas ni de escribir".

Con todo, explica, está mejor que cuando llegó. "Pasé mes y medio durmiendo en el suelo sobre dos mantas, hasta que pagué a los guardias para que me dieran una cama. Mi hijo se tiró 13 meses así, hasta que también pagó el impuesto revolucionario..."

Ver marchar a su hijo libre ha sido un alivio. "Lo peor de estar aquí es estar aquí con tu hijo. De los 16 meses que llevo en la cárcel el peor día fue cuando le robaron y tuvo un problema con otro preso, se cayó por las escaleras... Pasé mucho miedo". Ahora estás más tranquilo. El Consejo de Ministros aprobó el pasado 26 de julio continuar con los trámites para su traslado a España, que confían se resuelva este mes. Pero Antonio ya no se fía. "El miércoles vino a verme el cónsul, pero no sabe nada nuevo. Yo no duermo. Y no sé cómo mi corazón aguanta todas las cosas que he tenido que ver aquí".

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