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los polémicos indutos de marruecos

“Me siento culpable. ¡Antonio tenía que haber sido el primero en salir!”

Fidel, indultado por Mohamed VI, pide ayuda para el camionero enfermo en Tánger

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El rey Juan Carlos y Mohamed VI, el 16 de julio en Marruecos. Getty

“El guardia me dijo: ‘Recoge tus cosas’ y yo pensé que me habían concedido el traslado a una cárcel española. Vino otro amigo, también español, y me gritó: ¡’Que nos vamos, que nos vamos! Los colegas nos abrazaban, pero yo no me creí que quedaba libre hasta que me dieron el pasaporte”.

Fidel M.I., como el resto de españoles indultados por Mohamed VI con los que ha hablado este diario, se llevó una sorpresa cuando le comunicaron que quedaba en libertad. Pero el desconcierto de Fidel, nacido en Rabat, hijo de española y marroquí, fue todavía mayor cuando vio que dejaba atrás a la única persona que todos esperaban que quedara libre: Antonio García Vidriel, el camionero de 58 años y enfermo por el que el Rey medió durante su visita a Marruecos el pasado julio.

“De mi cárcel, en Tánger, salimos 13. Nos quedamos fuera a esperar a Antonio, pero no salía. Entonces su hijo —condenado a diez años de prisión al encontrarse en su camión casi 9 toneladas de hachís— nos explicó que se quedaba, pero que estuviéramos tranquilos, porque lo iban a soltar. Yo grité: ‘¡No es posible! ¡No es posible!’. Él tenía que haber sido el primero en salir. Me siento culpable. Él debía haber salido antes. ¡Está muy enfermo!”, repite.

Fidel fue detenido el 14 de noviembre de 2012. Le condenaron a dos años y medio de cárcel porque en su coche hallaron 65 kilos de hachís con los que asegura que no tuvo nada que ver. En la cárcel de Tánger se hizo muy amigo de Antonio García Vidriel. “Le conocí una semana después de llegar. Tenemos una edad similar, yo 55 y él 58, y nos hicimos muy amigos. Los dos estábamos muy asustados”, explica.

Fidel suspira y coge aire antes de responder a una pregunta sencilla: “Cómo eran las condiciones de la prisión?”. “Cuando lo pienso me dan ganas de llorar. Tienes miedo todo el tiempo, porque mezclaban a gente que, agobiada por la vida, había traficado con algo de hachís, con gente que había matado, con hombres que estaban locos....Allí la gente es muy agresiva. Los presos antiguos te amenazan continuamente: ‘Si no me das tabaco, te rajo’. ‘Si no me das dinero, te rajo o te quemo cuando duermas’. Son personas con condenas de 30 años o más, por asesinato, y saben que ya no van a salir nunca de la cárcel así que les da igual todo, pueden matarte y su vida va a seguir siendo la misma Alguien como yo para ellos es un caramelo...”, relata.

“Yo hablo árabe y les entendía. Ojalá no hubiese comprendido las cosas que decían. Cuando uno se levantaba y decía, por ejemplo: ‘Voy a por ese’, tú pensabas en intentar hacer algo, pero al final no hacías nada, porque no podías. Si me hubieran rajado no les habría pasado nada. Allí no duermes tranquillo, estás siempre asustado y te asustas también de ti mismo, porque tienes que ser un animal para defenderte”.

Fidel cuenta que los diez meses que ha estado en la cárcel de Tánger le han pasado por encima en forma de años. “Me siento mucho más viejo. Las condiciones allí eran terribles.: 20 personas en 11 metros cuadrados, durmiendo en el suelo, como sardinas, sobre una manta. Un cuarto de baño que es un agujero en el suelo del que salen ratas y de todo.... Si no me volví loco fue porque mi hija y mi hermana venían a verme y me apoyaron mucho”.

Fidel regresa enseguida a Antonio. Pronuncia su nombre cada cuatro o cico frases. “Ese hombre no debe pasar ni un día más ahí. Está muy mal. Cuando el Rey fue a Marruecos, nos llegó la noticia de que quedaba libre, pero no fue así. Y se vino abajo. La última vez que hablé con él, el día que yo salí, le dije: ‘Tú tranquilo, te van a sacar’. Pero allí sigue”. Ambos hablaban mucho en la cárcel. “Sobre todo de lo que haríamos al salir. Teníamos la ilusión de montar un restaurante en Sevilla o Málaga, donde yo vivo. A mí me gusta mucho cocinar...”, cuenta Fidel.

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