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Vidas truncadas en el accidente de tren de Santiago

Los fallecidos en el siniestro de Santiago dejan historias de vidas y familias rotas

Después de una madrugada de incertidumbre y desolación para los familiares de los viajeros del tren, que se estrelló este miércoles en Santiago de Compostela, las autoridades sanitarias gallegas han empezado a comunicar las identidades de las víctimas. Estos son los retratos de algunos de los fallecidos:

Elena Arrojo Ausina, 32 años

Muchos vecinos volvían ayer a casa para las fiestas de Santiago. Con ese tren llegarían a tiempo para ver los fuegos artificiales. Elena Arrojo Ausina era una de ellos. La guardia civil compostelana, de 32 años, llevaba cuatro trabajando en la casa cuartel de Yunquera de Henares (Guadalajara). Acababa de tomarse las vacaciones y las iba a pasar en casa. “Aquí hay mucha gente joven y ella estaba bastante integrada”, relata un agente de la misma unidad, que prefiere no ser identificado. Arrojo no tenía hijos y no estaba casada, según su compañero. Era una chica “muy buena”. No sabe si Yunquera de Henares fue su primer destino como guardia civil y no está autorizado a dar más datos sobre su carrera profesional, pero sí sabe que esta localidad, de unos 2.000 habitantes, está “muy afectada” y muchos acuden al cuartel a trasladar sus condolencias.

Tomás López Brión , 21 años

Juan Domínguez Lamas, futbolista del Deportivo, abandonó este jueves por la mañana la concentración de su equipo en Monforte de Lemos (Lugo) para dirigirse al domicilio de su familia en la parroquia de Limodre, en el Ayuntamiento coruñés de Pontedeume. Las noticias que le llegan del jugador son confusas, pero sí confirman que al menos él y otro familiar viajaban en el tren accidentado a la entrada de la estación de Santiago de Compostela.

Dos horas después del accidente, Tomás López Lamas, tío del futbolista, escribió una breve pero dramática entrada en su Facebook: “Mi hijo ha muerto”. Un enlace a la noticia sobre el descarrilamiento acompañaba la frase. Su hermana, que también viajaba en el tren, resultó herida. La información que se recibió del futbolista antes de abandonar Monforte apuntaba también a que la madre de los chicos viajaba con ellos, pero ese no está confirmado.

El Deportivo tenía previsto disputar un partido amistoso la tarde del jueves contra el Ourense como cierre a su estancia en Monforte, pero lo aplazó.

Enrique Beotas, 58 años

Enrique Beotas era uno de los especialistas en comunicación y relaciones públicas más veteranos en España. Fue responsable de prensa de Alianza Popular en los últimos años en que Manuel Fraga ejerció de líder de ese partido y también lo fue en el Real Madrid, en Unidad Editorial, en Onda Cero y en Acciona, entre otros.

El abulense mantenía desde hacía 17 años el programa de radio más veterano sobre salud, La Rebotica, que se había emitido en la cadena SER, Radio España, Radio Voz, Cadena Blanca, Onda Cero, El Mundo Radio, la cadena Cope y Gestiona Radio.

Fue presidente y vicepresidente del Grupo Quator-Quindici, empresa dedicada a la gestión de la comunicación, de la que fue socio fundador.

Beotas era autor de varios libros, entre ellos Manuel Fraga, cuaderno de notas de una vida, que publicó en 2007, con conversaciones con el que fuera líder de AP.

Colaboró con varios medios como El Mundo, Marca, Ya, La Información de Madrid, La Razón y El Correo Gallego; revistas como Actualidad Española y Gaceta Ilustrada, entre otras; o audiovisuales como Tele 5.

Carolina Besada Garrido, 18 años

La familia de Carolina Besada Garrido pasó, como muchas otras familias, horas en vilo hasta conocer la fatal noticia. Su hermana Marta, jugadora de fútbol sala en el Cidades das Burgas (Ourense), rastreaó las redes sociales en busca de noticias suyas. “Por favor si sabéis algo a ciencia cierta sobre Carolina, avisad, si no sabéis si es verdad, por favor, os pido que lo evitéis, mucho dolor”, escribó el jueves por la mañana. Uno de sus últimos mensajes: “Descansa en paz, Lila…”.

Sus padres y hermanos habían viajado hasta Santiago en coche para disfrutar de un fin de semana de fiestas en familia. Carolina Besada había subido al vagón seis del tren en Ourense para reunirse con ellos. Hacía un mes que Carolina había culminado sus estudios de bachillerato. “Supongo que iría a la universidad en septiembre”, comentó una compañera del equipo de Marta Besada, que aseguró que los padres de las hermanas son médicos y que la joven viajaba junto a una amiga.

José María Romeral, 65 años

Chema, como todo el mundo le llamaba, era natural de un pueblo de Ciudad Real. Hacía 10 años que era vicario de la iglesia de Santa Teresa de Jesús, una parroquia del municipio madrileño de Colmenar Viejo. "Era una persona anónima pero maravillosa. Era también un pintor fenomenal, un decorador", relata una catequista, con la voz rota por la emoción. "Casi todos en el pueblo tenemos un cuadro suyo”, añade Amado, un amigo. ¿Y qué pintaba? “Sobre todo motivos religiosos, pero también los carteles de las fiestas”, recuerda.

Romeral cogió el Alvia porque quería pasar una semana de vacaciones en Galicia con un amigo. Otra de sus feligreses, Pilar Quiles, estaba pasando unos días en Murgados (A Coruña) cuando supo del descarrilamiento del tren en el que viajaba Romeral. "Me dijo que venía para aquí y que nos veríamos", declaró a los periodistas, mientras su marido se dirigía al aeropuerto de Lavacolla a recoger a las dos hermanas del vicario.

Luis Manuel Rodríguez Vallejo, 44 años

A Luismi, lo conocían todos en el polígono de Torrehierro (Talavera de la Reina). “Llevaba por aquí toda la vida”, relata un mecánico. “Conozco a su familia, aunque a él no le pongo cara”, reflexiona un segundo. Otros, están tan afectados que no se atreven a hablar de él. Casado y con dos hijos, Luis Manuel Rodríguez Vallejo, de 44 años, regentaba, junto a un socio el taller mecánico Automoción Rodríguez Moreno, un oficio que le venía de familia. “Todos se han ido para allá [Santiago de Compostela], aquí no queda nadie”, se excusa un trabajador Talleres y Servicio Vallejos e Hijos, que pertenece a un tío del fallecido, que no sabe por qué Rodríguez viajaba en el tren.

Laura Naveiras Ferreiro y David Martín Díaz, 21 años

Aspiraban a convertirse en médicos y, para conseguirlo, el extremeño David Martín y la gallega Laura Naveiras, de 21 años, no tuvieron reparo en matricularse en una de las universidades más lejanas a sus pueblos de origen: la Universitat de Lleida. “Nos habéis dejado, pero siempre os tendremos presentes. Perdemos a dos grandes médicos pero, sobre todo, perdemos a dos grandes compañeros, a dos grandes personas", trasladó el Consell de l'Estudiantat de la facultad en su página de Facebook este jueves, inundada por los mensajes de cariño de sus compañeros. El centro se decretó en luto y mañana mantendrá un minuto de silencio en su honor. Se quedaron en el tercer curso y sus compañeros los recuerdan como uno estudiantes brillantes.

En el pueblo donde su abuelo es alcalde, Bohonal de Ibor (Cáceres), conocían a David como un “chico brillante” que se había marchado a estudiar Medicina.

Francisco Javier García Liras, 27 años

Natural de Segovia, trabajaba de veterinario. Tenía previsto desplazarse a Santiago con un antiguo compañero de carrera para disfrutar de la festividad del Apóstol. Según sus allegados, dudó hasta el último momento en viajar en tren. Su cuerpo esperaba el viernes en el Tanatorio segoviano de San Juan de la Cruz para ser velado. Sus familiares se desplazaron hasta Galicia en su búsqueda.

Jesús Antonio Rodríguez Garrido, 13 años

José Ignacio Llorens, veterano diputado del PP por Lleida recibe sin cesar el pésame de diputados del Congreso. Es un veterano parlamentario que forma parte del panorama político de la Carrera de San Jerónimo desde 1982 aunque ha faltado a alguna legislatura para ocupar un escaño en el Parlamento de Cataluña. La muerte de su sobrino ha consternado en la Cámara, donde Llorens goza del afecto general por su afabilidad y buen trato con todos los diputados, sea cual sea su partido político.

Llorens confirmó el jueves a la agencia EFE, momentos antes de la comparecencia del ministro de Agricultura, Miguel Ángel Arias Cañete, que el hijo de su cuñado había fallecido en el accidente, si bien todavía no había trascendido el nombre del fallecido. La Policia Nacional de Santiago de Compostela confirmó este viernes a la subdelegada del Gobierno en Lleida, Inma Manso, la muerte del joven.

Francisco Navajas, 76 años

Francisco Navajas se fue de Alfaro, un pueblo riojano que no llega a los 10.000 habitantes, cuando aún era muy joven. Su destino: Bilbao, donde estudió Ingeniería Industrial. Desde entonces, solo volvió a La Rioja para visitar a alguno de sus seis hermanos mayores. “Era forofo del Atlético de Madrid”, recuerda entre risas su hermano, Emiliano. Cree que lo van a enterrar en la capital, aunque no lo sabe con seguridad: “¡Ha sido todo tan rápido!” Francisco Navajas vivía en A Coruña. Fue director de la Tabacalera hasta su cierre. El miércoles venía de visitar a sus dos hijas en Madrid.

Consuelo Iglesias, 68 años

Todo el pueblo de Rojales, en el interior de Alicante, conocía a Doña Chelo, como llamaban todos a esta maestra del colegio Príncipes de España, desde hacía más de 30 años. Pese a haber nacido en localidad coruñesa de Arcos, Consuelo era “una alicantina más, una vecina muy querida, una amiga de todo el mundo”, según los vecinos, que aún la recordaban disfrutando de las fiestas de moros y cristianos del pasado julio. Tanto como su marido, Manuel Salvador, médico de familia “de toda la vida” y aún en ejercicio en el centro de salud de la localidad, que no la acompañaba en esta ocasión en el viaje a Galicia, y que fue quien, con sus dos hijos, acudió a Santiago al enterarse del accidente. Consuelo iba a su tierra a celebrar la fiesta del patrón y a reencontrarse con sus antiguas compañeras de colegio. Su hermana y su cuñado la esperaban en el andén, pero no pudieron abrazarse. En Rojales, su pueblo de adopción y donde será enterrada, han decretado tres días de luto oficial en su memoria.

Sara Camila Vélez Fuenmayor, 36 años

Hace 15 años que la colombiana Sara Vélez vivía en Madrid. Viajó desde Medellín apenas se graduó del colegio con la idea firme de fundar su propia empresa, un sueño que poco a poco fue haciendo realidad. Una de sus mejores amigas en España, Soraya Delgado, ha contado a medios colombianos que Sara tenía una pequeña empresa de carteras y collares y que pensaba incursionar en el diseño de ropa deportiva. En España también nacieron sus dos hijos, un niño de tres años y una niña de 11 a la que precisamente iba a visitar a Santiago de Compostela, por lo que tomó el tren que terminó descarrilándose. La niña estaba de vacaciones con la familia de su padre. Según Delgado, fue su pequeña hija quien le confirmó la trágica noticia. Sara viajaba sola y ahora será velada en Madrid para luego ser trasladada de regreso a Colombia.

Rosalina Ynoa, 40 años

No era la primera vez que Rosalina Ynoa González recorría los más de 6.300 kilómetros que separan su natal Santo Domingo de Santiago de Compostela para ver a Martina y Genodys, dos de sus 14 hermanos. Ya lo había hecho otras tres veces. Llegó a Madrid el lunes para participar en una reunión previa a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Era directora de la Unidad de Cooperación Internacional en el Ministerio de Economía de República Dominicana. “Aprovechó para venir unos días a visitar”, explicó por teléfono Melsi Quesada, la mujer de su sobrino. La última vez que se vieron fue en diciembre, cuando Martina y su familia volvieron a su tierra para pasar las navidades. Nadie en Galicia sabía que Rosalina Ynoa viajaba en el Alvia que descarriló la tarde de miércoles. Era una sorpresa que se vio obligado a pinchar un conocido que la había acompañado a la estación. “Nos enteramos porque nos llamó para decirnos que ella estaba en el vagón número 5 de ese tren”, ha asegurado Quesada. Ynoa estaba casada y tenía cuatro hijos de entre 12 y 18 años. 

Jacobo Romero Rivera, 33 años

Nacido en A Coruña e informático de profesión. Jacobo estudió la educación primaria en el colegio de Santo Domingo y cursó informática en Ourense. Se dirigía a su casa desde Madrid, donde había visitado a una de sus hermanas.

María Andrea Hernández Miguel, 76 años

Nacida en la localidad zamorana de El perdigón, María Andrea vivió prácticamente toda la infancia y juventud en su pueblo hasta que se casó y se trasladó a Madrid. Según informa La opinión de Zamora, era viuda y madre de dos hijas. Andrea cogió el tren en Madrid para ir a pasar unas vacaciones con su familia en Galicia. (Foto: cortesia de La Opinión de Zamora)

Mohamed Chiad, 45 años

Mohamed Chiad debía estar en Galicia el jueves 26 para abrir su puesto de venta de kebabs en una feria medieval. Los amigos que se acercaron a su casa en el Grau, en Gandia, explicaron al diario Las Provincias que él recorría España todo el año trabajando: “Nunca decía que no”.

Chiad, natural de Argelia, vivía en Gandía desde hacía unos 20 años. Allí se quedan su mujer y sus cinco niños, el mayor de ellos de siete años. El Gobierno local se ha hecho cargo de los trámites para que pueda ir a Santiago a reclamar su cadáver, según informó el periódico.

Manolo, septuagenario

Manolo estaba jubilado y viajaba a menudo a Galicia para escapar de las altas temperaturas  de Zamora, su ciudad. Tenía casi ochenta años y cuatro hijos que no quieren que se difundan más detalles sobre su identidad, según cuenta una amiga de la familia de A Coruña, donde solían recibirlo, aunque este fin de semana, se encontrarían todos en Santiago.         

Marta Jiménez Camacho, 30 años, e Isidoro Fernández

Isidoro, de unos 30 años, perdió a su novia y a su padre, Isidoro  Fernández, en el accidente. Él permanece ingresado en planta en el hospital de A Coruña, con quemaduras en todo el cuerpo y un pulmón perforado, aunque los médicos no temen por su vida. Su padre ha sido de los últimos cadáveres identificados. Ellos eran de Ciudad Real y ella, de Valdepeñas, una localidad cercana, aunque la pareja vivía en Valencia, donde ambos estudiaban. Marta Jiménez se preparaba para ser restauradora y conservadora.

Leonor Buendía, 67 años, José Luis Baleiras Poch, 70 años

La maestra jubilada Leonor Buendía, de 67 años, y el militar retirado José Luis Baleiras Poch, de 70, querían aprovechar la celebración de las fiestas del Apóstol Santiago para pasar unas vacaciones en Galicia, según el rotativo murciano La Verdad. Baleiras, originario de Ribeira (A Coruña) fue destinado en su juventud al cuartel general de la Armada de Cartagena, donde conoció a su esposa, instructora en el colegio público San Isidoro y Santa Florentina, y se afincó hasta retirarse. El diario local cita a fuentes familiares, que recibieron en la misma noche del miércoles una llamada que anunciaba la muerte de él, y durante la mañana del jueves, llegaba la noticia del fallecimiento de la mujer.

De sus tres hijos, informa el mismo periódico, el único varón también es militar y está de misión en Afganistán. Ya ha emprendido el camino de retorno para acudir al funeral.

Blanca Padín, 66 años

Varias generaciones de chavales de Tui, en Pontevedra, han aprendido lengua y literatura, música o francés de la mano y de la voz de esta afable profesora. Este era el primer curso que Blanca, viuda y madre de dos hijos, uno de ellos concejal de un grupo independiente en este idílico municipio, disfrutaba de su jubilación después de 40 años dando clase en el Instituto San Paio de la localidad. Su director, Manuel Caldas, recuerda emocionado a su compañera, muy querida y conocida en el pueblo, como una mujer apasionada de su trabajo y de sus alumnos, y con un sentido del humor y una santa paciencia a prueba de la vitalidad de los cientos de adolescentes a los que desbravó en los sucesivos cursos de BUP, COU, ESO o Bachillerato que impartió en su vida académica. Los planes escolares pasaban, pero Blanca permanecía. Algunos de sus pupilos le devuelven estos días parte de ese cariño inundando las redes sociales con mensajes de despedida a su maestra. Uno, llamado Telmo, la describía así en su blog: “El máximo éxito de un docente es haber influido en sus pupilos mostrándoles el camino de la independencia y la libertad que te da tener criterio propio, sin dejarte arrastrar. Blanca fue de esas maestras. Gracias, siempre”.

Delia Buján, 68 años, y Braulio Domínguez, 71 años

El matrimonio Buján Domínguez vivía en Noia, un municipio situado al sur de la desembocadura del río Tambre. Ambos regentaban en el pueblo una tintorería, llamada La Moderna. La tragedia se cruzó con el matrimonio cuando volvían de Madrid de visitar a su hijo, de profesión militar, que se encuentra en Madrid tratando un cáncer. El hermano de Delia fue a buscarles a la estación e incluso habló con ella 10 minutos antes del siniestro. “Me dijo que fuera yendo para el andén, que estaban a punto de llegar. Los minutos pasaban y no se veía el tren. Después escuché sirenas y llamé otra vez al teléfono. Sonaba pero nadie respondió”, declaró a La Voz de Galicia.

Rodrigo de Antonio Moledo, 22 años

Sus amigos le llamaban Tortu por el tatuaje de una tortuga que lucía en la espalda. Nacido en Ferrol y seguidor del Atlético de Madrid, este joven trabajaba en Madrid de ayudante de imagen y sonido en un musical. Se dirigía a su localidad natal para visitar a sus padres.

Rodrigo Martínez Moledo, 23 años

Nacido en Mazaricos, era estudiante universitario en el último año de carrera. Residía en Madrid junto a sus padres.

Lidia Martín y Daniela Recio

Nacidas en Barallobre, eran madre e hija. Iban en el tren junto al marido de Lidia, llamado Rafa y militar de profesión, y su otro hijo, Santiago. Los dos varones sobrevivieron a la tragedia sin lesiones graves, las dos féminas de la familia no tuvieron la misma suerte. Daniela tenía solo dos años. Lidia cursó estudios en el Instituto San Pedro de Leixa, en Ferrol.

Esperanza Moriñigo, 65 años

Regresaba de su Salamanca natal donde pasó unos días visitando a su anciana madre, de 94 años. Esperanza Moriñigo Gregorio siempre recurría al tren para las idas y venidas desde A Coruña, donde llevaba décadas afincada. Su cuerpo quedó desmembrado en el descarrilamiento del tren en Santiago. Su familia esperó 30 horas la confirmación de su muerte, que se demoró por el mal estado de su cadáver. Uno de sus hijos, médico en Londres, se encontró con colegas conocidos entre los forenses encargados de la identificación. La de su madre se resolvió gracias a las huellas dactilares asociadas a su DNI. Esperanza recibirá mañana, sábado, sepultura en A Coruña.

Celtia Cabido, 21 años, y Eva Pérez, 24 años

Celtia Cabido Prado (acababa de diplomarse en Magisterio) y Eva Pérez Seara (licenciada en Económicas y un máster en Desarrollo Sostenible) querían celebrar el Día de Galicia en Santiago con los antiguos compañeros de Erasmus de Eva. Las dos amigas (primas segundas: sus abuelas son hermanas) apostaron por la prudencia y dejaron el coche aparcado en la Estación Ourense-Empalme para subirse al tren que hizo el fatídico viaje hacia su muerte. Hoy las entierran en su pueblo natal de Xunqueira de Ambía tras largas horas de tensiones, profundo dolor e incertidumbres: la muerte de Celtia fue confirmada a primera hora de la mañana de ayer pero la búsqueda de Eva continuó hasta avanzada la tarde. A última hora, sus padres perdían toda esperanza e identificaban el cadáver mientras el ayuntamiento ponía a punto el polideportivo en el que hoy se celebra el funeral por ambas.

Los vecinos están noqueados. Las jóvenes eran muy conocidas. “Estaban llenas de vida y de planes; es tremendo”, resume el alcalde de Xunqueira, José Luis Gavilanes, el sentimiento general. Celtia se subió al Alvia tras comprar un billete de avión a Londres para los próximos días. Eva pensaba en algún destino como cooperante. Su viaje finalizó en la curva de Angrois.

Antonio Jamardo Villamarín, 40 años

En el pequeño pueblo de Pontecesures, la familia de Antonio Jamardo le esperaba a él y a su novia. No era una visita cualquiera: el más pequeño de sus hermanos se casaba el sábado. Jamardo se había mudado hacía un par de años a Madrid, donde era comercial en una fábrica de aluminio, según ha explicado Amancia Villamarín, su tía. Su novia se encuentra entre los heridos leves.

David Villoldo Pardo, 27 años

Los compañeros de David esperaban con ansia los lunes en que este ingeniero informático volvía de pasar el fin de semana en su tierra gallega. Las suculentas empanadas y los apetitosos tuppers con guisos caseros que le preparaba su madre, eran un festín que David gustaba de compartir con sus colegas de Publidirecta, la empresa de márketing madrileña donde trabajaba desde hace año y medio. “Aquí no sabéis comer ni beber, ni siquiera tenéis cerveza Estrella de Galicia en los bares”, se vengaba él, en broma, de sus amigos de la capital, acostumbrados a resolver el almuerzo en cualquier bar de menú del día de los alrededores de la oficina. “Era un coco, un fuera de serie en su oficio, te creaba un programa complejísimo en dos horas”, dice Asier Ariaga, un diseñador gráfico que trabajaba codo con codo con él. Aficionado al fútbol y deportivista acérrimo, a David le gustaba el heavy, las series y los videojuegos, y aprovechaba cualquier excusa para escaparse a su aldea, adonde iba a pasar la fiesta de Santiago el jueves. Sus padres le esperaban en la estación de A Coruña, pero solo pudieron reconocer su cuerpo entre los fallecidos.

Con información de Alba Tobella, Stefanía Gozzer, Gabriele Ferluga, Pedro Espinosa, Pol Pareja, Luz Sánchez-Mellado, Belén Domínguez, F. Javier Barroso, Paola Obelleiro, Juan L. Cudeiro, Paula Chouza, y Elisabeth L. Reyes

Yolanda Delfín Ortega, 22 años

A Yolanda Delfín Ortega le gustaba el clima de Santiago de Compostela. La joven mexicana, natural del Estado de Veracruz, llegó a la capital gallega hace seis meses en un programa de intercambio. “Le habían recomendado esa escuela”, ha relatado su hermana de 16 años al teléfono. La estudiante volvía de un viaje a Madrid, donde el día anterior se había despidido de sus padres y de su hermana después de un mes de vacaciones por Europa. “Había terminado los exámenes en junio. Fuimos a verla y queríamos que regresara con nosotros, pero ya no había billetes para esa fecha y tuvo que comprar la vuelta para el 2 de agosto”. Por eso volvió a Galicia el miércoles en vez de volar a México.

El novio de la joven estudiante, Luis Ledesma, contactó con ella a través de la red social Facebook cinco minutos antes del accidente. La muchacha le dijo que cuando llegase a casa lo llamaría, pero esa fue la última noticia que tuvo de ella.

No fue hasta después de las cuatro de la tarde que la familia recibió la comunicación oficial por parte de la cancillería mexicana. La hermana de Yolanda ha asegurado que este sus padres viajan a España mismo jueves para recuperar el cuerpo. En la Universidad Anáhuac Xalapa, donde estudiaba Derecho, celebraron el viernes una misa en su memoria.

Carla Revuelta, 38 años

Iba a Santiago a ver a una amiga, desconectar del estrés de Madrid, y recargar las pilas para volver, la semana que viene a empezar la grabación de un programa infantil, Los Cantajuegos, para Disney Channel. Carla, de 38 años, directora y realizadora, había pasado el mes de junio dirigiendo Hostias como panes, una obra que había cosechado cierto éxito en el circuito teatral independiente madrileño. La autora del montaje, Marina Pérez, y uno de los actores protagonistas, Mario Alberto Díez, glosaban ayer, aún llorosos, la figura de su colega y amiga. “Dirigía con un cariño exquisito a los intérpretes y al equipo, y era una apasionada de su oficio. Deja un gran hueco personal y profesional”, coincidían. Los empleados de la productora Globomedia, se mostraban también consternados con la noticia de su muerte. Carla se formó y creció profesionalmente en sus estudios como realizadora y directora de algunos episodios de Policías, Siete vidas y Aída, algunas de las series emblemáticas de la casa, y de la historia de la televisión. Fueron sus padres y su hermano, que se encontraba en Dinamarca, quienes reconocieron su cuerpo entre los fallecidos del accidente. En su cuenta de Twitter, Carla posa de espaldas en una playa mirando al mar al que le gustaba viajar. La última vez, no llegó a destino.

Juana Arganda, 64 años

Juana y su marido, Antonio Rodríguez Gómez, de 67 años, que resultó herido de gravedad en el accidente, cogieron el Alvia en la estación de Ávila. Cerca, en la idílica localidad de Navaluenga, pueblo natal de ella, el matrimonio tiene una casa a la que solían acudir a refrescarse del rigor del verano en Toledo, donde residen habitualmente. Juana y Antonio viajaban a Galicia a ver a una de sus cinco hijos y a su marido, el entrenador de baloncesto Rubén Espeso, gallego de origen, cuyos padres habían invitado a sus consuegros a celebrar con ellos la fiesta mayor de Santiago. No pudo ser.

Ana Álvarez Carballo, 45 años

Ana Álvarez, funcionaria, falleció en el acto. Natural de Ourense pero residente en A Coruña, se desplazó a Ourense junto a una de sus dos hijas, de seis años, para que la pequeña visitara a sus abuelos. Volviendo de la visita sucedió el accidene. La niña fue hospitalizada pero está bien

Karmele Sanz, 53 años

Nacida en Andoain (Gipuzkoa), vivió durante 25 años en Santiago. Trabajó como auditora, primero en Sodiga y despues en Tracsa. Al final se montó su propia auditoria en la calle Tras Do Pilar de Santiago. Soltera y residente en Madrid, se desplazaba a Santiago para celebrar junto a unos amigos el día del Apostol.

Ana María Córdoba

Viajaba con su marido, Luis Felipe Córdoba, y su hija adolescente: Cristina Córdoba. De origen colombiano pero de nacionalidad estadounidense, se dirigían a Santiago para visitar a su hijo, que había estado haciendo el camino de Santiago. Moreno, alto, vestido de excursionista y teléfono en mano, se le vió ayer por la noche sobre las 22:30 en la sala de espera de la Clínica de Santiago preguntando por "una chica de 16 años". Su padre fue hospitalizado con una contusión craneal y su madre (Ana María Córdoba) falleció.  

Antonio Reyes, Rosa Quijano, Esperanza Márquez, Francisco García e Ignacio Bustamante

Tres familias gaditanas que viajaban juntas a Santiago quedaron truncadas por la tragedia ferroviaria. Antonio Reyes tenía 60 años. Estaba a punto de jubilarse como profesor del Instituto Sancti Petri, de San Fernando (Cádiz). Junto a su esposa, Rosa Quijano, su hija Fátima, de 26 años, y dos matrimonios más —los formados por Esperanza Márquez y Francisco García y por Ignacio Bustamante y Josefa Álvarez— acudía a Galicia para encontrarse el Día del Apóstol con unos amigos, también gaditanos, que habían culminado el camino de Santiago. Solo Josefa Álvarez y la joven Fátima, con síndrome de Down, sobrevivieron al descarrilamiento.

Ignacio Bustamante, funcionario del Ayuntamiento gaditano y conocido en la ciudad por sus cargos en cofradías de la Semana Santa, fue identificado como uno de los fallecidos a primera hora de la tarde.

Tras horas de angustia, a final de la tarde se confirmaba la muerte de Rosa Quijano, empleada en una oficina de banco, la esposa de Antonio Reyes y madre de Fátima. La tragedia en San Fernando se amplió cuando se supo que Esperanza y Francisco, ambos profesores del colegio público Puente Zuazo, también habían fallecido en el siniestro.

David Bernardo Monjas, 36 años, y Olga Buitrago Valbuena, 28 años

Eran vecinos de Alcorcón, en Madrid, y eran pareja. Ambos eran jefes de tripulación de Renfe y era la primera vez que hacían este recorrido, en el que causalmente coincidieron los dos. Los dos eran la única tripulación que iba a bordo del tren siniestrado.

Olga llevaba unos siete años y medio como azafata de tren. David entró después, hace unos seis años. De hecho, los dos se conocieron, según relatan sus compañeros, cuando ya estaban dentro. De eso hacía unos tres años y medio.

David Bernardo había vivido siempre en Alcorcón. Ahora residía solo en un piso del nuevo barrio del Ensanche Sur. Sus compañeros le describen como una persona “muy perfeccionista” y un “muy buen jefe” que siempre ayudaba a todos sus compañeros. “Era muy educado y siempre de estaba de broma con un humor muy irónico”, recordaba un compañero suyo al que le costaba hablar de él en pasado.

Ella residía también desde hacía poco en un piso en el barrio de Parque Oeste. Sus compañeros recuerdan que se caracterizaba por ser “muy guapa” y ser “muy amable” con todos los del trabajo. “Era la típica persona que te enseñaba cómo hacer las cosas porque primero las hacía ella”, recordaban sus amigos. “Es una gran pérdida. Nos podía haber tocado a cualquiera de nosotros, sobre todo, por una imprudencia de ese calibre".

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