Política

Los cuatro ángulos del movimiento

Cuatro expertos explican las claves del 15-M y analizan los cambios que ha causado en España

Manifestantes del 15-M durante una protesta en la plaza de Catalunya (Barcelona) en mayo de 2011. / Marcel-lí Sáenz

Se cumplen dos años del 15-M, un fenómeno social que ha sido difícil de describir en la cultura contra la que el movimiento choca. El presente reportaje es un intento de descripción del 15-M a través de cuatro parcelas en las que ha sido determinante —política, sociológica, cultural y tecnología—, y cediendo la explicación a cuatro personas que se han interesado por el 15-M —algunas, desde dentro—, a partir de esos accesos.

POLÍTICA

¿15-M como final de régimen?

Joan Subirats es catedrático de Ciencias Políticas en IGPO-UAB y articulista de este diario. Para aludir a la crisis de deslegitimación política en España discierne entre rasgos de cambio de época globales —“cambio tecnológico que permite evitar intermediaciones que no aportan valor; globalización financiera y erosión de los sistemas de fiscalidad; menor capacidad de acción de los gobiernos”—, y características e intensidades propias: “Un sistema político muy cerrado, opaco y tendente, desde la Transición, al pacto entre élites. La división de poderes no ha funcionado, y el deterioro institucional se ha incrementado”. La conjunción de lo global y lo local, y “la constatación ciudadana de que los que mandan, llámense Zapatero o Rajoy, son meros transmisores de órdenes ajenas al control democrático, han situado la desconfianza y el descrédito de los políticos y de las instituciones en sus niveles más altos”. La aparición del 15-M en ese paisaje ha supuesto un aldabonazo: “Puso en marcha un proceso constituyente que sigue avanzando sin pasar por los cauces institucionales”. Sin el 15-M “no se explicaría la PAH, o la creciente significación de las nuevas formas de hacer política que van aflorando aquí y allá en distintos formatos y concreciones”. “El régimen construido en la Transición toca a su fin. Y lo hace por (de)méritos propios y por empujones externos”. El 15-M sería uno de esos empujones. Las presiones financieras, sin respuesta gubernamental, el otro.

TECNOLOGÍA

15-M como revolución teconológica

Encuentro con Javier Toret, psicólogo, activista e investigador. En junio aparecerá una investigación suya y de @datanalysis15m: Tecnopolítica y 15-M. Trabaja en el programa de la UOC Comunicación y sociedad civil, y es miembro de X.net.

Hablábamos de lo que es, tecnológicamente, el 15-M. “En el 15-M lo tecnológico no puede separarse de lo político, afectivo, social e histórico. Constituye lo que denominamos un ‘acontecimiento aumentado’, que se vivió y explosionó gracias al uso político de las redes”. Como ejemplo, Toret aporta que, en 2011, entre seis y 8,5 millones de personas participaron en el movimiento actuando entre el espacio virtual y físico: un 96% en Facebook, en un 66% en asambleas y acampadas, 45% en Twitter, 34% asambleas de barrio... al mismo tiempo el 15-M recibió el apoyo de 34 millones de personas”. Esto supone “un acontecimiento que transformó las mentalidades, y que modificó súbitamente la percepción de lo que es intolerable, y la apertura de nuevos horizontes de deseo”. Pese a ello, Toret no cree que el 15-M sea un movimiento digital, “o no exclusivamente: es un movimiento-red que incluye herramientas digitales como parte de una nueva cultura política de organización”.

La brecha tecnológica entre el Estado y el 15-M es otro dato a tener en cuenta: “Estado y organizaciones sociales tradicionales van muy lentos, no son capaces de seguir la velocidad en las transformaciones, que están ligadas, entre otras cosas, a una nueva dieta cognitiva, y a una nueva cultura política en red, colaborativa y creativa”.

La brecha tecnológica con el Estado es también “una fractura social, pero también una fractura mental, una fractura política”, en la que el 15-M esboza en el horizonte de una nueva idea de democracia “que parte de un lógica de control distribuido de los asuntos comunes por parte de la ciudadanía”, que prefigura “una democracia digna del siglo XXI”, capaz de incorporar “el conocimiento experto de la ciudadanía, su capacidad de control y monitorización de los poderes, y su potencia de innovación constante, en una sociedad de código abierto”. Y eso, también afecta a las instituciones: “El 15-M las ha envejecido súbitamente, visualizó que la democracia actual está bloqueada y secuestrada, incapaz de procesar los cambios que la sociedad en red muestra cada día”. Sobre el futuro, según Toret: “Hay que aprovechar todo el despliegue de la inteligencia colectiva de la gente, y aplicarlo a construir un sistema más abierto, democrático” e, —indicio importante— “para eso necesitamos también asaltar el espacio electoral de manera novedosa”.

SOCIOLOGÍA

Un cambio en el sentido común

Carlos Delclós es sociólogo, investigador en la UPF, y colaborador en diversos medios españoles e internacionales. El 15-M es un movimiento, según él, no juvenil, compuesto “por personas afectadas por la precariedad, una forma de explotación que extiende la adolescencia, impidiendo que las personas puedan hacer planes de vida”. Otro rasgo de sus integrantes es haber sido “olvidados por las estructuras de representación formales surgidas de la Transición, como los partidos políticos o los sindicatos”. Hablamos de la evolución sociológica del 15-M en sus dos años de vida: “En sus inicios representaba a los indignados, hoy a los desposeídos: de sus casas, de su bienestar, de sus derechos sociales y democráticos”. Eso ha supuesto cambios: “Socialmente hay una mayor aceptación de la radicalidad en las acciones de protesta que se hacen en nombre de las personas que están en una situación límite”. El mayor logro en este tiempo, para Delclós, ha consistido en “el cambio en el sentido común. Todas las encuestas recientes, del CIS, de Metroscopia, de la Fundación BBVA, remiten a pensar que hay una masa crítica, ¡de casi tres cuartos!, que coincide con el diagnóstico que hace el 15-M de la crisis. El 15-M ha sido capaz de cambiar el sentido común, la lectura de la realidad”. Por lo que le augura un futuro dilatado: “El 15-M continúa y traslada al ámbito local la lucha global contra el neoliberalismo y su tensión principal, la capacidad que tiene el capital global de sabotear el poder de decisión de las personas”. Hasta que eso no se resuelva, “veremos algo, por lo menos muy parecido, a lo que vemos en el 15-M”.

CULTURA

15-M como ruptura cultural

Conversación con Amador Fernández-Savater, coautor de CT, o Cultura de la Transición (un dibujo de la cultura hegemónica de las últimas décadas), y del reciente Fuera de lugar. Conversaciones entre crisis y transformación (Machado, Madrid, 2013). Hablamos de los cambios culturales en dos años de 15-M, entendiendo cultura como “un ámbito de interpretación y visión del sentido y la sensibilidad”. ¿Ha habido una ruptura cultural? Amador cree que sí, y en dos planos: lo que es o no discutible —“hoy se discuten cuestiones-raíz políticas y económicas que se dieron por cerradas”—, y quién puede hablar de esos temas —“la cultura de la Transición reemplazó la opinión de las personas comunes por políticos, intelectuales con acceso a los medios, y expertos”—.

Hablamos de las dificultades que ha habido en los medios para describir el 15-M: “Describen y piensan el 15-M cómo estructura, organización y sujeto”, mientras que el 15-M no es eso, “es un clima difuso de politización social”. Dibujo de ese clima: a) “preocupación por lo de todos, más allá de discusiones coorporativas o idelógicas”, b) “inclusividad: trabajadores, usuarios, afectados y gente cualquiera no colisionan en sus protestas, sino que se unen”.

Finalizamos hablando del futurible cultural de todo esto. “Ha surgido un nuevo paradigma, el 99%, lo de todos, y eso no es de derechas o de izquierdas”. Priorizar el 99%, antes que simplificar la política, la complica: “Queremos una democracia compleja, que no simplifique todo a representación, como hasta ahora”. De hecho, tal vez, el gran cambio cultural provocado por el 15-M, “es una ruptura con la representación en política, y con el individualismo en lo social”. Lo que es un sello de que “vivimos en globalización, y que todos estamos en interdependencia”.

 

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EFE

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