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El PP aprueba en solitario en el Senado la nueva Ley Hipotecaria

Unos 40 miembros de la PAH protestan en el Senado por la aprobación de la ley hipotecaria del Gobierno, que no respeta la Iniciativa Legislativa Popular

 FOTO: SAMUEL SÁNCHEZ

Paralización de los desahucios, dación en pago con carácter retroactivo y alquileres sociales. Son los tres objetivos mínimos que planteaba la Iniciativa Legislativa Popular de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que llegó al Congreso avalada por 1.400.000 firmas. Y ninguno de ellos está recogido en la ley del Gobierno de protección de los deudores hipotecarios, que ha sido aprobada esta tarde por el pleno del Senado. El Partido Popular, con su mayoría absoluta, ha rechazado las 275 enmiendas presentadas por el resto de grupos. Una veintena de activistas de la PAH ha asistido desde la tribuna, impotente, a las seis horas de debate. En el momento de la votación, se han puesto de pie y han dado la espalda a los miembros de la Cámara para mostrar su repulsa. “Lo que se ha tumbado hoy aquí es la democracia, la voluntad de la mayoría de los ciudadanos”, ha declarado, indignada, Marta Afuera a la salida.

No ha habido sorpresas. Este mediodía, una veintena de activistas de la PAH se ha dado cita frente al Senado para dejar constancia de que, pese al previsible voto a favor de la propuesta del Ejecutivo, los afectados no se rendirán “ni por asomo”. Así lo ha explicado Rafael Mayoral, asesor jurídico de la plataforma, quien se ha mostrado convencido de que la ley condenará a los afectados a una deuda perpetua, a la exclusión social. “Supone una violación de los derechos humanos y no respeta la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por lo que el Gobierno, más tarde o más temprano, tendrá que reformarla. Tiene cada viernes para hacerlo, a través de un decreto ley. Nosotros seguiremos en las calles”, ha resumido el portavoz de la PAH.

Su intervención ha sido el principio de una larga jornada. Mientras un grupo de activistas asistía al debate, otro –también formado por unas 20 personas, fundamentalmente afectados- ha permanecido a las puertas de la Cámara alta, custodiados por un fuerte dispositivo policial –había un agente por cada dos personas-. Megáfono en mano, los miembros de la PAH no han parado de corear consignas en contra de los desahucios y a favor de la iniciativa legislativa popular. “Que no nos representan”, “Nuestros niños también son importantes” o “Senado, escucha, seguimos en la lucha” han sido algunos de sus lemas.

“Muchísimas personas, como mi mujer o yo, no podremos beneficiarnos de esta ley porque nos desalojaron en 2009. ¿Y ahora qué? Yo quiero que mis nietos sean libres. Y estoy aquí por eso”, ha relatado Ángel Guzmán, de 42 años. Él pasó 108 días acampado en la plaza de Celenque (Madrid), frente a una sucursal de Bankia. Conoce a la mayoría de los allí presentes. Se ven manifestación tras manifestación. Han hecho de la lucha antidesahucios su causa. Como la incombustible Gladis Cerna, de 50 años, que, con la voz afónica, ha pasado la tarde gritando frente al Senado, ante la mirada curiosa de peatones y turistas, que se paraban a leer los carteles de los asistentes a la protesta. En ellos se leían lemas como Procedan a aprobar la dación en pago retroactiva… Coño!!! Una pareja de canadienses no daba crédito al descubrir, tras buscar en el diccionario el significado, que en España los afectados siguen debiendo dinero al banco tras perder su casa.

Tampoco podían creerse lo que allí ocurría los miembros de la PAH que entraron al Senado y asistieron a la votación. A su salida, lágrimas de frustración y de rabia ante la actitud prepotente de algunos senadores, ha descrito María Morán, de 45 años. Pero también ha habido promesas de perseverancia. Las distintas delegaciones de la PAH comienzan ahora un debate interno para decidir cuáles serán sus próximas líneas de protesta. No descartan ninguna. Desde recurrir judicialmente a instancias internacionales hasta promover la “obra social” de la PAH, que consiste en la “liberación” de casas, que pasarán a ser ocupadas por familias desahuciadas, ha explicado una activista. Piensan seguir parando desalojos. Su lucha no ha acabado.