Política
LOS ESCÁNDALOS QUE AFECTAN AL PP

El ‘caso Bárcenas’ reabre la guerra en el Partido Popular

Los dirigentes más próximos a Rajoy temen que las denuncias del extesorero sobre sobresueldos sean parte de una “operación interna” para debilitarle

Rajoy, en el centro, aplaudido por Carlos Floriano, Juna Ignacio Zoido y Javier Arenas durante la clausura ayer de la reunión intermunicipal del PP celebrada en Almería. / TAREK / PP

Entre las múltiples preocupaciones de Mariano Rajoy, la situación dentro del PP no destacaba: el partido parecía una balsa. Pero la revelación de las cuentas secretas suizas de Luis Bárcenas, durante casi 20 años hombre clave en las finanzas del PP, ha desencadenado una fortísima “inquietud, desconcierto y preocupación” en la formación de Rajoy no solo por el descrédito público que supone, sino, sobre todo, porque la aparición de información sensible que el extesorero pueda guardar sobre las vías de financiación y la situación económica de los distintos dirigentes que han pasado por Génova 13 se ha convertido en un motivo de fractura dentro de la dirección nacional. Se empieza a hablar otra vez de crisis y guerra interna como en los prolegómenos del traumático congreso de Valencia en 2008.

“Estas denuncias tienen un componente interno clarísimo”, sostiene uno de los dirigentes nacionales del PP de mayor relevancia y cercanía al líder. “Aquí lo que está pasando es que hay una serie de personas clave, dentro del PP y en algún medio de comunicación, que siguen sin aceptar que Rajoy ganó aquel congreso de Valencia en 2008 y ahora, como entonces, quieren poner en marcha una operación para debilitarle”, añade el mismo responsable político tras haber intercambiado impresiones con el líder después de las revelaciones aparecidas esta semana. Rajoy mantuvo una cena este viernes en Almería con un grupo selecto de sus colaboradores. Varios de los presentes defienden esta tesis.

El papel de Cospedal es determinante para interpretar esta operación

Las interpretaciones y explicaciones sobre las denuncias de los sobresueldos pagados por Bárcenas y sobre la posibilidad de una financiación en negro, negada ayer de nuevo por Rajoy y por los últimos tres secretarios generales, tienen dentro del PP otra línea argumental más clásica. Hay varios dirigentes que mantienen que es el extesorero el más interesado en poner en una situación crítica al PP y a Rajoy para que tome nota de su peligro potencial y haga las gestiones oportunas para aliviar su situación jurídica. Son llamativas, en este sentido, las quejas de persecución contra la fiscalía y la abogacía del Estado que Bárcenas lanzó en un encontronazo con el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz.

Varios dirigentes nacionales del PP han manifestado a este periódico, en esta línea, que esta operación debe entenderse como una maniobra del extesorero a la desesperada para chantajear a Rajoy en un momento especialmente delicado para su situación procesal. Los que mantienen, sin embargo, que Bárcenas no ha sido el inspirador en este caso de las noticias argumentan que la conmoción creada podría generar precisamente el efecto contrario. De hecho, Rajoy lanzó ayer varios mensajes de desmarque y rechazo rotundo a la actuación del extesorero y destacó que ya no está en el PP, aunque durante bastante tiempo fue precisamente él uno de sus valedores para que no dimitiera ante la presión que ejercía la secretaria general, María Dolores de Cospedal.

El papel de Cospedal es también determinante en las interpretaciones sobre esta operación, como lo es la amenaza latente que en el entorno de Rajoy aún se siente ante las constantes y sonadas irrupciones políticas de la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, que esta semana casualmente ha tenido una gran presencia mediática.

Hay dirigentes del PP que consideran la opción de que esta operación forme parte de una maniobra al máximo nivel para intentar desactivar las posibles bombas de relojería que Bárcenas tenga en su poder; una explosión controlada que salva de salpicaduras a Cospedal, la actual secretaria general del PP, y a Rajoy, presentados ambos como desconocedores de las actuaciones ilegales de Bárcenas y, desde luego, como los que las frenaron en cuanto las supieron. En esa estrategia, los que quedarían peor, por comparación, serían los tres anteriores secretarios generales: Javier Arenas, Ángel Acebes y Francisco Álvarez Cascos. Claro que Rajoy lo ha sido todo orgánicamente en el PP, desde responsable de campañas a organización, vicesecretario, secretario general y presidente, con Bárcenas de tesorero.

Cospedal, en varias entrevistas a emisoras de radio, ha subrayado estos días la idea clara de que a ella no le constaban los pagos y la financiación ilegal en su etapa. En esa línea incidió cuando el viernes, en una reunión del PP de Almería, advirtió de que, ante este tipo de denuncias, “cada palo debe aguantar su vela”. Estas frases no han sentado nada bien en los entornos de los anteriores secretarios generales, con los que Cospedal no mantiene buena sintonía. Y nadie duda de la estrecha confianza que Rajoy mantiene en Cospedal, con lo que su actuación se comprende por su interés en proteger a su jefe y dejar limpia su propia imagen.

Tampoco han gustado, en esas filas, algunas de las intervenciones públicas que ha multiplicado precisamente esta semana Esperanza Aguirre, actual presidenta del PP en Madrid y que, teóricamente, estaba de retirada de la primera fila política.

Dirigentes del PP cercanos a Rajoy consideran muy sospechosa la declaración de Aguirre del jueves de que estaba “muy sorprendida” de que nadie en la dirección nacional del partido tuviese constancia durante estos años pasados de las actividades de Bárcenas. Provocó malestar esa insinuación. Y que reclamase una investigación interna como la que se abrió en su día con el escándalo del caso Naseiro de financiación irregular del PP, que dirigió el hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón.

Cospedal ya encargó el miércoles a la actual tesorera, Carmen Navarro, que se quedó en el cargo cuando José Manuel Romay fue nombrado consejero de Estado, que indagase de nuevo sobre las cuentas internas, y ella, de su absoluta confianza, le ha ratificado que no observa irregularidades. El PP entregó esos datos al Tribunal de Cuentas. Las ocurrencias de Aguirre, como la de nombrar un fiscal anticorrupción en el partido, distorsionan su mensaje de que todo está bajo control.

Sus palabras de que “cada palo aguante su vela” indignaron a sus antecesores

Los recelos hacia el papel del PP madrileño en esta operación abarcan más aspectos entre algunos dirigentes nacionales cercanos a Rajoy. En ese capítulo se incluye, por ejemplo, la aparición esta misma semana de la noticia sobre que el polémico ático de lujo alquilado en Marbella durante un tiempo por 2.000 euros por el actual presidente madrileño, Ignacio González, es de su propiedad desde diciembre, justo cuando la Fiscalía Anticorrupción y una juez iniciaban una investigación. El caso Bárcenas ha desactivado esa polémica. González tuvo en su día varios enfrentamientos internos con Bárcenas y Álvaro Lapuerta, su antecesor en la tesorería, pero se lleva bien con Cospedal.

“Manda huevos que la semana haya empezado con González y Aguirre dando explicaciones de sus problemas internos y la hayan acabado como adalides de la investigación interna del caso Bárcenas”, razona otro dirigente nacional del PP cercano a Rajoy, que, sin embargo, es de la teoría de que es Bárcenas el que está tras las denuncias.

Dirigentes muy cercanos a Rajoy apuntan, en clave madrileña, que a Aguirre y González les viene bien que el presidente nacional salga debilitado de esta nueva crisis ante la complicada situación, todavía teóricamente lejana, que se va a abrir en el PP de Madrid ante la elección de los candidatos al Ayuntamiento de la capital y a la comunidad. En ese entorno próximo a Rajoy se especula con que la alcaldesa, Ana Botella, y el propio González podrían tener pocas opciones de repetir si se abre esa batalla.

Estas dos interpretaciones sobre las denuncias del caso Bárcenas coinciden básicamente con los dos bandos enfrentados por el poder en el PP desde antes del congreso que el partido celebró en Valencia en 2008 y que ganó por el 84% de los votos. Desde entonces, la situación interna parecía haber dado un vuelco total y el año pasado, en el 17º congreso del PP en Sevilla, Rajoy fue refrendado por el 97% de los compromisarios.

Ayer, en Almería, Rajoy presumió de unidad. Sabe lo que se juega. Pero a aquella dura prueba del congreso de Valencia en 2008 llegó tras perder las elecciones frente a Zapatero, y sufrió el desplante y ninguneo de la vieja guardia del partido, encabezada por Esperanza Aguirre y el expresidente José María Aznar. Y vio también cómo hasta el último momento trataban de disputarle la presidencia. Y si ganó fue gracias al apoyo decisivo del PP valenciano de Francisco Camps y del andaluz Javier Arenas, al que ofreció cinco veces sin éxito la secretaría general. Rajoy ganó y creyó que dejaba atrás el pasado, el aznarismo, y nombró un equipo de su confianza, colocando como secretaria general a una candidata de consenso, Cospedal, antigua consejera de Aguirre. Los críticos y la vieja guardia se retiraron a los cuarteles de invierno a esperar su momento, que parece florecer con el caso Bárcenas.

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